Al pie de los Himalayas

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El primer contacto con los autobuses Indios nos dio algunas pistas sobre cómo seria de ahí en adelante. En realidad, el viaje no fue muy malo hasta que alcanzamos las faldas de los Himalayas.

Entrando en los Himalayas

Antes de que oscureciese apenas pudimos ver unas pocas montañas y no de gran altitud precisamente. Para cuando alcanzamos mayor altura ya era tarde y la noche escondía las gigantescas moles de piedra que teníamos delante. Sabíamos que eran altas las por la cantidad de curvas del terreno y el frío que se colaba dentro del vehículo al abrir las ventanas cuando algún indio, debido a las incesantes curvas, sacaba la cabeza para vomitar.

Serían las 10:00 de la noche cuando el bus alcanzó Dharamsala. En la oscuridad, todavía desde lejos, mientras nos acercábamos pudimos ver las laderas de las montañas impregnadas de puntos de luz aquí y allá formando una red de calles y callejuelas iluminadas. -Es una bonita estampa- Pensé. Las montañas siempre lo son. A esas alturas del viaje pensaba que ya no quería saber nada de montañas por un tiempo. Pensaba que había tenido suficiente en los últimos 3 meses. Pero no puedo engañar a mi corazón que sin remedio se puso contento al llegar a los Himalayas.

En la misma estación de autobús hicimos trasbordo al bus que nos llevaría a Mcleodganj, donde se encuentra la residencia del Dalai Lama. A nuestro lado se sentaba Tsela, una chica joven de facciones y aspecto tibetano. Entablé conversación con ella creyendo que sería local y quizás me podría dar alguna pista sobre alojamiento barato y sobre qué hacer en aquel pueblito de montaña. Resultó que Tsela si era de origen tibetano pero había crecido en Suiza adoptada por una familia desde que era muy pequeña. Ahora se encontraba allí estudiando la lengua tibetana, su cultura y sus costumbres. Básicamente aprendiendo sobre sus raíces.

Resultó incluso más útil que si hubiera sido local. Me recomendó varios lugares para visitar y actividades para hacer, además al llegar nos llevaría a un buen sitio para dormir que además era muy barato (100 rupias por cabeza). Antes de despedirnos nos comentó que al día siguiente había una celebración en el templo y el Dalai Lama estaría presente. Le dimos las gracias y nos despedimos hasta el día siguiente, puesto que nuestra intención era presenciar la celebración y ver a su santidad.

Paseando por Mcleod

Fracaso total. Al día siguiente ninguno de dos se despertó a tiempo, así que perdimos nuestra oportunidad de ver al Dalai Lama. Bueno… cosas que pasan. Todavía había mucho por ver y mucho por hacer en Mcleodganj.

Aunque tarde, fuimos al templo y pudimos ver parte de las celebraciones. Tibetanos bailaban y cantaban vestidos en sus ropas tradicionales dentro del recinto lleno de gente. Monjes budistas, turistas y gente local abarrotaban el templo de arriba abajo para ver las bailarinas.

Hasta aquel día nunca había visto en persona una mujer tibetana. Parece que están hechas de porcelana, sus facciones bien marcadas resaltan de manera instantánea a los ojos de un occidental. Es como si las hubieran fabricado con mucho cuidado. Los ojos son muy rasgados y los pómulos resaltan en una cara pequeña y fina. Por lo general la nariz es ancha y los labios son finos dando aspecto de ser delicados. Su piel es ligeramente morena así que acorde con los cánones de belleza asiáticos se la cubren con maquillaje de tonos más claros. Nos quedamos a ver aquellas muñecas de porcelana terminar sus bailes y salimos del recinto.

Aquel día lo dedicamos a ver los alrededores del templo y el resto del pueblo. Fue un paseo simple, sin más intención que la de andar y admirar las gentes y el paisaje. Mcleodganj era un pueblo tranquilo de las montañas. Incluso con el festival de cine (esos días se celebraba el festival de cine independiente de Dharamsala) y la celebración de aquel día, a diferencia de cualquier otro lugar en la India, la cantidad de gente en las calles no era exagerada. Fue un respiro agradable después de Islamabad, Lahore y Amritsar. Por su calles transitan monjes budistas y turistas por igual. El hecho de que el Dalai Lama viva allí es un reclamo espiritual y turístico por igual diría yo. En las dos calles principales que bajan desde la plaza central hasta el templo, una hilera de puestos que venden figuritas o pinturas de Buddha, además de los típicos recuerdos como los mala (collar de cuentas que se usa para meditar) etc, ofrecen a los turistas saciar la casi necesidad de comprar un recuerdo de Tibet o simplemente un collar bonito.

