Entrando en el Karakorum

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La jornada de autoestop por el Karakorum comenzó temprano. Después del triste desayuno a base de agua caliente mezclada con leche de yak sin siquiera un poco de azúcar, nos dividimos en tres grupos. Uno volvía a Kashgar, y los otros dos nos separamos para conseguir que nos recogieran con mas facilidad.

Autoestop en el Karakorum

A mi me tocó con Rose, una china de 32 años que parecía que tenía 25 o menos. Rose se llamaba así porque el día que vio Titanic se quedó prendada de Leonardo Dicaprio y decidió que el nombre occidental que se pondría sería el de la protagonista de la película a la que Jack (Dicaprio) salva gracias al ridículo sacrificio de no subirse un poco más a una tabla. Rose la china, aunque extremadamente animada y afable, no se parecía ni un poco a la Rose de Titanic. Tenía la cara redonda e hinchada como un pan. Una boca grande de labios muy finos con los dientes muy separados entre si. Los ojos también eran pequeños y muy rasgados y de color marrón oscuro. Pero todo eso no era lo que más la diferenciaba de la Rose de la película. La diferencia más grande era que Rose la china, era constantemente y exageradamente ruidosa. Aún con todo y quizás por ello precisamente, fue muy buena compañera para hacer autoestop. Como no se callaba y ademas se reía a carcajadas bien sonoras cada dos por tres, nunca estuve aburrido.

Tardamos algo más de una hora en conseguir que un coche nos cogiera. Según avanzábamos desde el lago Karakol el paisaje empezó a cambiar drásticamente. Las montañas empezaban a brotar del suelo hasta alturas ya importantes y sus cumbres eran ya todas unos conos de un blanco impoluto y pomposo.

El primer coche nos llevó hasta la entrada de una de las muchas maravillas que se encuentran en este privilegiado camino. Un portón gigante indica la entrada a la vía de entrada a de una de las montañas de la zona en donde “Los Pamires” se unen al “Karakorum”. Ya que estábamos allí nos hicimos paramos a hacer unas fotos. Compré un par de pulseras para regalos a un artesano local que andaba haciendo guardia con su pequeño puesto a un lado de la entrada. El joven insistió en hacerse una foto conmigo. Decía que le gustaba mi look, me tocaba las rastas inspeccionándolas con interés y repetía:

-So cool!, so cool!, so cool!-

Una de las pulseras no me dejó pagarla, me la regalaba. Aún en mi insistencia, no me dejó pagarla. Abrí la mochila, saqué una de mis camisetas preferidas y se la mostré.

-Do you like it?

-Yes!

-It´s for you

Y me dio un abrazo como si hubiera hecho algo importante por él. En realidad lo entiendo porque para mi este tipo de gestos también tienen un valor incalculable. Quizás se olvide de mi nombre en 2 días pero recordará la manera en que consiguió esa camiseta en la que, muy acertadamente, dice “Nothing lasts forever” y yo por mi parte nunca olvidaré aquellos profundos ojos verdes que tanto resaltaban en su rostro oriental y el sincero abrazo que me dio al recibir el regalo.

Desde aquel lugar todavía nos quedaban dos horas y dos conductores diferentes mas, para llegar a Tashkurgan. Primero un viejecito que vivía en uno de los pueblos a lo largo de la carretera y luego un camionero chino que se dirigía a Pakistán.

Incomunicación en Tashkurgan

Una vez allí fue fácil encontrar el grandísimo cartel del hostal K2 que se veía desde la carretera. Pedimos al camión que parase y dirigimos nuestros pasos al hostal con esperanza de que hubiese habitaciones libres ya que, como tal, es el único hostal en la ciudad. Encontramos al resto del grupo junto con algunos chicos y chicas más que eran amigos de mis compis de viaje. El K2 resultó ser enorme así que aunque tenían muchos huéspedes no hubo problema de alojamiento para nadie.

De entre todos los que en aquellos días ocuparon el K2, yo era el único turista occidental. Es más, duante los dos días que pasé en Tashkurgan, entre turistas y locales, no vi ni una persona que no fuese china. Nada más llegar me informé de cómo conseguir cruzar a Pakistán y fui a dar una vuelta por el pueblo.

