Happy Hampi and Happy New Year

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Llegamos antes que Anapa al McDonald´s de enfrente de la estación de tren, en pleno centro de Bombay. Habíamos quedado allí. No nos queríamos quedar en aquella ciudad así que el plan era recoger a la recién llegada y salir pitando en un tren que nos llevase a Hampi.

Anapa llegó, y después de comer algo enseguida movilizamos para conseguir llegar a nuestro destino cuanto antes. Al final la solución no fue un tren, si no un sleeper bus. El más caro que cogimos hasta la fecha, pero bueno, era cómodo dentro de lo que cabe. Los aproximadamente 800 km hasta Hospet, una vez más pasaron de noche y sin más historia que la soñara cada uno. Jacob, Julio y yo llevábamos viajando sin parar y sin dormir casi nada desde Jaisalmer, a más de 1700 km de nuestro destino ulterior. Anapa por si parte tuvo su propia odisea de aeropuertos, esperas y aviones desde Madrid, así que todos estábamos muy cansados. Una vez en Hospet cambiamos de autobús y alrededor de media hora después, a las 11:00 de la mañana, llegamos a Hampi.

En total pasé 31 días en Hampi en dos espacios de tiempo divididos por 10 días en Gokarna, donde pasamos la Navidad y el Año Nuevo. Como comprenderéis, un mes de anécdotas en aquel lugar es difícil de contar en una sola entrada. Y es más, las experiencias llegaron a ser tan del día a día, que entre las notas, las fotos y los recuerdos acumulados la sensación que me quedó de Hampi en la memoria es más parecido a una idea general del lugar… como parte de una rutina que viví mientras estaba allí.

Desde que empecé el viaje nunca había pasado tanto tiempo en el mismo sitio, pero claro… nunca había estado en ningún lugar que me ofreciera, como lo hacía Hampi, estar tan ocupado y feliz en una existencia rutinaria de escalada y tranquilidad con buena gente. Antes de llegar, la intención no era la de quedarse tanto tiempo, pero enseguida nos dimos cuenta (y creo que más yo que nadie del grupo ya que me moría por escalar), que nos quedaríamos allí todo lo que el viaje pidiese y/o permitiese a cada uno.

He decidido pues, contar la parte de la historia sucedida en Hampi de una manera diferente a la que lo suelo hacer. En vez de hacerlo en una linea temporal en la que las anécdotas se van sucediendo, he intentado hacerlo por partes. Así, trato de destacar los diferentes aspectos que me encantaron de aquel lugar con tan buena energía. También me gustaría aclarar, que en una linea temporal fiel a lo sucedido, las historias que componen Hampi deberían estar separadas en dos periodos temporales por la parte de la historia correspondiente a lo sucedido en Gokarna, aunque no sea así como está contado. Así, esta entrada trata primero de Hampi de manera general y en su segunda parte trata sobre el período transcurrido durante los días de Navidad y Año Nuevo en Gokarna.

Y empieza así:

El paisaje

Los alrededores del pueblo de Hampi son un inmenso paisaje que parece ser infinito. Básicamente, este lugar es una acumulación gigantesca de de piedras de todos los tamaños, incluyendo las minúsculas y las enormes (y eso incluye un rango de tamaño muy dispar, desde chinitas minúsculas hasta moles de piedra que son una montaña en sí misma).

En los valles que dejan las grandes aglomeraciones de granito, o que se forman en la rivera del río, la vegetación tropical y selvática se acumula donde puede. También aquí y allá, entre selva y piedra, en cada trocito de terreno libre de pura roca, la selva deja paso a grandes extensiones repletas de terrazas para el cultivo de arroz. De hecho, diría que si alguien me pidiera que describiese el paisaje de Hampi en dos palabras, diría sin dudarlo piedras y arrozales ya que son los protagonistas principales en muchos kilómetros a la redonda.

