Cruzando los Balcanes parte 2 (Montenegro, Serbia y Macedonia)

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Seguía bajando por los Balcanes. Salir de Bosnia no fue ni mucho menos tan escandaloso como lo fue entrar. A enemigo que huye, puente de plata supongo. Me pidieron el pasaporte que apenas miraron y ¡ale!… Hasta más ver. La entrada en Montenegro fue un poco más accidentada aunque por diferentes razones. No me desmontaron el coche ni nada de eso, pero resulta que como no llevaba conmigo la copia original de la carta verde (que para el que no lo sepa es básicamente el seguro del coche por Europa) tenía que comprar un seguro ahí mismo en la frontera.

Durmitor

Tenía planeado estar solo 2 días en Montenegro y de ahí subir a Serbia directamente. Pagar los 20 euros que costaba el seguro mínimo de 15 días me jodió bastante. Por suerte el mal humor no me duró ni 5 km. El río Piva tiene las aguas más claras que había visto en la vida hasta el momento, y el color verde de las frondosas colinas junto al azul del cielo en un día soleado como aquel, hacía que se te olvidasen las penas. Conducía despacio y tranquilo, con la cabeza echada hacia atrás apoyada en el respaldo del asiento. Con el sol en el cielo, las ventanillas bajadas y alguna de esas canciones lentas de Red Hot Chilli Peppers que tanto me gustan. El momento se hizo estático en el tiempo. Si me hubiese quedado son gasolina ese rato ni me habría enterado. Solo se importaba disfrutar… solo importaba serpentear lo largo del Piva tarareando canciones mientras el viento me daba en la cara.

Entre las curvas de la carretera, los tramos sin asfaltar y las constantes paradas para hacer alguna foto o simplemente disfrutar del silencioso paisaje, la travesía hasta mi destino, Zabljak en el parque natural de Durmitor, se me hizo mucho más larga de lo que pensaba. A las 16:00 me esperaba Dina, una chica de Podgorica que conocí viajando hace un par de años. Eran ya mas de las 17:30 y yo todavía no había llegado al punto de reunión. Al final resultó que Dina, junto con un par de amigos que la acompañaban, también llegaron tarde.

Después de todos esos días sin conversar nada más que conmigo mismo, fue agradable ver a alguien conocido. Pasamos el día en el «Lago Negro» o «Crno Jezero» en montenegrino. El lago está a los pies de montañas que cubren con una larga sombra toda la zona cuando entra la tarde. Un bosque de altos pinos de color verde oscuro se traga la sombra y la hace aún más espesa bajo sus copas. Valga la redundancia el lago negro es precisamente eso… negro. Todo eso y además la quietud de sus negras aguas cubiertas de la espesa y oscura sombra le dan una siniestra belleza. Casados de dar vueltas alrededor del lago fuimos al pueblo a tomar unas cervezas para despedirnos.

Después de una tarde divertida, cuando Dina y sus amigos se habían ido de vuelta a Podgorica, volví al lago a buscar un lugar donde dormir. Allí, antes de cerrar los ojos la oscuridad del lago ya se hizo mas que patente. La noche al lado del lago fue muy fría y húmeda pero de nuevo pude dormir en un sitio increíble bajo un cielo lleno de estrellas.

A la mañana siguiente pasé por la panadería, compré 3 buregs para aguantar el resto del día que me tiraría conduciendo hasta Belgrado donde me esperaba Dimitri, otro amigo de un viaje anterior, y me eche a la carretera.

No había hecho ni 10 km cuando detrás de una curva sale un policía y me da el alto. Resulta que la velocidad máxima de esa carretera era de 60 km la hora y yo iba a 67. Me pidieron la documentación y me pusieron una multa de 20 euros. Por mi perfecto – pensé- no creo que me llegue nunca. Pero no, en este mundo ya nadie es tonto y menos para recaudar. Resulta que tenía que conducir de vuelta a Zabjiak y pagar la multa en una dirección que me dieron obligatoriamente. Además se quedaban mi pasaporte y papeles del coche. Por supuesto yo no me iba de allí sin mi pasaporte, así que después de un buen rato a gritos casi y en un inglés muy básico por parte de la policía, me devolvieron mi pasaporte pero se quedaban los papeles del coche (de los que a las malas tenía copias).

