El Karakorum, las montañas mas bellas del mundo

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Según avanzaba el pequeño bus por aquellos valles y montañas, iba entendiendo por qué dicen que la carretera que cruza el Karakorum es la más impresionante del mundo. O eso pensaba yo…

Bienvenidos a Pakistan

El trayecto hasta Khunjerab, el punto donde un enorme arco en medio de la carretera señala donde empieza un país y termina el otro, era un lentísimo ascenso entre los pardos y verdes valles al pie de montañas que se se alzaban en la lejanía. Aquel día me consideré verdaderamente afortunado. El paisaje estaba plagado de impolutas cumbres blancas bajo el cielo azul. Fue un regalo para poder disfrutar de semejantes panorámicas

Un par de horas después de partir llegamos a Khunjerab, a unos 4700 metros de altitud. El paso de montañas no estaba más que espolvoreado por pequeños neveros que aguantaban a la sombra y algo de nieve congelada que se agarraba al barro y a la poca vegetación . Supongo que por la noche otro gallo cantaría pero en ese momento, con el sol pegando sin obstáculo alguno sobre el pequeño bus, no sentía frío alguno. Dejábamos China a a espalda y entrábamos en territorio Pakistaní. Todavía no había ningún puesto de control de pasaportes ni nada parecido, aparte de algún militar a cargo de un triste palo de lado a lado de la carretera que hacía las veces de barrera.

Cada vez que nos acercábamos, el guardia sentado en una silla con postura de dejadez levantaba la barrera con un lánguido movimiento de brazo cuando veía a nuestro conductor sacar casi medio cuerpo de la ventanilla para saludar. En una de las ocasiones, el guardia se acercó al bus sonriendo y  de inmediato el conductor le dio una caja cerrada envuelta por una tela marrón, se dijeron adiós con buen humor y seguimos nuestro camino. Si era algún tipo de “regalito” supongo que lo tendrían acordado. Es más, me dio la impresión de que no era la primera vez que este guardia recibía algo de este conductor. Hasta diría que eran amigos, aunque olía más a que era el típico “hoy por ti mañana por mi” de los mas que habituales chanchullos de frontera.

Pasaron poco más de 10 minutos desde que dejamos atrás China cuando el paisaje empezó a cambiar. Si el lado chino era espectacular, el lado pakistaní era 10 veces más abrumador. Los grandes espacios cargados de montañas nevadas y verdes praderas interminables se convirtieron en pasadizos al fondo de colosales moles de piedra parda y grisácea que formaban acantilados al borde de la carretera de más de 500 metros en algunos puntos. Una carretera serpenteante que seguía el curso de un río color turquesa debido al agua de los glaciares nos adentraba en las montañas del Karakorum y en Pakistán al mismo tiempo.

Antes de coger el bus llegué a estar algo nervioso. Había leído en algún foro de viajes y algún blog que hay zonas de peligro en la que fuerzas pro-talibanes todavía hacen algún estropicio y los turistas tienen que cruzar con escolta militar sin falta. Durante el trayecto, supongo que por el paisaje, supongo que por que me sentía bien, se me olvido cualquier miedo que hubiera tenido antes. Simplemente estaba allí disfrutando del momento, disfrutando del paisaje. No podía leer ni 10 palabras seguidas de mi libro, “El gran Bazar del Ferrocarril” de Paul Theroux, sin sentirme culpable, así que al final desistí de la lectura para concentrarme en lo único que importaba. El instante, el presente que acontecía con grandiosidad ante ante mis ojos. Aquel camino era demasiado especial e importante en mi viaje y por lo tanto en mi vida, como para perderme ni una piedra, ni una curva, ni un trocito de cielo entre las paredes que amenazaban con dejar el pequeño y destartalado autobús en lo más profundo de aquella garganta para siempre.

Durante las siguientes 4 horas de camino entre las montañas admiré el paisaje más bonito que jamás había visto al menos 20 ocasiones diferentes. Cuanto más nos adentrábamos en las montañas mejor era y la estampa superaba a la anterior siempre. Seguramente es una exageración, pero es una exageración real a la que, estoy seguro de que toda persona que pase por allí tenderá. La carretera del Karakorum no dejará a nadie indiferente, puedo asegurarlo.