Algo realmente especial durante nuestra estancia fue que las panorámicas de aquel lindo paisaje fueron cambiando continuamente debido al proceso del cultivo del arroz. Uno no imaginaría que solo por ese motivo el lugar se pudiera transformar tanto.

A principios de Diciembre, cuando llegamos, los colores que predominaban eran el siempre omnipresente pardo-rojizo y amarillento del granito al sol, y el marrón del color de la tierra todavía sin anegar en toda la extensión de los arrozales. En cuestión de dos semanas, de aquellos tonos tierra y parches verdes de selva, el paisaje se transformo en los campos de arroz que quedaron anegados hasta parecer casi un espejo.

A principios de diciembre, los arrozales estaban casi todos ya completamente repleto de agua y listos para la siembra. Esto cambiaba por completo la imagen de hacía 20 días. Y algo mas tarde poco antes de marcharme, sobre la tercera semana de Enero, muchos de los brotes de arroz ya habían salido y donde 2 o 3 semanas antes el agua hacía las veces de espejo al azul del cielo, ahora una manto verde de finas espigas cubría cada terraza como si de alfombras se tratara. Una vez más, el paisaje difería mucho del que había conocido un mes atrás.

Todo este proceso se hace en fases, y no todo a la vez, así que en muchos lugares se podían ver todavía casi las tres fases en pleno esplendor. Sin duda un paisaje muy singular digno de apreciar.

El pueblo

Al paisaje hay que añadirle el toque que le da el pueblo de Hampi en si mismo. El río atraviesa el pueblecito dividiéndolo en dos partes, al sur Hampi Bazar y al norte Hampi Island. Este se puede cruzar en barca por 10 rupias. En Hampi Bazar se acumulan las casas alrededor del templo, el cual sobresale por encima de todas ellas. La pirámide central sobre la puerta principal es lo que más destaca y luego otras dos pirámides de menor tamaño terminan de dar el toque magnificente y a la vez como de ruinas salvajes que tiene el templo. Alrededor y sobre todo en la colina sur inmediatamente adyacente a uno de sus muros, se distribuyen un montón de pequeños mini-templos, altares y ruinas diversas entre las piedras.

Un día, anduve hacia el templo de Ganesh, al sudeste del templo principal. Atravesé la colina desde las propias ruinas para así poder ver los diferentes bloques de piedras que allí había, con la intención de escalarlos algún que otro día. Para mi sorpresa acabé pasando por debajo de unas cuevas formadas por grandes bloques aglomerados unos encima de otros. Desde las entrañas de las rocas pude pasar y atravesar parte de la montañita hasta salir por otro templo en el lado este de la colina. Supongo que hay montones de pasos como aquel entre las rocas.

Hampi Island es el lugar donde turistas y escaladores se juntan para hacer su vida un poco aparte de la comunidad local del otro lado del rió. Esta parte del pueblo se compone básicamente de una calle larga y paralela al rió donde al lado al que da el río están todas las guest house y tiendas que necesitan los turistas y al otro, una gran extensión de plantaciones de arroz delimitadas por las grandes aglomeraciones de rocas por el norte. Esta gran calle da a una pequeña carretera que llega hasta Gangabati, la ciudad/pueblo más cercana.

Por lo visto hace unos años los turistas se repartían por Hampi Bazar, pero el gobierno denegó toda licencia para las guest house a ese lado del río por ser un lugar sagrado (por contar la historia resumida). Por lo que me dijeron esto sucedió hace unos 6 años y desde entonces Hampi Island a crecido cada vez más formando su propia comunidad , como ya digo, apartada de la gente local. De esta manera, se da lugar a uno de esos sitios en la India que son como un oasis para viajeros entre tal caos de país.

Allí India no se siente como tal, más bien lo definiría como la India de los viajeros. Mal, por la parte que representa en si misma que un lugar como este exista ya que es la apropiación de la industria del turismo de lo que se vende como cultura (que al fin y al cabo se podría discutir si en realidad lo es o no). Y bien por otro lado porque de la India, a mi juicio, se necesita un descaso de vez en cuando.