Mi miedo era que en un pensamiento corrupto, los policías decidieran hacerme la típica de o me das dinero o no te doy el pasaporte. Al final no hubo ningún problema, fui al pueblo, pagué en la oficina de correos y al volver los policías me estaban esperando en el mismo sitio para devolverme los papeles. Esta vez ni me afectó, me fui contento de poder proseguir mi camino. Aquella noche dormiría en una cama en Belgrado, era lo único que me importaba.

Más adelante crucé el río Tara, y si el Piva tenía las aguas más claras que había visto hasta el momento, de golpe se quedó en segundo lugar. Crucé el puente que unía los dos lados del cañón y me quedé un rato en lo alto del puente mirando como un grupo de personas descendía corriente abajo haciendo rafting. Fue la última parada en Montenegro y ya no volví a parar hasta que llegué a Belgrado.

Belgrado

Pasar a Serbia fue coser y cantar, y el camino hasta casa de mi buen amigo fue largo pero sin percances. A Dimitri lo conocí dos años atrás, una noche de verano en Tesalonica, Grecia. Los dos nos vimos forzados a pasar la noche a las puertas de la estación de trenes, donde de verdad no es agradable tener que estar despierto toda la noche rodeado de algún que otro jonkie y personajes raros que vagaban por las calles. Hicimos causa común y nos quedamos cuidándonos el uno al otro toda la noche. Yo iba de camino de vuelta a Madrid así que me valía casi cualquier camino en dirección oeste. Viajamos juntos hasta Belgrado durante otra larga jornada y allí nos despedimos. Esta vez habíamos hablado de pegarnos alguna juerga por la famosísima en todos lo Balcanes, noche de Belgrado. Cuando llegué, exhausto por los días conduciendo y las noches en la tienda o el coche, Dimitri me abrió la puerta le vi peor cara de la que podría tener yo…jajaja. De nuevo, cosas que pasan, mi amigo serbio de casi dos metros de altura estaba hecho mierda. Resulta que le había pillado bastante enfermo y de reposo en la cama.

Pasé tres noches en casa de Dimitri y he de decir que no hay mal que por bien no venga. Allí al no tener mucha actividad ya que él no podía moverse mucho, tuve tempo suficiente para descansar y actualizar un poco el blog. Los días pasaron lentos entre charlas durante comidas abundantes y bien ricas. Dimitri es abogado y por lo que él me explicó, por aquel entonces está de prácticas en un departamento(no me quedé con cual exactamente) de la fiscalía de Belgrado. Me contaba que era interesante pero que a la vez se le revolvía el estomago con algunos casos. Con esto quiero decir que es un tío bastante listo con el que da gusto hablar.

En mi infinita curiosidad e interés por la política local allá donde voy, me tiré los tres días haciéndole todas las preguntas que me se me ocurrían sobre los Balcanes, la guerra o la situación actual en la zona.  De todas las conversaciones que tuve desde Croacia hasta Macedonia me quedé con varias cosas. La primera fue la predisposición natural que tienen en todos los Balcanes a decir que a ellos les dan igual los problemas del pasado, que solo quieren paz. Aunque por otro lado también me quedó claro que todos piensan que puede haber una guerra en cualquier momento. Desde fuera cuesta creerlo, pero demasiados fueron los que entre risas me decían en algún momento de la conversación que una nueva guerra en los Balcanes no sería una locura. Todos bromeaban con el tema de hecho. Dina y sus amigos me dijeron entre bromas que si vives en los Balcanes tienes que odiar a alguno de los otros países. Era broma por supuesto, pero los croatas decían que los serbios están locos, los serbios que los croatas están locos y los montenegreses son o raros o también locos (curioso, teniendo en cuenta que la mitad son mezcla de padre o madre montenegrés y padre o madre serbia, incluyendo a Dina y Dimitri). Los bosnios son caso aparte, demasiado mezclados… un mix de razas, religiones y culturas en un sitio demasiado pequeño, según algunos, una bomba de relojería. Eso si, por otra parte todos admitían lo bonito que era el país y lo tranquilas que eran sus gentes. Los eslovenos son la Suiza de los Balcanes, dicen que quieren ser Europa y no formar parte del rollo de los Balcanes. Sobre los albanos todos los demás (incluyendo croatas, bosnios, montenegreses y serbios) me hacían bromas sobre como me iban a robar los riñones cuando pasara por allí, broma un poco cruel ya que a muchos sí que les sucedió durante la guerra de Kosovo. Pero bueno… no dejan de ser bromas. Los macedonios no les importan a nadie, no molestan a nadie y tienen sus propios problemas con los griegos.

