Los Balcanes parte 1 (Eslovenia, Croacia y Bosnia)

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Los países que formaban la antigua Yugoslavia han sido, quizás, mi lugar favorito en el continente Europeo desde que los visité por primera vez en 2011, así que llegué a Eslovenia con muchas ganas y grandes expectativas.

Plitzvice

Todavía estaba en Italia cuando el empece a comprobar que el cielo cada vez estaba mas negro. Unos kilómetros mas allá, ya en plena Eslovenia, llovía…llovía mucho y cuando encontré un lugar en el que pararme a echar un ojo en Internet para ver la predicción meteorológica descubrí que no solo llovía mucho, si no que lo haría por unos 4 días sin parar. Parecía casi una broma… eso me pasa por ser poco previsor. No pasa nada… -Son cosas de los viajes- me dije. Y así la mojada Eslovenia se quedó atrás sin más pena ni gloria.

Puse rumbo a Plitzvice, el famoso parque nacional Croata por su incomparable y particular belleza natural. A unos 200 kilómetros de mi destino, cansado de conducir, hice una parada en la península de Krk cerca de Rijeka. El cielo seguía algo nublado allí también aunque al menos el sol también hacía acto de presencia por encima de las finas nubes. Por casualidad di con un buen lugar en el que me preparé algo de comer frente al mar, sentado en un banco a la sombra de los árboles. Descansé unas horas para reposar la comida, leer, darme el primer baño del viaje en aguas saladas y con energías renovadas me puse de de nuevo a volante.

El descanso me sentó muy bien. El resto del camino hasta Plitzvice lo hice casi sin parpadear. Una vez allí intente aparcar el coche en algún lado para sacar la tienda en medio de los árboles, pero después de varios intentos en los que siempre alguien me decía que ahí no podía aparcar desistí y decidí buscar un camping. Los precios eran desproporcionados y no pensaba pagar esas cantidades por hacer lo mismo que podía hacer unos metros más allá, al otro lado de las vallas del camping. Al final fui por los hoteles pequeños preguntando si podía poner la tienda en su jardín. En el segundo lugar que pregunté accedieron muy amablemente. Fue en la casa numero 77 de la carretera llena de hoteles que va al parque. En aquella casa vive la familia Glumac Para los turistas, un terreno anexo con otra casa grande hace las veces de hotel. Se portaron fabulosamente bien conmigo. Para empezar, me abrieron un cobertizo para poner la tienda dentro por si llovía.

Durante la primera noche llovió, tronó y los relámpagos se extendían por el cielo nublado formando un espectáculo curioso de luces y sobras. El dueño del hotel me contó que allí era común ver aquello cuando había tormenta. Según el, Nikola Tesla nació y creció por aquella zona y debieron ser aquellos espectáculos en las noches de tormenta de su infancia lo que motivó en primera instancia sus futuras investigaciones y aportaciones en el campo del electromagnetismo. De hecho… puede ser. Me creo que esa historia sea cierta después de ver los rayos que hubo aquella noche.

Por la mañana tocaba visita al parque. Entré un poco de mala leche por que no me dejaban aparcar en ningún lugar gratis. Cerca de uno de los hoteles un hombre me avisó de que si dejaba el coche ahí, sitio que no pertenecía al hotel ni mucho menos, llamaría a la policía y se lo llevarían. Ante eso y aunque no sabía si seria cierto o no, no me la quise jugar. El coche ayuda una barbaridad, no habría estado en ciertos lugares increíbles y perdidos sin él. Pero me he acordado de algo que nos dijo Jorge Sierra, que se dio la vuelta al mundo en un 2cv, cuando todavía eramos 4 amigos al comienzo de estar preparando el viaje y le visitamos para conseguir información. Nos habló de como la seguridad del coche se había convertido en poco menos que una obsesión. Para mi, fue totalmente así. Si el coche no está en lugar seguro no me alejo un metro de él. Significa demasiado en este momento como para que le pase algo. A veces, yo mismo veo que casi roza lo ridículo y psicótico tanta preocupación, pero qué se le va a hacer.

Plitvice es de una belleza incuestionable. Aunque llovió la noche anterior el día fue bastante soleado. Las cataratas y los lagos tienen un color turquesa muy particular a la luz del sol. No dejaba a ningún visitante indiferente durante el recorrido de pasarelas de madera que tan bien montadas están desde los lagos inferiores hasta los superiores. Quizás ese es el problema, todo está demasiado bien montado. Recorrí el parque entero en menos de 5 horas, Cuando llegué al ultimo lago me senté en una de las pasarelas, metí los dedos de los pies en el agua y me quedé allí leyendo. Me negaba a irme tan pronto, aunque en realidad estaba cansado ya de las colas de gente para hacer una foto o cruzar algunas de las pasarelas. Al rato me saturé de que la gente pasara a mi espalda y algunos hasta se parasen a hacer una foto conmigo ahí sentado. Salí del parque algo decepcionado. Al llegar al hotel me prepare algo de cenar y enseguida me metí a la tienda bajo el techo del cobertizo.