Aprovechábamos la hora de la comida y la cena para probar algunos platos típicos de cocina tibetana como los Momos o el Thupka. Recuerdo un bar/restaurante que no se me olvidaría en toda mi estancia en la India. El “Peace café” servía comida riquísima y abundante a buen precio además de tener muy buen ambiente.

Triund

El segundo día hicimos el trekking hasta Triund, una pequeña cumbre al norte del Mcleod desde donde se pueden contemplar grandes montañas de los Himalayas a lo lejos. Eso si el día es claro, porque nosotros no vimos nada bajo el cielo encapotado de aquella mañana.

De camino desayunamos en un pequeño puesto con mesas donde servían chai . Allí, llamó mi atención una mujer occidental de avanzada edad, unos 70 años o más diría yo, vestida con un salwar (ropa tradicional india). La mujer se desenvolvía muy bien, parecía más que confiada y segura de lo que hacia, no me daba la impresión de que fuese una turista de visita por primera vez. La mujer terminó su chai, se levantó despacio de la silla, como si el cuerpo le pesase 100 kilos, y se dispuso a marcharse. Estaba de espaldas a nosotros así que pronuncié un enérgico – Excuse me!- Para que la mujer mirase hacia donde estábamos sentados.

-¿Si?- Contesto la mujer.
-Disculpe que la moleste, ¿puedo hacerle una pregunta?-
-Por supuesto joven-
-¿Cuándo fue la primera vez que visitó India?-

La mujer sonrió y mirando al cielo dijo en un suspiro:

-En 1963-

Nuestra reacción fue soltar un largo -wooooow- y seguramente poner cara de idiota.

-¿Ha cambiado mucho India en todo este tiempo?-

La respuesta a esta pregunta se convertiría en una frase que marcaría los cuatro meses de mi viaje en india de manera bien profunda.

La mujer esta vez soltó más un bufido que un suspiro y respondió rápida y contundente:

-En la India antes todo el mundo contaba el Mala, hoy todo el mundo cuenta rupias-

Aquella frase se me quedó grabada y durante mi paso por la India pude ver reflejadas aquellas palabras  en un millón de ocasiones en muchas de mis vivencias en aquel loco territorio.

Nos despedimos de aquella señora que se alejo muy a paso aletargado. Terminamos de desayunar y comenzamos a andar. El camino hasta la cima lo hicimos a paso ligero, no se por qué pero aquel día estábamos llenos de energía y poco menos que corrimos hasta arriba. Al subir ayudamos a un grupo que tenía una chica desfallecida. Estaba blanca, seguramente del esfuerzo le habría dado un bajón de azúcar, le dí las galletas de chocolate que llevaba en la mochila y seguimos hasta la cima.

Cuando llegamos arriba no nos dio tiempo más que a tomarnos un chai para calentar el cuerpo y a tomar cuatro fotos ya que el viento y la nieve hacía que a uno se le helaran los huesos. No tardamos ni 20 minutos en emprender el camino de regreso.

Bajando nos encontramos de nuevo al grupo que ayudamos al subir y fuimos con ellos el resto del camino. La chica estaba mejor aunque no podía seguir así que decidieron bajar.

Empezó a llover por lo que tuvimos que refugiarnos aquí y allá hasta que llegamos al pueblo. durante el camino nos contamos nuestra vida un poco y bueno… para nuestra sorpresa, este grupo pertenecían a una comunidad de amantes de Jesús (así se definían ellos), y se movían por India haciendo… no sé… lo que sea que hacen los amantes de Jesús. La cuestión es que eran muy majos y nos cayeron muy bien. Cuando llegamos al pueblo, antes de despedirnos, nos invitaron a ir a una cena que hacen cada semana para conocer gente nueva. A ellos no les dijimos que no así que intercambiamos teléfonos para quedar mas tarde. Pero en cuanto se fueron, Julio y yo nos preguntamos el uno al otro y los dos dijimos que no íbamos ni por asomo.

-Estos tíos son de una secta y nos querían atrapar jajaja- Me acuerdo que comenté medio en broma.

Pero ni mucho menos. Durante el día lo pensamos y decidimos que si nos quedábamos hasta el Viernes, que era cuando era la cena, iríamos.

Tibet y su lucha

Al día siguiente pagamos las consecuencias de ir tan rápido hasta Triund. Con las piernas cansadas nos arrastramos por el pueblo hasta el museo del Tíbet donde pasamos toda la mañana. Creo que fue la primera vez en mi vida que voy a un museo y lo veo entero de arriba a abajo. La historia del Tíbet es un drama verdaderamente perturbador. Muchos jóvenes monjes y no monjes han llegado hasta el punto de auto inmolarse como “acto pacífico de protesta” para alcanzar mayor difusión e impacto mediático. Esperando que así la comunidad internacional ponga mayor presión al gobierno chino sobre el tema de Tibet.

