Hunza; Come as a guest, leave as family

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En el letrero a la entrada del Karimabad inn (www.karimabad.blog.fc2.com) junto a su nombre ,se puede leer siguiente frase: “Come as guest, leave as family” (llega como huesped, marcha como parte de la familia).

En el Karimabad inn

Puedo asegurar que raro sería que este no sea el caso de cualquier huésped. El hostal está dirigido por los hermanos Hussain, que son los que se ocupan de que lo que pone en ese cartel suceda de verdad. Es gracias a su manera de tratarte y a los ricos chais pakistaníes que hacen, que te pases horas hablando con ellos en la sala común y al final acabes estrechando la relación en poco tiempo. El lugar en si es confortable pero no es gran cosa. Allí uno vive más a gusto gracias a las personas y los paisajes de cada mañana al despertar y no gracias a una cama cómoda, calefacción, ducha caliente o el fácil acceso a Internet.

Las gentes de Hunza

El primer día lo pasé dando paseos por los aledaños del pueblo. Visité los castillos de Baltik y Altik, que en realidad no eran más que unas casas muy grandes y bonitas con buenas vistas al valle. Paseando por los pueblos de Karimabad y Amegdabad pude inter-actuar con la gente local de Hunza. De hecho era muy fácil hacerlo por varias razones. Primero, que una gran mayoría habla un inglés muy bueno. No solo las cuatro palabras para venderle algo a un turista o preguntarle de donde es, no. Hablan un buen inglés. Y además parece que tienen un alto nivel cultural para como tener interés en entender la situación social e internacional en la que Pakistán se encuentra. Ademas, muestran predisposición por comentarlo con los pocos extranjeros que se encuentran. Os pongo un ejemplo:

Aquel primer día caminando hacia el palacio de Baltit, dos hombres que cargaban un saco cada uno me pararon simplemente para saludarme. Uno era joven, de unos 25 años y el otro rondaría los 40. Solo el mas mayor hablaba mientras el otro esperaba sentado. Me preguntó mi nombre,de donde era, cual era mi ocupación, mi edad, si estaba casado, etc. Las típicas preguntas de siempre por esta parte del mundo que usan los locales para entablar conversación, pero esta vez, en un inglés perfectamente entendible. Ya estaba acostumbrado a este tipo de situaciones así que yo amablemente contesté y cunado casi me disponía a marcharme otra pregunta llamó mi atención.

-What do you think about Pakistán?

Esta pregunta llamó tremendamente mi atención por la manera en la que la hizo. El hombre no esperaba un -Si, si. Muy bonito- y se acabó. Así que la respuesta fue coherente con la pregunta y le hablé sin tapujos de los sentimientos que estaba teniendo.

Le hablé del bombardeo de advertencias que había tenido por parte de los medios en mi país, de cómo incluso en la propia embajada pakistaní no entendían por qué quería venir, y ademas me intentaron disuadir de ello poniéndome infinitas trabas para permitirme entrar al país por tierra. Le hablé de lo asustados que estaban algunos familiares y amigos y de cómo incluso yo mismo peleaba con mis miedos para seguir adelante en mi empeño por cruzar Pakistán. A mitad del discurso ya estábamos los tres sentados en una piedra dando rienda suelta a nuestra lengua.

Ellos lo sabían… saben el acoso mediático y las exageraciones de la prensa internacional. El más joven, que apenas hablaba, cuando decía algo ponía de manifiesto el espíritu rebelde de un joven activista, no el de una oveja cegada por la religión y el odio. Él pensaba que la maquinaria mediática occidental era usada por nuestros lideres para meter miedo a la población y así, que viesen en los pakistaníes (y a otras nacionalidades) a musulmanes enemigos de occidente. Me dejo de piedra al oírlo de sus labios. Según acabo su discurso, para rematar la faena, el hombre mas mayor me dejó anonadado con una reflexión que si tener que pensarla hizo ahí mismo.

-¿Cómo puede tener nadie la prepotencia de ser tan tonto como para pensar que 190 millones de personas en Pakistán sólo piensan en matar infieles y se dedican a ir por las montañas y desiertos con una AK-47 pegando tiros a todo lo que encuentran? Aquí en Pakistán, como en todos los lugares del mundo, queremos la paz, vivir tranquilos, tener salud, comer bien y disfrutar de la vida. Los padres quieren tener trabajo para proveer a su familia. Las madres quieren que sus hijos estén seguros. Los jóvenes quieren casarse y enamorarse (en ese orden lo dijo) y los niños quieren jugar y divertirse. ¿Cómo puede pensar alguien que todo eso es exclusivo de su sociedad o de su mundo si ademas no conoce el mio? Todos somos personas iguales, todos queremos lo mismo. Y aquí en Hunza también.