Tashkurgan es muy pequeño. El paseo que di no hubiese durado más de una hora si no hubiese sido porque tardé muchísimo en encontrar dónde se suponía que se hacía el check out de China y comprar el billete de autobús para Pakistán. Nadie hablaba inglés y encontrar información se hizo imposible. Me acerqué a un edificio en el que un gran cartel en la puerta anunciaba -Customs- en la puerta. Dentro un militar chino en una ventanilla me indico que me acecara hasta él con un gesto de la mano.

-Hello, Pakistán?

-Tomolow

-Ok, bus to Pakistán tomorrow? Stamp passport here?

– Tomolow!!- Esta vez, subió el tono al decirlo

-Ok, but is here or not? Passport?- Yo hacía señas, sacaba el pasaporte y todo lo que se me ocurría para hacerle entender lo que quería decir pero parecía que nada daba resultado.

-Tomolow!!- El militar que era bajito pero con cara de mala leche dio un grito e hizo un violento aspaviento con la mano para que marchase de allí.

-Ok, tomorrow what time?- Insistí a la vez que señalaba mi reloj.

-Tomol…!!- Ahora era ya un grito de mala hostia y una orden en toda regla.

-Ok, ok, ok- Y con el ok en la boca me di la vuelta y salí del edificio dejando al pequeño chino enfadado tras su pequeña ventanilla.

Aquella mañana desistí y decidí que lo intentaría al día siguiente.

Una cena de chinos

Fui al hostal donde me encontré al gran grupo de chinos jugando al billar. Me quedé un rato. Aquel día tuve la oportunidad de conocer mejor a alguno de ellos.

Por la tarde me invitaron a ir a cenar a un restaurante con todo el grupo. Sin duda alguna, esta fue la experiencia más cercana y auténtica que pude tener para entender un poco mejor a los jóvenes chinos. Eramos ocho personas cuando empezamos la cena y después de un rato se unieron tres más. Apenas un par de ellos hablaba inglés decente aunque con un acento y pronunciación tan marcada que en ocasiones algunas palabras había que entenderlas por el contexto.

Nada más sentarnos, antes de que llegara la comida, me convertí en el centro de atención. Todos me preguntaban mil cosas, pero esta vez iban mas orientadas al ¿qué has estudiado y de qué trabajas? que al ¿Estás casado? o el ¿Eres musulmán? Esta gente estaba más interesada en mis circunstancias financieras, laborales y personales en lo que respecta a mi carrera, mi trabajo y mi plan de vida que en los motivos que me llevan a hacer la gilipollez de intentar dar la vuelta al mundo sin aviones. Este hecho en si ya me hizo entender algo sobre cuales eran la preocupaciones de estos jóvenes.

Yo por mi parte también hice preguntas. Pensaba que todos tenían alrededor de 23 años más o menos pero la realidad era que la media rondaba los 30. Ahí me entere que incluso Rose, la agitada y ruidosa china que creía no pasaría los 25 tenia 32 años. Estos asiáticos parece que no cumplen años hasta que un día pasan de ser de jóvenes a antiguos…. si antiguos, ni siquiera viejos. Pasan a tener una de esas caras de extrema serenidad en las que se puede ver toda la sabiduría y filosofía oriental en cada arruga alrededor de los ojos. Y les pasa de un plumazo. Bromas aparte, envejecen muy bien.

Todos eran de ciudades grandes como Beijing, Shanghai o Guanzhou.  Eran turistas y se encontraban en Xingjian de vacaciones de sus respectivos trabajos. La mayoria eran ingenieros, informáticos, responsables de marketing o profesores. Y lo curioso es que todos eran solteros y vivían solos en apartamentos pequeños en el centro de la ciudad.

Cuando les pregunté si no tenían novios o novias. Uno de ellos respondió entre risas.

-Not now. Later get marry. Now money to buy a house and later get married.

Todos me parecían bastante abiertos, simpáticos y animados aunque aveces ruidosos de mas. Pero luego, por lo que contaban, su vida se resumía en una rutina solitaria de trabajo, trabajo y más trabajo.