Prenden fuego a sus cuerpos y andan en llamas proclamando la liberación del yugo que ejerce el gobierno central chino sobre el territorio y las gentes del Tíbet. Esto es dramático… pero ni siquiera este es el gran drama de este pueblo por muy macabro que parezca decirlo. Tíbet se encuentra bajo dominio de la República Popular China, cuya política de gobierno es la de destruir cualquier signo de identidad diferenciadora entre los ciudadanos y pueblos de su basto territorio, y es mucho el territorio del que estamos hablando. Buscan una especie de homogeneidad, que no igualdad, en todo el país. Es como si pretendieran que el país fuera una máquina perfecta de piezas iguales en la que nadie piensa o hace diferente. Donde las ideas e ideales están todas a favor y servicio del régimen.

Regiones como Tíbet y Xinjiang debido a su notoria tradición cultural y religiosa, presentan batalla al aniquilamiento de sus culturas, pero parece que es una guerra que están perdiendo. La respuesta del gobierno chino ante tal actitud es la de aniquilar, matar, secuestrar, destruir y casi lo peor de todo… borrar de la memoria histórica las tradiciones y cultura de estas gentes. Tanto en Tíbet como Xinjiang, un ciudadano chino de etnia Han tiene beneficios fiscales por abrir un negocio, mudarse allí o casarse con alguien perteneciente a estas minorías. La idea parece ser la de erradicar cualquier atisbo de identidad cultural tibetana en el propio Tíbet o Uygur en el caso de Xinjiang.

Esto es un un drama para toda la humanidad. Que la diversidad cultural del planeta se vea mermada de esta manera. Y es un drama mayor, una abominación si cabe decir, el hecho de que esté pasando y la comunidad internacional no haga nada para evitarlo. Igual que en el caso de la crisis de los refugiados, los actos de hoy en lo que corresponde a este asunto, resonaran con un eco perturbador en el futuro, que hablara de lo qué fuimos en este tiempo y de cómo nos comportamos. Definirá el recuerdo que las generaciones futuras tendrán de la especie humana en este siglo. Claro… eso si sigue habiendo especie humana o si sigue habiendo memoria histórica porque China no acabó con ella. Un serio ejercicio de reflexión haría que se nos cayera la cara de vergüenza como especie.

La ultima cena en Dharamsala

Dicho esto, que no podía dejar de decir, mi historia continuó aquel día en la comunidad de amantes de Jesús.

Al final nos quedamos, y decidimos ir a cenar con nuestros nuevos amigos. Llegamos a un piso pequeño y nos sentamos en un salón con el suelo cubierto por alfombras y cojines. Formamos un círculo y después de un rato de presentaciones con los demás miembros de la comunidad llegó la hora de atacar la comida.

Antes de hacerlo nos pusimos de pie, nos dimos las manos y dimos gracias al señor por los alimentos. No recuerdo bien lo que nos sirvieron pero recuerdo que me gustó. La comunidad entera eran unas 6 personas en aquel momento pero por lo visto los miembros van y vienen, así que a veces son más y a veces menos. Yo llevaba puesto un Mala de semillas de loto (collar de cuentas para la meditación), que había comprado el día antes, enrollado en la muñeca. Al verlo alguien me preguntó si era budista o si seguía alguna religión. Quizás fui demasiado directo pero bueno… es mi estilo supongo y además quería dejarlo claro desde el principio.

-Llevo esto porque me interesa la meditación pero no soy budista. Hace unos años estuve viviendo un mes en un monasterio en Tailandia donde tenía uno y ahora echaba de menos tenerlo para meditar así que lo compré.
Hice una pausa y me pensé durante un segundo si contestar de la manera en la que lo iba a hacer.

– Con respecto a lo de la religión… Mi madre es española y católica… mi padre Iraní y musulmán. Me educaron para respetar ambas religiones y todas las demás con el deseo de que yo eligiese cuando fuera mayor… A día de hoy soy totalmente ateo.

No solo soy ateo, si no que además soy bastante reaccionario con el tema de las religiones, pero eso me lo guardé para mi.

Todos me miraban sin decir nada, y alguno asentía con la cabeza. Me crucé la mirada con Julio que tenía cara de querer matarme… pero de buenas jajaja. Y de alguna manera el silencio se rompió y seguimos la conversación como si nada.

En realidad fue una velada fantástica con unas fantásticas personas que nos abrieron sus puertas y nos ofrecieron su hospitalidad. Nos quedamos quizás una hora más en la que hablamos de diferentes temas. Hablamos mucho sobre la India y los diferentes lugares que debíamos visitar, ya que alguno de ellos llevaba más de 5 años allí. Escuchamos sus historias y compartimos las nuestras. Como digo, fue una velada estupenda.