Que alguien me diga que este hombre no tenía  razón. El hecho de que estas palabras salieran de su boca deja sin argumentos a mucho idiota que tiene la palabra “terrorista” todo el día en la boca para calificar a todo y a todos a este lado del mundo. Absolutamente todo el mundo me advirtió de que tuviera cuidado en Pakistán y los que me conocen me insistieron en que no se me ocurriese hablar de política y mucho menos de religión con nadie. Lo siento, amigos míos… estabais todos equivocados. Esto no quiere decir que se pueda hacer libremente en todos lados (como mas tarde alguien me avisaría) pero tal y como este hombre dijo… ¿de 190 millones de personas no puedes hablar con nadie? Imposible. Seguro que hay alguien que está pensando que tuve suerte y justo di con unas personas educadas y de clase social alta. Error también…

Cuando me despedí les pregunté que había en los sacos. El hombre abrió uno de ellos y me regaló una de las manzanas que había dentro. Eran granjeros y cultivaban manzanas poco mas abajo. Nos dimos un abrazo para despedirnos y proseguí mi camino.

Las vistas desde palacio

Las vistas desde el palacio de Baltit me sirvieron para reflexionar. No paraba de pensar cuan diferente es lo que se ve en televisión a la realidad. Una vez más; “Viajar es la cura contra la idiotez” y mi viaje me lo estaba demostrando. Sentado al borde de una de as murallas, desde allí, la panorámica de Rakaposhi vigilando el valle se revela mágica… como si se tratara de un cuento, algo que es tan bonito que solo podría ser real en la imaginación de algún soñador.

Me quede allí varias horas y conocí a más gente. Mantuve mas conversaciones interesantes con grupos de turistas pakistaníes e incluso conocí una familia en la que a madre era colombiana y el padre de un pueblo cerca de Hunza. La mujer, como la mayoría de los colombianos, era agradable y dicharachera mientras el hombre arremetía continuamente con preguntas directas abordando el tema de la imagen internacional de Pakistán.

Obviamente esta familia si que era de clase alta, ellos se habían conocido en EEUU mientras ambos estudiaban. Se enamoraron, se casaron y ahora tenían un hija y un hijo de 14 y 12 años respectivamente con una mezcla de rasgos realmente exótica. La niña, ademas de tener una facciones muy bonitas, tenia una espesa y brillante cabellera rizada de color azabache que le caía hasta la cintura. Sus ojos, muy grandes y despiertos, de un color marrón verdoso hacían que la chica tuviese una mirada muy intensa, como si estuviese pensando algo con inocente maldad. Como ya he dicho,una mezcla muy exótica.

Las horas pasaban y yo seguía inmerso en mis pensamientos. Hice un vídeo hablándome a mi mismo, algunas fotos al peculiar guardia del palacio y cuando la noche empezaba a amenazar el valle decidí marcharme.

Trekking con Jesse

Al tercer día de llegar a Hunza vino la prueba de la semana. Era en realidad el primer trekking de los que pretendía hacer, pero lo haría con Jesse y este me había advertido que seria un camino un poco peligroso así que si tenía vértigo mejor que no lo hiciera. El día anterior a la caminata, comenté a Eric y Robin, los dos chinos que todavía andaban por Karimabad, que haría este trekking con Jesse y aunque les trasladé su advertencia, los dos insistieron en unirse. Esa noche, una vez estuvo todo preparado me dormí como lirón bajo mis calentitas mantas del Karimabad inn.

Nos despertamos a las 6 de la mañana del día siguiente, y 20 minutos después estábamos en el hostal de los dos chinos para iniciar el ascenso. Subiríamos un desnivel total de alrededor de unos 1000 metros hasta los casi los 3800 metros de un paso de montaña al suroeste del glaciar de Ultar. Andaríamos por el lateral de una garganta por el paso de un canal de agua escavado en la piedra para llegar a la sombra del Lady´s finger peak de 6000 metros de altitud, el Hunza peak de 6270 metros de altitud y mas atrás el Ultar Sar peak de 7388 metros de altitud (que esperemos que se deje ver) donde podremos admirar en toda si gloria el glaciar de Ultar. Allí subiríamos una vertical con mucha pendiente por la izquierda del Lady´s finger hasta el paso a 3800 metros para admirar las vistas del valle. Contando descansos unas 6 horas subida y 4 de bajada posiblemente a un ritmo normal. Ese era el plan al menos.