También hay que decir, tal y como ellos me explicaban,  que los jóvenes chinos están ahora sufriendo las consecuencias de la inteligente política de planificación familiar que llevaron acabo en los 90 en China. La limitación a tener sólo un hijo por familia hizo que muchos progenitores abandonaran niñas o que directamente se abortase si era el caso, ya que tener un hijo era un orgullo y tener una niña una vergüenza. Esto ha hecho que 20 años después la ratio de varones/mujeres esté muy desfasado, habiendo muchos más chicos que chicas. Esto también hace que muchos chinos varones no tengan una relación con una mujer hasta bien entrados los 20 y muchos. Ellos mismos discutían sobre el tema mientras me lo contaban, debe ser un tema bastante polémico. Supongo que las consecuencias a largo plazo de aquello se irán viendo en las próximas décadas.

La comida llegó y pasé, a golpe de palillo chino, de ser el centro de atención a ser un mero observador. Mientras me peleaba con los palillos intentando llevarme a la boca los diferentes manjares que cubrían toda la mesa redonda, me dediqué a escuchar y a observar. Aunque obviamente no me enteraba de nada, algo cogía en el contexto de risas y  gritos del animado coloquio. Una gran campana de dos pisos que la camarera llenaba de agua hirviendo hacía de centro de mesa. Una especie de vela gorda debajo de esta, hacía que el agua siguiera hirviendo para hacer la comida.

Llegaron los platos con todo tipo de verduras y carnes crudas, tanto de vaca como de cerdo, fileteadas muy finas. A modo de foundue íbamos metiendo y sacando alternativamente lo que queríamos comer en el enorme centro de mesa. Así mientras una cosa se iba cocinando te estabas comiendo la otra. Como si fuese algo súper especial, me dieron una lata de algo que sin abrir hubiera dicho que era como la coca cola, pero al abrirlo y darle un trago resultó ser una especie de leche con gas. A todos les encantaba y cuando lo probé todos me miraban como buscando aprobación y deleite en mi cara. No la encontraron. No era desagradable pero no era algo a lo que le daría más de dos tragos para probar y punto. Medio por sed y medio por compromiso me lo bebí entero. La cena terminó y aquella noche me fui a la cama exhausto después de echar otra partida de billar en el hostal. Creo que el frío hacía que uno se sienta mas cansado al final del día y yo andaba helado todo el tiempo.

Extraño lugar para un extraño

Al día siguiente me levanté temprano y volví a intentar conseguir billete para Pakistán. Como el día anterior, la absoluta falta de información fue de nuevo protagonista de la mañana. Fui a visitar a mi amigo el soldado enfadado detrás de su pequeña ventanilla, pero estaba cerrada. -Tomolow, Tomolow- pensé.

Fui a preguntar a algunas personas del lugar a ver si podía conseguir juntar trocitos de información hasta que tuviese algo de consistencia y sirviese de algo. Efectivamente, debido al escasísimo inglés que hablaban, y no menos culpa tenía yo por mi absoluta inutilidad con el chino, la información la iba recogiendo a trocitos. Entre pregunta y pregunta ellos aprovechaban para preguntarme a mi de donde era o a donde iba. Además me miraban muy raro, todo el tiempo y muy fijamente.

Desde que salí de Grecia, en absolutamente todos los sitios me miraban con extrañeza y atención pero aquí era multiplicado por diez. Aunque bueno he de reconocer que yo por mi parte también les miraba a ellos con curiosidad. Yo les miraría raro y ellos me miraban raro… parecía un trato justo supongo.

Allí la gente es rara. No sabía si asociarlos más a chinos, a turcos o a pakistaníes. Eran musulmanes, eso seguro, pero algunas mujeres no llevaban pañuelo que les cubriese a cabeza. Algunas vestían trajes tradicionales que nada tenían que ver con los chinos. Otras iban con unos sombreritos que más tarde me enteraría que eran más típicos de una zona de Afganistán. Algunos hombres, llevaban el alto y blanco, gorro tradicional de Tajikistán. Sin duda Thaskurgan era un lugar de encuentro entre diferentes culturas.

La mayoría hablaban mandarin a duras penas, y algunos ni eso. El idioma mas comun en la zona era el Uygur o el Urdu pero por lo visto tambien se hablaba tajik y un dialecto que tenia que ver mas con una zona en Afganistán que con china .