Con todo esto, he estado bebiendo, comiendo y riendo con unos y otros indistintamente y algunas veces con croatas y bosnios o con bosnios, serbios y montenegreses etc. y siempre ha habido normalidad e incluso camaradería entre ellos. Los problemas de la gente normal siempre son otros muy diferentes a los que la televisión nos muestra. Problemas políticos o de fronteras parece que se quedan en conversaciones para pasar el rato cuando estás sobre el terreno y te cruzas con la gente de esos lugares. No soy un ingenuo, se que esos problemas existen pero mi pregunta es: ¿Existen por que de verdad son un problema o existen porque los creamos antes de saber si lo son siquiera? Quiero decir… ¿Son estos nuestros problemas o son problemas que nos vienen dados? Mi experiencia siempre que he venido a los Balcanes ha sido fabulosa, sobretodo en el trato humano, así que me parecen un poco contradictorias esas impresiones que compartieron algunas de las personas que allí me encontré.

Prilep

Mi ultimo destino en los Balcanes sería Prilep, en Macedonia. Quizás el enclave más grande para hacer boulder en Europa del este y que se ha hecho más famoso desde que Petzl Rock Trip lo visitara en 2014. El viaje se me hizo largo y sinceramente si Croacia, Bosnia y Montenegro me parecieron de una belleza increíble, Serbia y Macedonia se quedaron bastante más cortas. Los paisajes eran más simples, sin tantas montañas o lagos y la carretera se hacía cada vez más monótona durante todo el trayecto. Recién llegado a Prilep estaba un poco perdido, era ya tarde y tendría que esperar para escalar al día siguiente, así que ante la necesidad de Internet para buscar información y situarme un poco me hospedé en un hotel cutrecillo en la carretera de al lado del pueblo. Escribí por facebook a varios miembros del grupo de Prilep boulder sin mucho éxito aquel día. Aun así, logré conseguir algo de información sobre como llegar a los sectores etc.

Por la mañana recogí mis cosas del hotel y me fui a buscar boulders.  En Prilep, allá donde mires ves rocas, rocas y mas rocas. El potencial para encontrar nuevas lineas parece infinito ya a simple vista desde el pueblo, y al parecer hay más sectores por las colinas de alrededor. Tuve algo de problemas con el coche buscando los sectores por meterme en caminos que no debía pero al final todo bien ( el corsa es un tipo duro). Después de un rato encontré infinidad de bloques  aquí y allá, pero entre el calor y que iba sólo con mi crashpad pequeñito no me atreví a hacer gran cosa. Por la tarde volví al pueblo para conectarme a Internet y comprar algo de comida. A través de facebook conocí a Hristo. Se ofreció a llevarme a los bloques y alquilarme crashpads ademas de poder hospedarme en su casa por un precio ridículo. Los siguientes días los pasaría con el yendo a escalar.

Hristo es la persona indicada con la que contactar si quieres hacer boulder en Prilep. Estuve escalando unos 4 días, pero he de reconocer que no fue mi mejor actuación. Además de mi notable flojera por el viaje, el calor y la extrema agresividad de aquel granito en la piel no me dejaban escalar. Desde el segundo día tenía las manos en carne viva. Me tuve que resignar un poco y pensar que la próxima vez que vaya se me daría mejor.

El día 30 de junio volví a hacer la maleta con la intención de llegar a Samothraki en Grecia aquella misma mañana. Tocaba descansar unos días en aquel paraíso.

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