El primer par de horas de caminata fue una pendiente muy pronunciada hasta alcanzar el lateral de la montaña a la izquierda del valle por el que pretendíamos subir. Allí, encontraríamos un canal que según Jesse nos llevaría casi hasta al glaciar. Apenas había pasado una hora y media cuando Eric nos alcanzó sentados en un escalón de roca mirando cómo se proyectaban las largas sombras mañaneras de las montañas sobre el valle de Hunza. Nos dijo que Robin había dado media vuelta ya que le fatigaba mucho subir. Re emprendimos la marcha y en 5 minutos ya habíamos dejado a Eric atrás.

A primera hora de la mañana yo todavía estaba fresco y podía seguir el paso de Jesse aunque me costase jadear un poco. Llegamos donde el canal abandonaba el lateral de la montaña y comenzaba a bajar al pueblo. Allí esperamos a Eric de nuevo. Cuando llegó nos quedamos un rato charlando y tomando algunas fotos. A esas horas del día la temperatura era agradable y el cielo estaba totalmente despejado a excepción de algún pequeño cúmulo de nubes acariciando la cima del Rakaposhi a 7788 y del Diran peak a 7257 metros de altitud. Desde la altura a la que me encontraba ya se distinguía con claridad como los dos gigantes de mas de 7000 metros sobresalían por encima de los demás picos como dos los guardianes que vigilan el precioso valle que se encuentra a sus pies. Las privilegiadas vistas invitaban a quedarse ahí todo el día pero había que seguir y Jesse no tardó en recordarlo.

En cuanto Eric recuperó el aliento nos pusimos en marcha hacia el tramo del canal. Comenzamos a andar por un pasillo como de un metro y medio de ancho a lo largo del canal de agua, el cual estaba tallado en la pared de la montaña. A la izquierda teníamos la propia montaña en una vertical que se perdía en el cielo y a la derecha una caída de más de 100 metros en picado hasta lo más profundo de la garganta.

Al principio no le di gran importancia y seguí adelante por el ancho camino. Eric mostró dudas sobre si seguir o no inmediatamente pero le convencimos para que siguiera. El camino se iba estrechando gradualmente y en menos de 5 minutos el chino se dio media vuelta y se fue. Nos despedimos ya que seguramente aquella misma noche se iría a Gilgit y nosotros llegaríamos tarde.

Después de 30 minutos caminado a lo largo del canal, me alegré de que Eric se hubiese marchado. El ancho del camino se había reducido de manera gradual hasta unos 30 centímetros en la mayoría de los tramos, muchas veces las plantas que crecían en la cornisa molestaban y en ocasiones me hacían pisar con cierta inestabilidad. La misma pared de la montaña en la que estaba el canal, a veces, te obligaba a agacharte y gatear al borde de un precipicio, que en algunos tramos llego a estar a 150 metros de altura.

No me importa reconocer que perdí a Jesse de vista en poco tiempo, que aún con su metro noventa, se movía con mucha más agilidad que yo, y que durante muchos metros avancé a un paso lentísimo y con absoluto cuidado. A veces las plantas crecían más exuberantes al borde del la repisa y aunque en realidad hacían el asunto más peligroso, también actuaban de placebo ya que al no ver la caída la sensación de seguridad era mayor. Los peores tramos eran donde la roca pelada dejaba al descubierto la caída durante 20 o 30 metros de pasillo en los que, sin separar la mano izquierda de la pared, a uno le daba la sensación de ir haciendo funambulismo por un cable de piedra con el corazón en un puño. En resumen, estaba cagao. No me atreví a sacar la cámara más que una vez cuando nos despedimos de Eric y el camino todavía era ancho. Más adelante todo lo que no fuera pisar con pie firme y no separar la mano izquierda de la pared se me olvidó completamente.

Al final del canal Jesse me esperaba sentado en una roca mientras miraba las montañas.

-Se está nublando, es mejor que nos demos prisa o no merecerá la pena subir al paso.

Reflexiones en la montaña

Apretamos el paso para subir hasta el glaciar y allí valorar si subiríamos o no. Poco más de una hora después estábamos sentados enfrente del glaciar al pie del Lady´s finger que asomaba a ratos entre las nubes. Había hecho un buen trabajo, Jesse me esperó aquí y allá pero al menos no me esperó muchísimo como yo me temía que iba a pasar. En el circo que forman las montañas y el glaciar se estaba muy bien. Las vistas desde aquel lugar hacían que uno se sintiese diminuto, aquellas paredes son portentosamente verticales. Las montañas se erguían sin piedad alguna para el alpinista en masas de piedra que como sin aviso alguno hubieran decidido elevarse lo mas posible de manera repentina. Sentados en una roca charlamos. Habían pasado 4 horas y algo desde que salimos así que seguramente íbamos todavía bien de tiempo para subir hasta el paso pero el cielo estaba tapado totalmente allí arriba así que esperaríamos a ver como cambian las nubes.