Problem? No Problem…

En cierto momento, todavía en medio de las montañas, llegamos al lugar donde me pedirían el pasaporte por primera vez. Ya he mencionado alguna vez que las fronteras me dan siempre mala espina, y esta en especial no la tenía como sencilla de cruzar. Por suerte, una vez más estaba totalmente equivocado. No había de que preocuparse, los funcionarios de aduanas fueron muy amables y no tuve ningún problema. Allí me acordé de lo de la escolta militar para el camino así que tuve que preguntar:

-Any problem to travel here? Taliban or something?

Sin dejar de sonreír el funcionario sacó un mapa y me preguntó mientras lo desplegaba:

– Where are you going?

No había llegado a extenderlo del todo cuando contesté que me dirigía a Karimabad en el valle de Hunza. Sin llegar a desdoblarlo del todo, inmediatamente volvio a doblar el mapa diciendo con gesto de despreocupación:

-No problem my friend! Supersafe! No problem at all!

Aún con lo cómico e incierto del tema, el funcionario en cuestión me transmitió total seguridad.

En el puesto de control del Parque nacional de Khunjerab estuvimos parados durante unos 20 minutos mientras hacía todo el mundo el registro de entrada al “área norte” (zona de seguridad establecida y vigilada por el ejército Pakistaní en la que se intenta llevar un registro, aunque mas adelante contare porque es un registro muy pobre, de todo el que entra y sale de ella).

El conductor del autobús me llamó haciendo gestos con la mano. A 20 metros de donde estaba el puesto había un recinto con varios animales. Vi un grupito de escurridizas cabras montesas, mucho más bonitas y robustas que las cabras a las que estoy acostumbrado, con unos ojos muy particulares. En una jaula aparte, vi por primera vez en mi vida un leopardo de las nieves. Estaba tumbado y no parecía muy contento al ver que un grupo de 10 pakistaníes se agrupaban al borde de su jaula.

Personalmente, siempre me han encantado los grandes felinos, sobretodo los tigres, hasta tal punto que pasé un mes trabajando de voluntario en Tailandia en el templo de los Tigres a principios de 2013. Me parecen los animal más bellos y portentosos sobre la faz de la tierra, pero este gran gato de pelaje grisáceo moteado me causó gran impresión por su particularidad. El peaje del animal era de una belleza exótica incomparable con la del los tigres y su porte era elegante y majestuoso aun estando encerrado. Verlo en su hábitat, cosa que es muy raro ya que permanecen ocultos a los humanos, debe ser un privilegio. Este ejemplar por lo visto era poco más que un cachorro que habían rescatado cuando se había separado de su madre al caer al torrente de un río. O eso fue lo que a mi me contaron y que aunque dudo que sea verdad, me gustaría creer que lo es.

La autovia… de los chinos, ¿o era del Karakorum?

El trayecto siguió aportando grandiosas e increíbles panorámicas hasta que llegamos a Sost, el primer asentamiento en suelo pakistaní, donde podría terminar el proceso de entrada al país. Allí me encontré a Eric y Robin, dos ciudadanos chinos de Shanghai y Guangzhou respectivamente cuyos nombres reales por supuesto eran otros que los occidentales no podríamos pronunciar.

Se habían juntado en Tahskurgan para hacer un viaje por el sur de Xinjiang y también Pakistán. Se dirigían a Pasu y luego a Karimabad (que era donde yo quería ir). Yo planeaba ir en bus o haciendo autoestop hasta Karimabad puesto que todavía quedaban unas 4 horas de luz y mi destino estaba a poco más de una hora de camino. Al final me dejé llevar por la comodidad y decidí  compartir un taxi con los dos chinos. Aun siendo caro, mi parte del carrera fueron poco mas de 5 euros.