A día de hoy, el gobierno está haciendo lo mismo que hace 6 años haría en el otro lado del río. Por lo visto la mayoría de las guest house son ilegales y ya a mediados de diciembre se veían las ruinas de algunas de ellas que las excavadoras del gobierno habían derribado.

En enero las amenazas sobre derribar más seguían pero en realidad, a mediados de ese mes vi con mis propios ojos como al menos 4 o 5 nuevos negocios surgían de entre los escombros. Improvisando guest house de casetas de hojas de palma o restaurantes donde las mesas eran una vieja puerta y te sentabas en el suelo a esperar la comida que estaba hecha en un hornillo portátil conectado a una bombona de gas enorme. En India todo vale.

La escalada

Lo que pueda poner en esta entrada sobre la escalada en Hampi se me queda corto por mucho que escriba. Diré que para el que le guste el boulder Hampi es un parque de atracciones. La escalada era la razón principal de mi estancia en allí y puedo decir que me lo pasé como un enano.

El calor es acuciante y no permite escalar mas que en las horas más tempranas de la mañana o al atardecer mas tirando al caer la noche. Este hecho impuesto por el mismísimo sol crea una especie de horario y rutina para el escalador. Uno se levanta a las 6 de la mañana, escala unas horas y cuando el sol empieza a hacer estragos llega la hora de retirarse. Después de comer y una siesta, sobre las 5 de la tarde la misma operación se repite, solo que esta vez, es el cansancio el que te pide a acabar la sesión en vez del sol. Por la noche toca cenar, charlar y ver una película alguna que otra vez en alguno de los chill outs de Hampi Island. Una ducha y a la cama… mañana otra vez. Y así hasta que los dolores en todo el cuerpo te piden tomar un día (o dos) de descanso. De todas maneras la roca es de granito bien afilado, así que la piel de los dedos no te dura mucho si te empeñas en hacer sesiones intensas.

Así, los días del escalador pasan uno tras otro y puedo garantizar que aunque uno se quede toda la temporada escalando todos los días, no le daría tiempo a ver ni una cuarta parte de aquel magnifico paraíso del boulder.

Para mi la escalada empezó muy cuesta arriba. Al principio, entre el calor,la flojera acumulada durante los meses anteriores debido a la mala alimentación y poco ejercicio durante viaje, y sumado a los episodios de enfermedad estomacal, estaba muy débil y muy lejos de mi nivel antes de dejar España. Igualmente escalar seguía siendo divertido y después de cada sesión notaba como mis cuerpo iba recuperando y recordando. Para cuando me fui empezaba a sentirme fuerte de nuevo y con más ganas que nunca de probar cosas más difíciles, pero hay prioridades y en este caso, así es el viaje… así es la vida. Primero la vuelta al mundo, más adelante ya habrá tiempo para escalar. Aun con todo me fui muy contento por el trabajo bien hecho.

LA GENTE

Lo que para mí terminó significando este lugar creo que lo determinó las personas que conocí. Estoy aprendiendo mucho en este viaje y cada vez con mas claridad puedo reconocer en mi propia experiencia aquella frase que Chris MaCandles dejo escrita en su diario poco antes de morir “La felicidad solo es verdadera cuando es real cuando es compartida”. De todos los recuerdos que acumulo, cuando hecho la vista atrás veo con facilidad que los más alegres y que mejor atesoro son aquellos que he compartido con alguien. Incuso en este viaje. De todos los maravillosos lugares que visitado, mis mejores recuerdos son en compañía sin duda alguna. Hasta el paisaje mas insulso puede parecer lleno de color dependiendo de como lo vivas. Y eso muchas veces depende de con quien lo vivas.

