Promesas por cumplir

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Como bien dice mi madre esta pequeña etapa del viaje va de promesas cumplidas.

Mi padre

Para que se entienda bien el porque del titulo de esta entrada, antes de empezar con Italia os contare algo sobre mi padre.

Supongo que yo no soy así porque si. Lo que soy como persona, igual que en el caso de cualquier otro, es el resultado de la suma de casualidades que han ido añadiendo experiencias y aprendizaje en mi vida. Dando así forma a una manera de pensar y una forma particular de ver el mundo. Una de esas casualidades es mi padre. Que me tocó como padre y que yo le toqué como hijo. También, supongo que algo tiene que afectar a la manera de ser de cada uno el tema de la genética. Amir, que es mi padre, nació en irán, y no solo lleva ya mas de media vida viviendo en España si no que lleva gran parte de su vida recorriendo el mundo. A sus ya cincuenta y tantos años ha vivido algunas aventuras que muchos viajeros de hoy en ida, como yo, solo podemos soñar. Y supongo que en su día y a su manera, el mismo aprendió a entender el mundo con cierta perspectiva gracias a ello. Siempre me habló de aquellos lugares que había visitado y la cantidad de cosas que había hecho. Aquellos lugares me parecían remotos cuando era un crío y escuchaba tales historias con admiración. Eran otros tiempos, otras formas de viajar y otras formas de ver la vida acorde a la coyuntura histórica en la que le tocó vivirlo, pero en esencia, el espíritu es el mismo. Por supuesto que como todo padre e hijo hemos tenido nuestros roces. Seria estúpido no haberlos tenido. A mis ojos, la obligación moral e histórica y moral para con el mundo de toda nueva generación, es inventar una nueva perspectiva de futuro. No dar nada por sentado y buscar nuevas lineas de acción que mejoren lo establecido. Pero estamos donde estamos gracias a los que vinieron antes que nosotros. Y en mi caso, yo se que si hoy estoy aquí, es entre otras cosas gracias a la causalidad, que no casualidad, de haber tenido el padre que he tenido y a que por mis venas corra su misma sangre. Ya que con esos antecedentes si uno lo piensa, yo no podía ser de otra manera mas que de la manera en que soy.

Antecedentes

A finales de febrero de 2013 y después de un largo historial de problemas de corazón, mi padre se sometió a una operación de reducción de estomago y by-pass gástrico por consejo de los médicos. El objetivo de tal operación era en realidad combatir uno de los factores que le agravaban tales problemas de corazón. Tres días después de la operación le volvían a operar a vida o muerte porque algo había ido mal…

El resultado fue desastroso, mas de 5 meses en el hospital y la mitad de ellos estuvo totalmente sedado. Inducido en aquel coma estuvo sumido en un limbo del que mas adelante nos contaría algunas cosas que recuerda malamente. Hubo un momento que estaba tan mal la cosa que un medico de la Unidad de Cuidados Intensivos donde sen encontraba nos dijo que lo normal en un caso así era que se fuera, así que había que hacerse a la idea. Fueron momentos muy duros para toda la familia.

Fue casi de un día para otro que empezaron a darnos pequeñas buenas noticias hasta que despertó y poco a poco fue estabilizándose. El día anterior al que le iban a hacer una traqueotomia porque ya habían probado a desentubarle y no respondía bien me quede un rato a solas con el. Le dije que los médicos ya habían hecho lo que sabían, que si quería respirar sin tubo le tocaba a el hacer un esfuerzo. Le dije que tenia que salir de allí y que tenia que venir de viaje con migo. Aquel día ni siquiera podía saber si  el había sido capaz de entenderme pero se lo repetí varias veces. Mas adelante, cuando ya estaba mejor, el mismo me contó que se acordaba de aquel día, que me entendió perfectamente y que no se le iba a olvidar nunca. El resultado fue increíble… Al día siguiente, cuando todos llegamos para la intervención nos encontramos con que el ya no necesitaba tubo para respirar. Según el medico estuvo hiperventilando casi toda la noche pero pudo aguantar hasta estabilizarse. Poca, poquísima gente en este mundo tiene la fortaleza que tiene mi padre y si a día de hoy le queda un cuarto de ella, todavía sigue teniendo mas que la gran mayoría de personas que conozco.

Tres años han pasado siendo un sin fin de entrar y salir del hospital con rachas mejores y peores, pero el sigue aquí y sigue adelante. No podría contar las veces que durante esos tres años nos dijimos el uno al otro que teníamos que hacer un viaje juntos. Siempre sonaba como a una idea un poco volátil porque no se sabía cuando coincidiría que yo estuviera de viaje y el se encontrara bien de salud como para viajar. Yo ya planeaba este ultimo año y pico la vuelta al mundo y ya que iba a viajar durante bastante tiempo, quedamos en que se uniría en cuanto pudiese, fuese donde fuese. Pues la promesa quedo al fin cumplida. No había pasado un mes desde que emprendí el camino desde Madrid y el ya se había comprado el billete de avión a París.