El camino seguía siendo fabuloso. Sentí pena de no tener mi coche e ir conduciendo yo tal y como había hecho por los Pirineos, los Alpes, los Dolomitas o las montañas del Cáucaso en Georgia así que me prometí a mi mismo que lo haría en otra ocasión…o en otra vida. En aquel momento no podía saber si algún día volvería a Pakistán, sólo sabía que me gustaban las vistas de los paisajes de aquellas montañas. Mas tarde entendí que, con absoluta certeza, sabia que algún día volvería.

Pasamos por Pasú y nos detuvimos a admirar la llamada “catedral de Pasú”. Una formación de piedra muy curiosa que eleva toda una cara de la montaña erguida enfrente del pueblo ofreciendo y paisaje peculiar y bonito.

Mas adelante los dos chinos iban contándome orgullosos como su gobierno había pagado la carretera por la que circulábamos. Por lo visto es cierto, China esta pagando y construyendo la totalidad de una carretera que lleva desde Kashgar, en la provincia china de Xinjiang, hasta Karachi (la ciudad pakistaní mas grande de país, situada a poca distancia del golfo pérsico).

Me quedé anonadado, pero la respuesta del porque China haría tal cosa no tardo en venirme a la cabeza ni 10 segundos. El gigante asiático no es famoso por regalar nada a nadie, si no mas bien por quedarse por la fuerza lo que considera que es suyo. No hace falta ser un analista en socio-economía o experto en política internacional para averiguar el porque. ¡¡PETROLEO!!

Una economía emergente con necesidad continua de ingentes cantidades de energía para consumo de una abultadisma población, tiene la necesidad de una entrada diaria de toneladas de combustible. China necesita de cuantas entradas de carburante como pueda disponer para poder cubrir el abastecimiento en todo su territorio de manera eficiente. Y esa vía, la salida al océano que ademas está cerquita al golfo pérsico a través de todo el territorio de Pakistán, es la mas importante por razones obvias. Por esto, y también supongo que también tiene algo en común su compartida enemistad con India… China y Pakistán dicen ser amigos inseparables, tal y como dice a la entrada de uno de los túneles que abrieron un par de meses antes de que yo pasara por allí.

Estos túneles tuvieron que construirlos a través de una extensión de 24 km en la que se alternan con puentes y mini-puentes debido a que ese tramo de la antigua carretera del Karakorum se inundo por completo en 2010 por un corrimiento de tierra cerca del Attabad. En Karimabad, gente local me contó que fue mientras se realizaban los trabajos de mejora de la carretera que aquel corrimiento de tierra sucedió y el agua sepulto para siempre un pueblo entero. Ya había mencionado en una entrada anterior como en mi paso por la primera sección, todavía en suelo chino, de la autovía del karakorum, puede ver el poco respeto que  los chinos tienen por la orografía y los paisajes de allá donde ponen el ojo para satisfacer sus intereses. Si tienen que comerse una montaña entera, se la comen, y si quieren quitar agua de un lugar y ponerlo en otro, lo hacen. Así de simple.

Por otro lado he de decir que el lago es precioso. Ademas de que el conjunto de túneles y puentes representan una compleja obra de ingeniería y arquitectura titanica e imponente. No me dejara nunca de sorprender como estos chinitos son capaces de hacer lo que sea.

Pues bien, la historia de terror no acaba ahí. Eric y Robin seguían contado, con un orgullo y una seguridad en su país desmesurada, como en cuanto se acabe la carretera el siguiente proyecto será construir una vía de trenes de alta velocidad por el mismo camino hasta Karachi. Cuando oí eso me dio un vuelo al corazón. ¿Como van a hacer eso? Pero si hemos pasado una cantidad de montañas que parecen inexpugnables en su soledad y su quietud. ¿Como vas a atravesar semejante territorio con sus maquinas y obreros?

-Imposible… – Me salió del alma.