Durante un buen rato estuvimos allí, tranquilamente mirando a las montañas. Hablamos sobre alpinismo, sobre los viajes y sobre la vida. Jesse tenía unas cuantas vueltas más que yo en todo los temas que podía sacar así que era un lujo verse en mi papel, enfrente de alguien a quien poder hacer cientos de preguntas y escuchar durante horas. Estas cosas son una parte importante del viaje. Me di cuenta de una especie de orgulloso apoyo o ánimo que intentaba trasmitirme como si viese en mi aventura, una joven versión de sus propias peripecias en años pasados.

Todo al que le guste y esté necesitado de aventura en su vida creo que sabe de qué hablo cuando digo que la rutina y la estabilidad a veces se hacen muy tentadoras en el transcurso de los acontecimientos de nuestras vidas. Día a día es fácil sumirse aletargadamente en el sueño de la comodidad (que tampoco es malo) en cambio hay una chispa que se enciende a la llamada de lo desconocido, de lo abrupto y de lo que a veces y en última instancia,  también es autodestructivo. Esa chispa mantiene al hombre vivo en un mundo de zombies, si hay que mantener la mente activa y entrenada, yo opino que también el corazón. Y no me refiero al ejercicio físico, me refiero a las emociones, a saciar la curiosidad y el ímpetu del alma, a sentirse lleno, pletórico, capaz… a sentirse fuerte y joven para pelear lo que haga falta. Y para mi eso solo se conseguía a través de la aventura en la naturaleza y en lo desconocido.

Jesse sostenía que hay que seguir alimentado esa llama y no dejar que los años le acomoden a uno el culo demasiado. Hay que seguir saliendo y seguir sintiendo el calor de esta llama para que no se olvide. Pero también defendía que no es malo crear, echar raíces y crecer. Solo los que siguen aquí para contar historias son los que tienen historias que contar. Supongo que hay que buscar el balance a estos aspectos de la vida y según mi compañero del trekk de aquel día, eso te viene con el tiempo. Como él, yo pienso que necesitaré adrenalina toda la vida, y necesitaré saciar mi curiosidad y seguir explorando las posibilidades que ofrece este mundo en todas sus facetas, así como, demostrarme mi capacidad para seguir haciéndolo. Pero de alguna manera también creo que Jesse tiene razón. Un equilibrio posiblemente sea lo más sano para la mente y el cuerpo. Al fin y al cabo es cierto… solo los que siguen aquí (y tienen a quien contarle sus historias) son los que tienen historias que contar. Y los que no, suelen caer en el olvido.

Esperamos algo mas de una hora pero aunque un poco si se despejo, no era lo suficiente como para que mereciese la pena subir. Esperamos un poco más y por fin nos decidimos a bajar. Bajamos por un camino menos directo, pero por suerte y para mi agradecer, también era mucho menos peligroso. Era otro canal, pero este estaba situado a unos 30 metros de altura del fondo de la garganta y el camino era de no menos de un metro de anchura en sus peores tramos.

El dahl del mal

Más tarde, ya abajo, le comentaba a Jesse que estaba echo polvo. Y de verdad que tenía las piernas de mantequilla de tanta subida. Él en cambio parecía fresco y ni había sudado la camiseta. Supongo que yo di lo mejor de mi a ese ritmo y en cambio él iba tranquilamente a un ritmo lento para no presionarme demasiado.

Sobre las 3 de la tarde llegamos al Karimabad inn y fuimos a comer a un restaurante local. Por alrededor de un euro te comes un buen plato de arroz con pollo, dahl (estofado de lentejas de cualquier color con muchas especias) o alguna otra cosa. Por ser muy típico tanto en Pakistan como en India, aquel día quise probar el dahl por primera vez. Me apreté un buen plato con unos cuantos chapatis. Un error quizás. Ya andaba debilitado y con el estomago delicado el último mes. Estos altibajos sumados a la marcha y actividad del viaje junto con el frío y la altura me estaban haciendo perder peso y forma física a marchas forzadas. Aquel plato de dahl resultó ser el ultimo golpe que necesitaba mi cuerpo. Aquella noche sería una de las peores de mi vida.

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