Aquella noche me fui a la guest house muy feliz y con la tripa llena. Al día siguiente pondríamos rumbo a Shimla, la capital del estado de Himachal Pradesh. Me había gustado Dharamsala y de hecho me había quedado con ganas de más, pero la India ya me había empezado a dar algunas pistas sobre como iba a discurrir el viaje.

Nos despedimos de Tibet. Digo… de Dharamsala

El autobús a Shimla salía por a noche y serian más de 8 horas por oscuras curvas entre montañas menores de los Himalayas. Aquel día fue un día de relax, sentados en un café con Santi y Sule (podeis seguir sus aventuras en su blog Asiaotraparte), dos asturianos que Julio conoció en Amritsar antes de que yo llegara. Estos dos amigos estaban viajando por India y ya se dirigían a Nepal. Su intención era llegar a sudeste asiático por tierra y visitarlo de arriba abajo. Hicimos muy buenas migas los cuatro y como dios manda, pasamos unas horas de la tarde antes de irnos jugando al Mus mientras nos bebíamos nuestros respectivos chais. Julio era principiante y yo estaba desentrenado así que nos fuimos con una paliza encima.

Al fin llegó la hora de coger el bus y despedimos por el momento. Quedamos en vernos de nuevo en Rishikesh.

El trayecto fue movidito, los asientos duros no te permitían estar cómodo o dormir un poco y los ruidos de las arcadas que sufrían los indios te revolvían el estómago. Pero bueno, estamos acostumbrados a estas cosas. No pasa nada, aguantamos como campeones y llegamos a las 05:00 de la mañana a nuestro destino.

Shimla

La vista desde Shimla resultó ser, si cabe, más bonita que desde Dharamshala en un primer momento. A las 05:30 de la mañana el bonito amanecer nos daba algo de fuerza para buscar algún sitio donde dormir. Todo era muy caro, (600 rupias el lugar más barato que encontramos) así que no estábamos muy contentos despues de haber pagado solo 200 el día anterior. Planeábamos estar solo un día y partir a Rishikesh.

Shimla pasó rápido, el primer día subimos al templo de Hanuman, el dios mono. Arriba, en la cima que sobresale por encima de la ciudad por el noroeste, una estatua gigante de Hanuman que mide alrededor de 30 metros asoma entre los árboles, como vigilando la ciudad.

Ese cartel está colocado al principio del camino. Incluso con el cansancio que llevábamos encima por culpa del bus, hicimos el camino en menos de 30 minutos así que todavía podíamos decir que estábamos fuertes. Estuvimos toda la mañana en el templo rodeados de monos bajo aquel Hanuman de dimensiones exageradas.

Por la tarde visitamos la ciudad. Shimla, a pesar de estar en las montañas no goza de la paz de otros lugares en los que estuve antes, o al menos no tanto. Una riada de gente inundaba las tiendas y los restaurantes de la calle principal y los comerciantes se te tiraban encima a venderte lo que sea.

Lo siguiente queda como anécdota graciosa, pero en el momento me sentí estúpido. Un comerciante me vendió un paquete de 250g de anacardos… ¿o eran 200g? ¿Hasta aquel punto de ridículo y absurdo llegaba el intento de timo? Ya habíamos tenido intentos de sacarnos dinero pero esto me pareció exagerado. Todavía no conocía la India.

Al día siguiente cometimos un error del que nos arrepentiríamos más tarde.

-¿Autobús local para Rishikesh no? Es más barato.
-Si, si. Bus local… hay que ahorrar.

Y así es como compramos un billete de bus local de 12 horas hasta Haridwar para luego ir a Rishikesh. El bus salía a las 07:00 de la tarde así que pasamos el día caminando por la ciudad. Fuimos a la plaza central, donde está la iglesia y andamos por calles del casco antiguo reformado. Me encantaron las casas coloniales que todavía se conservan hechas pedazos, le daban al paisaje un toque nostálgico.

Pasadas las 08:00 nuestro bus salió para Haridwar a recorrer el millón de curvas que nos separaban de allí. Y con nosotros también los 80 indios de estómago ligero cargados con sus 20 bolsas, cajas y maletas cada uno. La noche pintaba muy graciosa.

2 Comentarios

  1. gadi
    | Responder

    Despues de leer tu reflexion sobre el Tibet, me vino a la mente la peli “El Atlas de las nubes”…(Cloud Atlas) Esta Basada en una novela del mismo nombre que no me he leido…
    La peli son 6 historias entrecruzadas y una de ellas tiene un paralelismo brutal con la alineación y el crear una sociedad igual”homogenea”.
    Si no la has visto, es una buena peli, a mi me gustó bastante.
    Gracias de nuevo por tus historias Davidcillo!!!
    Todo lo mejor!!!

    • David Abbas
      | Responder

      Me la apunto para verla estos días.

      Gracias a ti por el apoyo y el cariño Gadi!! Un beso!!

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