Eric negó con la cabeza y contestó – En 10 años como máximo.-

Dios santo lo van a destruir. Cada vez odiaba un poquito mas al gobierno chino. Así es la vida, y el mundo que estoy conociendo hoy no tiene pinta de ser el mismo que será mañana. El cambio esta bien, el progreso esta muy bien… pero ¿a que precio? Espero que la humanidad aprenda a preservar este mundo antes de que tengamos demasiadas cosas de las que arrepentirnos.

Solo un trekker

Sigo con mi historia….Llegué a Karimabad y me separé de los dos chinos, que decidieron hospedarse en un hotel que ofreciera mayores comodidades de las que yo me podía permitir. Por mi parte acabé en un dormitorio de 5 camas en el Karimabad inn. Un modesto hostal en el que pagaba menos de dos euros la noche. En mi cuarto sólo se alojaba Jesse, un alpinista belga de 35 años que decía de si mismo que no era alpinista si no trekker. El día que le conocí antes de contarme muchas de sus historias, me dijo lo siguiente:

-Yo no subo a montañas y nunca he subido por encima de los 6500 metros, así que no se me puede considerar alpinista si no un montañero al que le gustan los largos paseos por la naturaleza.

La verdad de esta afirmación, es que a mi juicio, era un poco (por no decir demasiado) humilde. Jesse había estado prácticamente en todos los sistemas montañosos del mundo, y siempre hacía rutas en solitario de hasta 15 días en las que tuvo más de un susto. Me contó que en 2011, en uno de sus viajes a Tajikistan, cuando llevaba 8 días de camino y tras haber dejado una tormenta atrás, se vio en una situación en la que no podía avanzar por culpa de un escalón de piedra de una altura insalvable que le obligaba a darse la vuelta sin remedio. Por lo visto, la mejor idea que se le ocurrió fue desnudarse, meter todas sus cosas en la mochila cubierta con la capa de agua y tirarse a un río de aguas gélidas para dejarse llevar por la corriente hasta que el terreno le permitiera pisar tierra otra vez y continuar con su caminata. Cuando lo contaba me pareció una historia de locos pero más adelante he sabido que tal práctica, en apariencia muy poco ortodoxa, es en realidad no del todo infrecuente en situaciones como aquella.

Enseguida hice buenas migas con Jesse y le pedí penosamente que si me dejaba ir con él en su próximo trekk en solitario ya que me daba algo de miedo hacerlo solo. Él no solo aceptó si no que pareció contento por ello aún cuando seguramente sabía que le iba a retrasar.

Durante este viaje he conocido algún montañero, algún viajero o algún ciclista etc, al que admiro fervorosamente cuando me cuentan sus historias, sus aficiones, sus aventuras y sus objetivos. Me parecen personas dignas de admiración por su fuerza de voluntad, su arrojo, ganas de aventura y sobretodo por su determinación para conseguir lo que se proponen. Lo gracioso, es que a veces sin darme cuenta, y ya me empezó a pasar por Kazajistan, me sucede que me encuentro en una posición parecida para algunas de las personas con las que me encuentro por el camino. No me doy cuenta porque en mis carnes no parece que esté haciendo algo tan grandioso o impresionante ya que es simplemente la continuación de un día a día. Pero desde la perspectiva de una tercera persona, a veces he podido ver como surge algo de admiración hacia mi proyecto cuando les cuento que pretendo dar la vuelta al mundo sin coger aviones. Para mi, que un tío como Jesse me considerase digno y capaz de hacer esa difícil caminata que estaba planeado para dos días después con él, y me considerase un igual en una empresa así, era algo muy grande y quizás sólo sucedía así porque en su cabeza yo era el tío que tenia el valor de dar la vuelta al mundo sin aviones. Mientras, en mi cabeza, sólo pensaba en estar a la altura de tal situación y no retrasar demasiado al que sería mi compañero.

Una vez bien instalado aquel día fue para descansar. Ya estaba oscuro así que tendría que esperar al dial siguiente contemplar las vistas desde la terraza del Karimabad inn que Jesse recomendaba ver al amanecer. En dos días haría mi primer trekking por la zona y empezaría a explorar Hunza. El lugar mas bonito que jamas había visto.

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