Split

Después del desayuno me despedí de la familia Gulmac y volví a la carretera una vez más. El viaje a Split fue corto y tranquilo. Croacia, al menos aquella parte, era una sucesión de colinas verdes redondeadas y no muy altas. Era un paisaje agradable por carreteras nacionales de poca circulación. Casi todo el camino iba prácticamente solo. Paraba a comer, a hacer una foto o simplemente a descansar mirando el paisaje. No tardé en llegar a Split. Allí hacia calor, mucho calor. Esta vez me esperaba un hostal barato para las tres noches siguientes ya que iba a bucear el segundo día y sabía que eso me dejaría tocado (despues de bucear agradecería haber tomado esa decisión).

Split es una ciudad muy animada, hay mucho movimiento de turistas en las cercanías del puerto y la playa. Aparte del turismo daba la impresión de que la gente local también deambulaba por las calles en masa. El verano había llegado y tanto la gente local como los turistas se echaban a la calle por igual. A mi me recordó un poco a alguna ciudad de playa en Italia. Al fin y al cabo Croacia esta en el adriático y Split no es más que una ciudad típica a orillas del mediterráneo.

Primer día lo pase haciendo algo de turismo por la ciudad y el segundo fui a la isla (o semi-isla) de Ciovo a bucear. La inmersión fue bien, buceamos un cañón submarino en las proximidades de un peñasco que asomaba en medio del mar al que nos llevaron en barco. No llegué a bajar mas de 18 metros, aunque fueron más que suficientes para disfrutar del lugar. El agua estaba mt clara y la visibilidad era excelente por lo que pude ver gran cantidad de peces ademas de algunos corales de colores vivos. Fue más duro de lo que recordaba desde la ultima inmersión que hice en Palamós y si que me dejo un poco tocado aquel día. La tarde me la pasé tranquilo escribiendo y charlando con la gente que rondaba por el hostal.

Recopilando información por Internet, supe de la existencia de Lovrinac, un cementerio en la entrada de la ciudad que resulta que tiene algunas paredes de piedra caliza en las que escaladores locales han abierto lineas de boulder. Una cosa que tiene de peculiar los Balcanes es la cantidad de cementerios que hay por todos lados. Tampoco son lúgubres ni nada de eso si no más bien al contrario. Este cementerio en particular era enorme y estaba muy bien cuidado. Me costó encontrar la pared para escalar. Aunque a base de recorrerme todo el cementerio al final lo hice. La gente me miraba como pensando <<¿que hace un tonto en un cementerio con una colchoneta colgada de la mochila?>> seguramente era lo que pensaban. Algo dentro de mi que me decía que me largase de allí. Que estaba cometiendo alguna falta de respeto. En fin… al final me olvide y estuve escalando unas 3 horas entre tumbas y flores, pero entre el calor que hacía y que la roca era caliza, el asunto se hacía imposible.

Al final pasé un día más en Split en el que sólo fui a la playa , comí, leí, dormí en la arena y me olvidé de cámaras, ordenador y todo lo que no fuese disfrutar del lugar. Por la noche dormí en un parque al lado de la playa así que con el cuerpo un poco entumecido de una noche no muy bien descansada emprendí camino a Bosnia. El camino fue corto y algunas de las carreteras eran estrechas y malas, además estaba nublado y soplaba un viento frío cada vez mas intenso según me acercaba al país vecino.

Blindinje

En la frontera, los croatas me registraron a fondo el coche para salir del país, cosa que me pareció exagerada. Pero cuando llegué al lado bosnio poco menos que me desmantelaron el coche. Me examinaron hasta las rastas una a una. Yo que se, supongo que es su trabajo pero joder… Sentía como todos los coches que pasaba hacia un lado y otro de la frontera me miraban como si fuera un terrorista. Con el coche abierto de par en par y todas mis cosas esparcidas por el suelo. En realidad hasta fueron majetes, en ningún momento me hablaron mal o me amenazaron. Pero la situación era la que era. Ahí estaban tres policías bosnios sacando hasta la ropa interior sucia de las bolsas de viaje. En fin, una experiencia más. Como era de esperar no encontraron nada raro y pude continuar mi viaje sin más problemas, no sin antes tirarme un buen rato para reconstruir el orden de mi pequeño Opel Corsa. Mi intención era llegar a Blindinje, un parque natural a unos 50 km noroeste de Mostar. Una vez allí no sabia que haría, seguramente leer y dormir, pero quería verlo, así que para allá que fui.

Si Croacia era una sucesión de pequeñas colinas redondeadas, Bosnia era una sucesión de montañas más altas y valles mas extensos aunque parecidas en su escasa vegetación. Los grandes valles se extendían de una montaña a otra dejando entre medias algunos campos de cultivo que hacían formas geométricas junto con los caminos de tierra que los atravesaban en todas direcciones. De vez en cuando me encontraba un lago aquí y allá que hacía el paisaje más bonito aún. Después de un rato y algunas carreteras sin asfaltar que hicieron sufrir los amortiguadores un poco, llegué a mi destino.