La aventura en Italia

Cuando salimos del túnel del Mont Blanc estábamos todavía entre montañas. Según avanzábamos y dejábamos cada vez mas pequeños en el retrovisor los imponentes Alpes no podíamos evitar sentirnos culpables. A mi padre le encantó Chamonix, si hubiese sido por el se hubiese quedado allí los 10 días que teníamos planeado estar juntos.

Habíamos entrado en Italia. Después de unas horas conduciendo llegamos a la ciudad de Genova. Entramos por el puerto comercial donde solo había grandes naves rodeadas de maquinaria, grúas y barcos de tamaño imponente. Por aquella zona las edificaciones que se veían estaban cubiertas de manchas de la típica contaminación de ciudad y salitre que corroía parte de algunas fachadas. Mucho trafico de camiones y coches que conducían apresurados como en cualquier ciudad. Claro… estábamos en ciudad de Italia después de todo, ya no estábamos ni en Francia ni en los flamantes Alpes. La cara de mi padre decía: ¿A donde me has traído? El shock de pasar de Chamonix a algo así fue, a bote pronto, un impacto duro para él. Después de un rato y de mil veces haber tenido que oír la frase: «si tuviéramos un GPS» (lo seguiría oyendo hasta el mismísimo momento en que le deje en el aeropuerto de Bergamo) llegamos al hostal y allí todo cambio.

Nos atendieron Angelica y Joana unas chicas encantadoras. Nos dieron información sobre la ciudad y nos recomendaron algunas cosas que hacer, restaurantes a los que ir, etc. Salimos a dar un paseo por la ciudad y acabamos cenando unas pizzas muy muy buenas y baratas cerca en el casco viejo. Nuestro segundo día en Genova, ya con mas tiempo, recorrimos la parte histórica de la ciudad de arriba abajo. Estuvimos en parques y monumentos y acabamos cenando genial de nuevo por el casco viejo. Por la noche yo estaba cansado, a causa de a escalada todavía me dolían los brazos de la semana anterior. Mi padre en cambio, tenia tantas ganas de verlo todo que salio solo a pasear por el puerto.

Al día siguiente salimos dirección Pisa y de camino paramos Cinqueterre. En la costa de la toscana, Cinqueterre lo componen cinco pueblecitos costeros muy curiosos a lo largo de un litoral lleno de acantilados, miradores y calitas llenas de encanto. El primero de los pueblos llegando dese el oeste es Monterosso. Desde aquel punto todos pueblos están conectados uno detrás de otro por un camino que es posible recorrer en un trekking que, aunque no apto para cardíacos, es bastante bonito gracias a las vistas. A finales de Mayo el sol pegaba ya lo suficiente como para que el paseo se le hiciera duro a cualquiera. Aun así pienso que merece la pena. Nosotros lo hicimos en barco (jajaja), cosa que aunque sea mas cómoda y no te de las misma sensación de auto-realización al terminar, también mereció la pena. Desde el barco gozas de unas vistas maravillosas de los pueblos. Y para no perder las buenas costumbres que empezamos al llegar a Italia, también comimos muy bien en un restaurante del paseo marimo en Portovenere.

Yo nunca he visitado mucho Italia, solo de paso. Nunca me atrajo demasiado todo eso de los museos, los monumentos y la arquitectura. Hasta que llegué aquí. Pisa, Florencia y Milan son tres ciudades que me alegro de haber visitado. Al final del día, mientras uno vuelve al hostal cansado de tanto dar vueltas por la ciudad. Si te paras a pensar, te das cuenta de que aunque estes realmente cansado de los turistas (irónicamente yo era uno mas), la gente, el bullicio y todo el mundo con el selfie-palo por la calle. El recuerdo de cosas como la torre de Pisa, el el David de Miguel Ángel o el Duomo de Milán son algo que, aunque suene a tópico, te llenan de una sensacion de auto-realización especial, como tachar algo de una lista que quedaba por hacer. Al fin y al cabo es cultura e historia, y verlo con tus propios ojos te da una pequeña idea de que pensaba la gente y cuales eran sus motivaciones en aquella época. Pienso que todo el mundo debería de ver al menos una vez en su vida todas esas maravillas.

Durante los 10 días nos quedamos en hostales, y guest houses así que yo pude dormir en cama que falta me haría mas adelante y mi padre pudo ver un poco del ambiente ese de youth hostels en el que todos los mochileros se mueven. Allí no tienes las facilidades o comodidad de los hoteles, pero hablas, compartes y vives ese ambiente de viajeros de muy bien. No solo se adapto muy bien si no que ademas le gustaba y no tenia objeción alguna en repetir en la ciudad siguiente.

El día 6 de junio nos despedimos en el aeropuerto de Bergamo. No fue una despedida triste ni mucho menos, estábamos animados. Yo creo que los dos sabíamos que no iba a ser la ultima. Bueno papa tal y como hemos quedado esta ha sido la primera de las aventuras juntos. La siguiente nos espera ya en otro continente. Gracias por todo y hasta la próxima.

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