El principio del comienzo

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Viajar es fácil. Hasta cierto punto eso es verdad. Si uno tiene ganas lo único que tiene que hacer es poner un pie delante del otro y seguir adelante. Tierra a la Vista en cambio, no es tan fácil y es algo de lo que me ha costado darme cuenta. Un proyecto de tal magnitud requiere de una preparación y una determinación absoluta… o bueno… esa es mi opinión. Los días en los que sucede lo que relato en esta entrada han sido quizás los más duros que he vivido desde que decidimos emprender este proyecto.

La cruda realidad

Maury, Francia - La caravana de la vendimia

Yo creo que ninguno de nosotros puede describir nuestra experiencia en la vendimia como mala. Vale si, ha sido duro. Había que madrugar muchísimo y los minutos se volvían incontables en el reloj de lo largas que se hacían las horas cuando te dolía la espalda. Sobre todo durante los primeros días. Pero en el tiempo que he pasado en Maury (un pueblecito del pirineo francés) vendimiando, he tenido la oportunidad de sentir en mi cuerpo lo que significa trabajar en el campo y lo duro que es. Ademas de comprender un poco mejor ese estilo de vida a través de las palabras de algunas de las personas que hemos conocido en esos días. Gracias François (que era nuestro patrón) por los buenos ratos y la confianza que nos brindaste desde el primer día, nos hubiera gustado pasar más tiempo allí y terminar la recogida contigo y con tu familia. Gracias Vicente, nuestro compañero de doblar el lomo, por enseñarnos un par de cosas sobre la vida tan solo por el hecho de conocerte. Y gracias Juanico, otro compi, por hacer que estuviésemos rotos de risa todo el rato. Todas estas cosas y algunas más hacen que si tuviera que describir mi paso por Maury, y la vendimia, en un frase lo hiciera como: Una buenísima experiencia y una lección de cuanto valen las cosas. Aunque más allá de que la experiencia fuera enriquecedora para mí y mis compañeros, por una serie de diversas fatalidades del destino, el asunto llegó a ser casi fulminante para nuestro proyecto. ¡Y eso que todavía estábamos en Francia!

Para empezar somos tres personas que tenemos que convivir en un espacio muy pequeño… y bueno, tal y como nuestro amigo Jorge Sierra nos advirtió, la convivencia es lo mas difícil y van a surgir roces. No se hace más fácil este tema cuando estamos cansados, con dolor de espalda, sucios y oliendo a vino rancio sin la posibilidad de darse una ducha en condiciones durante días. A eso se le sumó que fuimos a Cerbera (un pueblecito costero en la costa de francesa muy cerca de la frontera con España) para hacer snorkel en una reserva marina y darnos un descanso, y allí la furgoneta tuvo una avería que nos obligó a abandonarla a unos 100 km de donde estábamos afincados y hacer autoestop de vuelta para poder trabajar al día siguiente. Después de trabajar por la mañana emprendimos una mini-aventura en autoestop para recuperar nuestro vehículo y hogar. Apañando nosotros mismos la pieza rota la trajimos de vuelta. Para colmo la avería resultó ser mucho más grave de lo que en un principio parecía, y nos quedamos por así decirlo, con una pata coja. Andaba, pero sabíamos que no daría la vuelta al mundo en ese estado a menos de que nos gastáramos un dineral en arreglarla. Tal sucesión de eventos junto con que por culpa de las lluvias el dinero de la vendimia no llegaba y que el otoño se echaba encima, hizo que nos paráramos a echar cuentas. Tanto de tiempo como de dinero. Estaba claro que el proyecto necesitaba de una reorganización logística total. Por un momento cada uno de los tres pensaba una cosa y no había unanimidad en nada. Un sueño que se tambaleaba.

Impresiones

Casi todo un año dando forma a un sueño, porque Tierra a la Vista es un sueño. Un sueño en el que cuatro piratas avistaban una y otra vez tierras lejanas y bajaban del barco a explorarlas. Bueno, las circunstancias de la vida… la sociedad en la que aquellos inadaptados que se molestan en soñar y en no resignarse se encuentran las trabas de toda norma, las cuales en principio están hechas para su seguridad y bienestar, jaja… EL DINERO…SIEMPRE EL DINERO. Un sueño que se desmorona, la sensación es horrible. Tenía pinta de ser uno de esos duros golpes que recibe todo el mundo en la vida al menos una vez, como cuando te rompen el corazón por primera vez, o se te ve va un ser querido. En esos momentos en los que se te cae el mundo y todos tus amigos te dicen: «No eres el primero al que le pasa y no serás el último, la vida sigue». Tienen razón, la vida sigue y siempre seguirá y nuevos proyectos surgirán, la vida está para el que la agarra y decide exprimirla y supongo que fue por eso que nos negamos a aceptar así como así la situación.