En Hampi hay de todo como en todos lados. Diría que la mayoría de los habitantes de Hampi Island son extranjeros y muchos de estos escaladores. También, diría que el boulder no es necesariamente el aclamo principal de aquel lugar. Allí muchos mochileros vienen de visita llamados por el ambiente de viajeros que existe. El paisaje, los templos e incluso la escalada son casi secundarios. Para muchos, la vida allí se sucede en un ir y venir de los chill outs y los restaurantes interactuando con los demás viajeros. Por supuesto esto sucede así porque en primer lugar los turistas acuden al aclamo de las muchas cosas que se puede hacer, como ir al lago, al templo de Hanuman, de trekking por las rocas, el río, los templos de Hampi Bazar, etc etc… e incluso algún atrevido que no ha escalado nunca lo intenta como experimento durante el viaje.

No está demás decir, dado la tónica general del viaje por India, que la comunidad de israelíes en aquel pueblecito del estado de Karnataka era la más grande que he visto en todo el viaje. Ya he mencionado alguna vez que los propios israelíes me confunden con uno de ellos a simple vista, pero aquí aquel efecto se multiplicaba hasta el punto en el que todos los días alguien se dirigía a mi en hebreo directamente.

Luego está la comunidad de escaladores. Aquellos que se quedan largas temporadas casi exclusivamente para escalar y apenas hacen otra cosa.

Conocimos muchos visitantes (occidentales e indios) que básicamente vivían allí por y para subir rocas durante los 3 meses de temporada. También estaban los escaladores locales como los de la tienda de Tom & Jerry o la tienda de Tima. Como en toda comunidad de escaladores alrededor del mundo, el ambiente de camaradería y solidaridad esta patente cada día. Gracias a aquellas rocas no paras de conocer a gente con la que al final te juntas para escalar. Motivo por el que al final escalas más . Así que conoces más gente y así hasta que conoces a todo el mundo. Aunque no podría ser mi caso el de estar tanto tiempo en un sitio, comprendo perfectamente que la gente se quede allí largas temporadas.

Quiero dar las gracias a todos lo que con migo compartieron mi estancia en Hampi. A todos a los que, al final, formaban una gran familia allí.

Primero y para empezar, a mis compis de viaje: Julito, Jacob y Ana Paula. Y sigo con Tom y Jerry y a todos los escaladores locales que nos hacían la vida más fácil y divertida a aquellos que visitábamos Hampi para escalar. A Isa, Vipin, Nick, Arvi, Robin, Sonya, Orla, Luke, Clare, Sean, Yves y muchos más que aunque no nombro también compartí mucha escalada y buenos momentos con ellos. Mención especial a dos familias y a sus dos pequeñas que me robaron el corazón. A Manel y Gadi con su pequeña loca Xorima que era la princesa de Hampi. Y a Fidel y Carla con su no tan pequeña Ona que ya es una gran escaladora y guapísima aventurera.

De mi estancia en Hampi tengo mil anécdotas y mil buenos recuerdos relacionados con atardeceres y amaneceres, con la escalada, con el cansancio, con las visitas, los templos o los paseos por el pueblo pero son tantos que no alcanzaría a contarlos todos.

Algunas de las historias:

Gracias a Isa (una mallorquina que es devota absoluta de Hampi) tuve el placer de conocer una familia local con la que nos aficionamos a ir a cenar los domingos. Entre cena y risas un día se me ocurrió gastar la broma de que me casaría con una de las hermanas cuando fuera más mayor, la madre se reía y asentía mientras la pobre niña se ponía roja como un tomate de la vergüenza.

Antes de dejar Hampi, como despedida de la familia, Isa y yo fuimos al cine con ellos en Gangabati. Vimos una película de Bollywood llamada “Master piece”. Por supuesto ni Isa ni yo nos enterábamos de nada del dialogo aunque por las imágenes mas o menos pude intuir que sucedía en la película

Me quede con varios detalles de aquella experiencia. El primero fue que el cine era un gallinero. La gente gritaba y coreaba durante toda la película. Me sorprendí mucho cuando al principio de la película aparecía el protagonista y en cuanto entraba en plano con su fabulosa melena al viento el publico exploto durante mas de 30 segundos en gritos vitorees y locura generalizada.