Me acercaba a unas de las montañas más altas del mundo, y allí en las montañas, parece que las tradiciones siempre permanecen. No importa que durante los siglos de los siglos, los territorios hayan tenido diferentes ocupantes con diferentes culturas o que a día de hoy los antiguos pueblos de estas montañas estén a un lado u otro de una frontera que no es más que una línea imaginaria en un mapa. Las líneas aquí las pone la madre naturaleza en forma de pared inabarcable para la vista e insuperable para la resistencia de un ser humano común. Allí, a las montañas les da igual lo que opinen los hombres y donde ponen sus lineas. Allí las lineas la marcan ellas y esto se aprecia si uno observa como como se han desarrollado las culturas en estos remotos lugares de anta montaña.

The golden fields

Una vez mas, sin éxito alguno volví al hostal donde descansé un rato la resignación y después de convencerme de que no pasaba nada, ya que aún tenía dos días para abandonar China, salí a visitar el llamado “Golden grass fields”. A unos 20 minutos andando, realmente cerca del pueblo, se abre una amplia llanura que acaba en las faldas de un muro de montañas de 4000 metros de altura que se extiende de norte a sur. Son las primeras montañas del Karakorum, y de aquí en adelante todo se hace más grande, más alto, más escarpado y más inaccesible.. Pero antes de llegar a estas monstruosidades, está el gran valle en el que la hierva seca de color pajizo oscuro cobra reflejos dorados gracias a que toda la llanura está inundada de agua por debajo de la capa de hierba alta.

Unas pasarelas recorren la llanura formando un largo y enrevesado laberinto sobre el pasto dorado. Viejos puentes y molinos se unen a través de estas pasarelas así que puedes ir visitando y descubrir pausadamente el hermoso paisaje que aparece desde el extremo de la llanura según vas acercándote. Desde las pasarelas, a la derecha de la panorámica se aprecian las ruinas de la antigua ciudad escarbada en piedra de Thaskurgan, cuya mera visión de la puerta de entrada te deja grandes expectativas de lo que hay dentro. Despues de verla diría que no es para tanto, especialmente si has visto Capadoccia, aunque su localización entre las montañas al borde de la llanura es excepcional.

Aquella noche, después de unos billares, me despedí de mis amigos chinos y me fui a la cama temprano con la intención de madrugar para hacer guardia en Customs  con mi mochila preparada desde las 7 de a mañana. De esta manera me aseguraria el coger como sea el autobús hasta Pakistán aquel día.

Camino a Pakistán

Me costó 8 horas pero al fin, misión cumplida. Salir de China fue tan pesaroso y alienante como entrar. El mucho esperar y las pocas respuestas por parte de las autoridades chinas hacían que uno se sintiera impotente, aunque a estas alturas del viaje, por suerte, ya había aprendido a ser paciente con estas cosas.

A la 1 del mediodía lograba subirme a un pequeño autobús pakistaní junto a un grupo de ellos que volvían a casa después de hacer unas compras en Kashgar. Antes de arrancar el conductor se aseguró de que todo el mundo tuviera bien escondido el whiskey entre los televisores de plasma y las bolsas con aparatos eléctricos para que que las autoridades no se las confiscaran. Por supuesto, el conductor tenía sus dos botellas que alguien le dio al salir de Customs las cuales colocó inteligentemente en un pequeño compartimento bajo su asiento.

Aquel día era Miércoles 14 de octubre de 2015, el viaje a Pakistán comenzaba. Ya era una realidad, ya había conseguido salir de China sin problemas y pronto entraría en ese país que siempre, desde que empecé el viaje, supe que tendría que entrar antes de el 22 de octubre o me quedaría sin manera alguna de llegar a la India si quería completar la vuelta al mundo sin aviones. Fue para mi un momento de suma importancia superar aquella barrera y aunque se suponía que Pakistán no iba a ser fácil, además con mi salud  que renqueaba un poco debido a que todavía arrastraba problemas de estomago. Me sentía más fuerte y animado que nunca. Esta aventura no había hecho más que empezar pero aquel día pensé y me dije a mismo: ¡Ole tus pelotas! has llegado hasta aquí. Ahora solo un poco más y ya descansaras en India.

Un comentario

  1. David Abbas
    | Responder

    Muchisimas gracias Gadi!! Leer estas palabras y ademas viniendo de ti me da mucho animo.
    Y tienes razón, Nothing lasts forever pero he vivido cosas que ya me quedo para siempre y me ayudan a crecer, entre esas cosas esta haberos conocido. Dale un abrazo al grandullon y a la pequeñaja de mi parte. Muchas gracias de corazón y efectivamente… Hasta pronto!!

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