Para mi satisfacción, Blindinje resultó ser un lugar totalmente solitario. ¡No había nadie! Comí algo delante del lago en una mesita bajo un techo tratando de refugiarme del viento y de una escasa pero molesta lluvia . Exploré el lugar a pie pero empezó a llover algo mas fuerte, el viento se intensificó mucho haciendo que la lluvia fuera aún más molesta ya venía de lado. Tuve que volver a mi refugio y decidí intentar acércame a la orilla del lago con el coche para acampar allí. Llegué con el coche al mismísimo pie del lago por unos caminos dibujados en la tierra por otros coches que habrían pasado anteriormente. No pude poner la tienda entre el viento y la lluvia sin calarme o que se me escapara alguna piqueta a causa del viento así que me tocó dormir en el coche una vez mas.

Llego la noche y me pillo leyendo dentro del coche, situado de cara al lago. Cuando me quise dar cuenta no se veía absolutamente nada, la noche estaba terrorificamente cerrada. El lago era enorme y sin mucha vegetación, la oscuridad se hacía abrumadora en un espacio tan grande y vacío delante de mi, daba la impresión de que se tragaba todo. Apenas se veían de vez en cuando las luces de un coche a lo lejos, al otro lado del lago.

Esto sonara un poco friki pero bueno, estaba leyendo juego de tronos por lo que tenia la cabeza llena de dragones, caminantes blancos y sacerdotisas rojas así que al levantar la cabeza y mirar la oscuridad espesa me salió de la boca como si me gastara una broma a mi mismo: «The night is dark and full of terrors». Estallé de la risa por cinco segundos. Al decirlo me di cuenta de que llevaba muchas horas sin siquiera emitir un sonido. Y yo sólo me eche a reír de nuevo. Supongo que cuando uno pasa tanto tiempo solo necesita de estas cosas o si no le acaban devorando sus propios pensamientos. La soledad es una extraña compañera. Muy profunda y satisfactoria a veces y en cambio otras veces un calvario. Creo que depende del momento, y realmente no sabría decir la razón ni el porqué de una u otra de sus facetas. A lo mejor lo acabo descubriendo durante este periplo. En fin, todavía no estoy loco. No os preocupéis.

Mostar

A la mañana siguiente cuando desperté, como a las 6:30 de la mañana, el sol se dejaba entrever detrás de las nubes que quedaban y me permitieron ver un paisaje mas bonito aun que el día anterior gracias a la luz del amanecer. Con mucha calma me puse a andar por la ribera del lago en un largo paseo mañanero y volví para comer algo y recoger las cosas sin prisa alguna.

El camino, una vez más, fue corto hasta Mostar. Allí aparqué el coche y di una vuelta por el pueblo. Antes de nada, entré en un hostal para conectarme a Internet y preguntar el precio por si me quedaba allí a dormir esa noche. En la sala común conocí a Allister, un escocés que hablaba español muy bien. Estuvimos charlando un rato. Me contó que trabajaba allí en el hostal, estaba viajando y decidió quedarse en Mostar un tiempo porque aquel lugar era una maravilla según él. Me habló de la tranquilidad y el buen ambiente que había, además de ser barato y tener buena comida. La verdad que me convenció ademas de caerme muy bien. Aunque antes de reservar el hostal primero quise ver el pueblo por mi mismo. El hostal estaba situado a escasos 100 metros del famoso puente de Mostar, así que solo tuve que andar un minuto para encontrarme en unas abarrotadas calles estrechas llenas de tiendas de souvenirs . Duré poco menos de una hora dando una vuelta para hacer alguna foto y comerme un helado. Mostar era un poco como Plitzvice. Los dos lugares son de una belleza innegable pero quizás en este momento, quizás en este viaje, Mostar igual que Plitzvice no eran para mi. Al menos esta vez no. Cogí mis bártulos y me fui de allí.

Sutjeska

Estaba cansado de conducir y también por no haber dormido muy bien las dos ultimas noches, pero estaba decidido a llegar a Durmitor en Montenegro para pasar la noche allí. Por suerte para mi, los paisajes en el camino eran preciosos así que iba parando aquí y allá una y otra vez. Antes de llegar a la frontera di con un segundo parque natural bosnio. Sutjeska era diferente a Blindinje. En vez de ser un espacio abierto con poca vegetación, el lugar lo describiría más bien como de montañas altas y cerradas que formaban cañones donde el río Piva corría con fuerza.

En cierto momento divisé una escultura gigante en piedra al final de un camino que salía de la carretera hacia la izquierda. Al parecer era un monumento a los caídos en la zona durante la resistencia bosnia y montenegrina en la primera guerra mundial. Tardé un rato en marcharme de allí. Para cuando lo hice ya se estaba haciendo tarde. Decidí no seguir conduciendo y buscar un lugar para dormir en ese mismo lugar. Aunque también hacia frío, esa noche a diferencia de la anterior no fue tan oscura. Quizás el emplazamiento que elegí para dormir entre árboles no era tan bueno como el de Blindinje pero al menos aunque fuera entre árbol y árbol, esta vez puede ver en el cielo infinidad de estrellas hasta quedarme dormido.

Por la mañana eché algo de comer caliente al estomago y seguí serpenteando con la carretera bajo el sol de la mañana hasta la frontera con Montenegro.

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