Y bueno… el protagonista, aquel tipo fue lo segundo que mas me llamo la atención. Aquel personaje podía desde saltar montañas hasta acabar el solo con todo los malos a base de dar leches con la mano abierta (verídico)… todo esto ademas de ser super guapo y llevarse a la chica con su actitud de chico malo e indomable tan seguro de si mismo. Jajaja.

Una de las anécdotas más curiosas fue hacer de traductor entre Manel y el Baba (un hombre santo, Sadu o asceta… no se bien como denominarlo) en una conversación sobre la energía, la espiritualidad y el entendimiento de algunas facetas del mundo desde aquel punto de vista.

Esta anécdota en realidad se merece una entrada sola para ella sola. La titularía: Manel y el Baba, telepatía y amistad… jajaja o algo así. Pero de momento esta entrada es ya extensa de mas tal y como está, así que se queda en las notas para escribirlo en un libro algún día.

Un día fuimos de visita al otro lado del río. Sin percatarme, perdí a los demás y acabé solo en lo alto del cerro delante del templo. Estaba tan cansado de escalar que me recosté en una sombra al lado de una roca y sin quererlo me quedé dormido hasta que unos turistas me despertaron porque unos monos me estaban acechando, quizás por curiosidad o posiblemente para quitarme algo.

Gracias a Jacob y su cámara, un día conocimos a una familia a la que en nuestra segunda estancia, acabamos alquilándolas una habitación. Las hijas pequeñas y las vecinas nos acosaban un poco para jugar cada vez que pasábamos por allí. Algunas cogieron la costumbre de maltratarme las rastas a tirones y hacerme trenzas una y otra vez. Las hacían, las deshacían y las volvían ha hacer… por lo visto era divertido porque no paraban de reír  mientras

Muchas más anécdotas que se quedan en mis notas y en mis fotos.. quien sabe, quizás para un libro con algo más de narrativa algún día.

Unas Navidades Indias

La tarde del 22 de Diciembre del 2015 subimos a un autobús con destino a Gokarna, un pueblo costero de bonitas playas en el estado de Karnataka, unos pocos Kilómetros al sur de Goa.

Ya habíamos decidido hacía tiempo que queríamos pasar Navidad y Año Nuevo con lo pies enterrados en la arena y mirando al mar. A mí me hacía mucha ilusión ya que a mis 29 años recién cumplidos nunca había conocido una Navidad sin frío. La idea original era ir a Goa pero en Hampi cambiamos de opinión ya que la información que nos llegaba era que los precios estaban por las nubes debido a que estábamos en temporada alta y además aquello era un debacle de turistas, fiesta y droga. Que está muy bien para el que le guste, pero nosotros, por unanimidad al final nos decantamos por Gokarna.

Llegamos de madrugada así que había que esperar a que el mundo despertara para poder empezar a buscar alojamiento. En la oscuridad de la noche guiados por el GPS de mi móvil y las luces de los frontales, llegamos a Kudle beach, a unos 30 minutos andando de donde nos dejó el bus. Sentados en la oscura playa mirando el mar llegó el amanecer y unas pocas horas después, sobre las 8 de la mañana, Jacob y yo fuimos en busca de un sitio para quedarnos. Tras visitar unos cuantos lugares nos hicimos con una habitación cuádruple con dos camas de matrimonio que nos costaría la noche menos de un dollar y medio a cada uno. Y así…empezaron las vacaciones de Navidad.Nos venía bien descansar ,sobretodo después de la paliza de escalar en Hampi. Mi cuerpo estaba medio roto, mis músculos sobrecargados y apenas tenia ya piel en las yemas de los dedos. Me dolía bastante el hombro izquierdo, no me dejaba nadar sin quejas. Necesitaba aquel lugar.