Arenys de Mar, España - Equipo original de Tierra a la Vista. Javier Gonzalo, Jacob, David y nuestra Furgo

Quizás fue de manera un poco inconsciente pero decidimos dejar la vendimia y salir a viajar, a descubrir tierras extrañas y escalarlas, patinarlas o bucearlas, que era a lo que habíamos salido desde un principio. Cogimos nuestras cosas y a los pocos kilómetros de salir de Perpiñán la furgo nos quiso recordar que andaba coja, y que así no seguiría a ninguna parte. La avería era más seria de lo que creíamos así que decidimos dar un paso atrás y dirigirnos a casa de Jacob en Arenys de Mar (a unos 150km o así). Allí podríamos arreglarla tranquilos y con garantías, además en Francia nos iban a a sangrar. La pena fue que nunca llegamos, ya que la pobre sólo pudo llegar a la altura de Figueras y ni un kilómetro más. Allí por suerte encontramos un taller y a Jordi, uno de los dueños, que al menos nos ayudó con lo que parecía la imposible tarea de desmontar la pieza entera para así poder sustituir la pieza rota (una polea que hace de guía a la correa de servicio). Conseguimos arreglarla pero nos íbamos con nueva información que aunque no era del todo nueva, después de la conversación con Jordi ya estaba claro. Quizás por culpa de la avería anterior el cigüeñal andaba tocado, baila demasiado y no nos daba confianza.

Con la furgo en ese estado cada ruido o cada movimiento del motor un poco más brusco de lo normal nos hacían resoplar y sudar de miedo. Cada poco rato alguno de los tres bajaba la música y les pedía a los demás que no hicieran ruido, tres tontos intentando descifrar un ruidito nuevo o incluso inexistente, pero la psicosis estaba ya a un nivel tan alto que como digo, la sudábamos por los poros. Llegamos a Marsella y por un día fuimos felices. Patinado en el skatepark que está al lado de la playa pasamos el día, luego nos bañamos en el mar y nos dimos un agua en las duchas de la playa. Dimos una vuelta por los alrededores y andamos por el paseo marítimo. El sitio en verdad era perfecto para pasar unos días, y eso que habíamos oído mil cosas poco alentadoras de aquel lugar. En cualquier caso, fuera lo que fuera que Marsella tuviera de malo, no era en esa parte de la ciudad.

Marsella, Francia - Hasta aquí hemos llegado

Decisiones

Al final tuvo que llegar el momento de afrontar la situación. La furgo está coja y necesita de arreglos los cuales no sabíamos cuánto iban a costar. Jacob se había echado atrás entes de salir, ya nos habíamos gastado demasiado dinero y ahora los gastos no eran entre cuatro si no entre tres… y además el invierno se nos echaba encima. Y aunque menos importante pero también a tomar en cuenta en mi caso, fue que escalando me dañé el tendón de un dedo de la mano izquierda y voy a estar inhabilitado para escalar por unos meses. Hubo discordia de nuevo sobre qué hacer, lamentos por la mala suerte que habíamos tenido y maldiciones sobre el tiempo, el Carnet de Passage que nos supondría un gran desembolso al llegar a Irán y hasta sobre la vendimia. Al final las opciones que quedaron como posibles eran: Por un lado volver y reorganizar el viaje, hacer más dinero y mejores contactos hasta Abril y salir con la primavera, y por otro, vender la furgoneta y seguir en autoestop la misma ruta. Gonzalo y Javier decidieron seguir, yo en cambio no quería abandonar la idea de un Tierra a la Vista con Mun y haciendo todas esas cosas que queríamos hacer. Con la decisión tomada y muchas dudas sobre ello compartimos unos momentos de estar juntos, pegarnos una buena comida en un lugar bonito disfrutando de la guitarra de Gon y un par de capítulos de Futurama . Y así al día siguiente con lágrimas en los ojos de todos me despedí de mis compañeros con la promesa de que les cogería por el camino. Así que es desde aquí, desde Madrid sentado en mi cuarto que escribo esta entrada después de haber tenido algún que otro contratiempo en el camino de vuelta. La pobre furgo, que sí que anda coja de verdad y lo ha dejado claro durante la casi semana entera que me ha costado volver desde Marsella a Madrid.

Marsella, Francia - Tristes son las despedidas

Conclusiones

La cosa ha quedado así, pero por la misma razón que anteriormente decidimos seguir viajando, no queremos ver morir este proyecto y de hecho os aseguro a todos que no ha muerto. Gonzalo y Javier siguen adelante, hoy mismo me han dicho que están en Eslovenia y que pronto subirán algunas de las aventuras que han vivido mientras cruzaban el norte de Italia. Ya veréis que tenéis grandes y divertidas noticias de ellos continuamente. Yo por mi parte iré al fisio a que me arreglen el dedo y comenzare desde ya mismo a escalar y reorganizar de alguna manera el viaje para que como sea, en furgo, a pie o con triciclo este proyecto avance y podáis ver nuestras aventuras alrededor del mundo. Porque Tierra a la Vista, como ya he dicho es un sueño, y a veces los sueños son más grandes que aquellos mismos que los soñaron. Tal y como sucede en este caso. ¡Os queda Tierra a la vista para rato!

Despedida

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