La playa invitaba a relajarse y pasar el día leyendo o simplemente durmiendo. Casi sin querer cogimos una rutina bastante sana. Nos levantábamos pronto y hacíamos estiramientos en la playa, algo de ejercicio e incluso me animé a correr (que no es lo mio) con Jacob y Julito alguna vez. Jugamos alguna vez al fútbol en la playa con gente local y siempre acabamos conociendo a alguien aquí y allá. Hacíamos vida en la playa las 24 horas y más o menos cada 3 días hacíamos una visita al pueblo donde podíamos comprar fruta, galletas o cualquier cosa que necesitáramos.

En Nochebuena cenamos en la misma guest house donde estábamos. Ana Paula, Jacob y yo nos dejamos llevar y pedimos barbacoa de King Fish. Los pinchos de pescado ensartados entre pimientos y tomates venían acompañados de patatas cocidas con mantequilla y verduras salteadas. Lo mejor que había probado en mucho tiempo sin duda.

Se estropeó un poco la cena porque cuando Jacob y yo volvimos a pedir lo mismo, nos trajeron algo completamente diferente después de haber esperado más de una hora desde que lo pedimos. El servicio de los camareros era horrible y estábamos acostumbrados a las esperas interminables, las equivocaciones con el pedido o incluso que se olvidaran de ti, pero aquella noche en verdad tenían algo de escusa por ser una ocasión de mucho ajetreo.

Cuando el camarero trajo el plato y le dijimos que esto no era nos dijo que era nuestra culpa por que no hablábamos bien inglés y nos había entendido mal. Mi ego se revolvió en mi estomago y solté una parrafada en inglés con mi mejor acento británico asegurando que el que no hablaba una mierda de inglés era él. Y que si no se enteraba era por su ineptitud y no por la mía. De todas maneras el incidente quedo allí y nos comimos lo que habían traído ya que en el 100% de los casos tanto para Jacob como para mi el hambre esta muchos niveles de prioridad por encima del orgullo.

Los días pasaron y seguíamos inmersos en nuestra rutina sanadora de estiramientos, hacer ejercicio comer bien y disfrutar cada atardecer. Visitamos la famosa Ohm beach y aunque si es cierto que era bonita, no nos arrepentimos para nada de habernos quedado en Kudle beach.

Mi cuerpo estaba sanándose y cada vez más relajado. Las ganas de volver a Hampi para seguir escalando se incrementaron notablemente antes de Año Nuevo. Ya estaba deseando pillar esas rocas de nuevo.

Para noche vieja nos pegamos una buena cena entre marisco y pizza en un restaurante aconsejados por un grupo de viajeros que conocimos. Fuimos todos juntos a través de la playa infestada de policías, e indios ya borrachos. Ana Paula se retraso un momento a esperar a Laura, una chica italiana que conocimos y con la que ella hizo buenas migas.

Por lo visto mientras esperaba a Laura en la puerta del restaurante de la guest house comenzó a liar un cigarro y una pareja de policías pasaba por allí se acerco y la empezaron a amedrentar. Ellos aseguraban que estaba fumando droga y por supuesto ella insistía en que solo era tabaco. Estos personajes resultaron venir borrachos y con intención de llevarse un pellizco por Año Nuevo. Seguramente aunque la pobre Ana Paula no estaba haciendo nada malo, esos personajes se la habrían llevado y la hubieran amargado la noche como poco si no fuera porque un grupo de indios que vieron la escena la consiguieron sacar del apuro. Por lo visto repetían continuamente- Happy New Year… Make us happy- refiriéndose claramente a recibir un soborno. Al final la dejaron ir sin mas, pero con la condición de que no le contase lo que había pasado a nadie.

Había oído historias y leído cosas en noticias por Internet que hablaban de casos como este pero hasta aquel día no había visto con mis propios ojos ninguno de estos pequeños casos de corrupción. Daba verdadera rabia ver como por dinero te joderían la vida sin inmutarse un momento.

Bueno, al final por suerte nos pudimos sentar todos a cenar sin mas problemas. Christofer (uruguayo) y Wanda (austriaca), Connie y Alberto (ambos chilenos) y Ari (que ni ella misma sabe de donde es) se quedaban en el mismo Guest house que nosotros. Viajaban juntos de manera circunstancial así que en aquel momento formaban un grupo muy divertido.

Aquel día cenaríamos todos juntos como una gran familia. Después de la cena y poco antes de llegar las 12:00, como buenos españoles fieles a la tradición, sacamos nuestras uvas que previamente habíamos comprado en el mercado del pueblo. Allí, sentados en la arena de la playa rodeados de la multitud que esperaba el nuevo año se nos ocurrió una idea bromeando. Acordamos que Chistopher se encargaría de cantarnos las campanadas para que los españoles nos pudiéramos tomar las uvas a tiempo. Y así bien atento al reloj, di la señal al uruguayo que entre risas comenzó a cantar los gongs de las supuestas campanadas.

Por lo ridículo y divertido del asunto no podíamos parar de reír. Cuando terminamos con las 12 uvas todos nos deseamos feliz Año Nuevo con abrazos y besos. Sin duda una forma muy curiosa de vivir un fin de año y una forma muy esperanzadora de entrar en el siguiente que no olvidaré jamás.

Temprano en la mañana del 2 de Enero del nuevo año 2016, Julio, Jacob y yo montamos en un autobús de vuelta a Hampi. Ana Paula decidió quedarse unos días más en Gokarna y más tarde marchar al sur con Laura. Era comprensible que de un viaje de algo más de dos meses no quisiera pasar tanto tiempo en el mismo lugar. Así que eramos solo los tres de nuevo, pero por poco tiempo. A los dos días de estar en Hampi Julio marchó hacia Chennai donde cogería un vuelo a Sri Lanka ya que se le acababa el Visado indio pocos días después. Diez días mas tarde Jacob también me abandonaría para ir a recoger a Pele en Kerala, un amigo suyo de Barcelona.

Así que después de pasar los últimos días en Hampi escalando mucho, el día 18 de Enero me despedí de muchos amigos y de aquel maravilloso lugar. Por la noche puse rumbo a Calicut en el estado de Kerala. Era la primera vez que estaba solo desde que deje Pakistán. Mi camino solo no duraría mucho, el día 20 por la mañana Patricia aterrizaba en el pequeño aeropuerto de la ciudad y esa misma tarde, cogimos un tren nocturno en dirección a Goa. Otra etapa diferente del viaje por la India hacia su entrada.

Un comentario

  1. David Abbas
    | Responder

    Hola Angie,

    Muchas gracias por tus palabras. Este tipo de comentarios me llenan de animo para seguir escribiendo… que aveces se me hace pesao jejeje. Sobre india yo tengo sentimientos muy confusos sobre lo que me gusto y no me gusto. Es un pais increible pero a mi juicio es duro de viajar. Te encontraras al limete muchas veces, seguro que ya te ha pasado. Sobre si viajar sola o no pues creo q lo que mejor que lo mejor que te puedo decir es que viajar sola no va a ser facil aunque tmpoco veo que sea imposible con algo de cabeza. Por otro lado una de las caracteristicas de India es que esta lleno de viajeros y muchos tienden a juntarse y viajar juntos. Ademas es una buena oportunidad de conocergente y vivir experiencias con otra perspectiva. Si fuera tu iria a algun sitio de esos en los que se juntan muchos viajeros y me abriria a la comunidad de mochileros.Seguro que conoces a alguien antes o despues y surjira la oportunidad de uniros en alguna etapa. Lugares como Rishikesh, Pushkar, Hampi o Goa son faciles de estar y estan siempre llenos de gente como tu. No se, mira tus opciones a ver que sale.

    Un saludo y buena ruta. Cuidate y disfruta de India.

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