Kyrgyzstan, tierra de caballos y tradiciones

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Continuaba la aventura en Kyrgyzstan. Llegué poco antes que Julio y Shota (un chico japonés que Julio conoció en el hostal de Bishkek) a la calle principal de Kochkor. Después de un poco de confusión para encontrarnos al final  conseguimos reunirnos y empezar a planear cómo hacer para visitar el lago Son-Kul.

La batalla con los taxistas de Kochkor

Por lo visto, dentro de lo poco turístico que puede ser Kyrgyzstan (aunque cada vez lo es mas) Son-Kul es de los destinos más populares para visitar. Tanto desde Kochkor como desde Naryn, que están al noreste y sureste del lago respectivamente, se pueden contratar rutas con guía, rutas a caballo, Yurts (cabañas tradicionales kyrgyz) para dormir cerca del lago y cualquier cosa que necesite un turista. En cualquiera de los dos sitios las agencias y los taxistas te cobran una cantidad ingente de dinero comparandolo claro con el precio real. En consecuencia y gracias a las historias de otros viajeros que habían estado, yo pensaba que podríamos llegar al pequeño pueblo de Kyzart y allí conseguir todo más barato hablando directamente con los lugareños.

Nos dijeron en un ciber-cafe que 750 soms (unos 11 euros) sería un precio justo para que un taxi nos llevara hasta allí. Pues bien, nos pusimos manos a la obra y esperanzados, empezamos las negociaciones con los taxistas. Con ello, el acoso comienza. Los taxistas te rodean acechantes esperando a que flaquees y aceptes su abultada propuesta. Ninguno bajó de los 1000 y el que mejor trato ofrecía se llegó a pensar 900. Aunque negociabas con cada taxista, otros venían también a dar su opinión sobre el precio y decirte que si o que no. Se querían quitar los clientes unos a otros pero a la hora de timarnos todos se convertían en un único ente. Cuando nos decidimos a pagar 1000 de repente los cabrones ya no querían, vieron que habíamos perdido la batalla y ahora eran 1300 soms. A lo que nos negamos rotundamente.

Fuimos preguntando a gente y al final alguien nos dijo que había un marshrutka dirección Chayek que nos dejaría en Kyzart. La información no estaba muy clara así que teníamos muchas dudas y además se nos estaba haciendo tarde. Los taxistas nos rodeaban y les decíamos que o 750 o nada porque íbamos a coger el marshrutka a Chayek y ellos se quedaban sin nada. Los listillos nos decían que no existía tal marshrutka, que sólo es por la mañana y se reían repitiendo que por 1300 nos llevarían. El dinero no era tanto y a cualquiera de nosotros nos hubiera dado igual pagarlo pero teníamos, o al menos yo, una sensación de estar siendo estafado y además con sarna que no me dejaba aceptar el trato. Aún así estábamos desesperados y la incertidumbre de si vendría o no el bus nos comía por dentro hasta el punto de casi aceptar. Varias veces le repetía al taxista que más nos acosaba que se iba a quedar sin nada porque el marshrutka venía. Él miraba a otro lado y repetía que no, que no…

-No marshrutka my friend! 1300 and we go!

Casi habíamos sucumbido cuando, no se cómo, se me ocurrió hacer semejante jugarreta pero cuando el taxista miraba hacia otro lado yo grité:

-Look! the marshrutka to Chayek- Al desgraciado le cambio la cara y se apresuró a girarse para mirar la carretera por donde vendría. Buscó con la mirada por todos lados y volvió la mirada hacia a mi riendo. En ese momento yo empecé a partirme de la risa y le dije que era un cabrón y que nos estaba engañando. Que él sabía que el marshrutka vendría. Él también se reía y miraba al suelo todavía negando con la cabeza y repitiendo que no, que no.

-Last chance my friend, 750 or nothing!- él negó de nuevo y repitió su contraoferta
-1300
-No my friend sorry, we will take the marshrutka.
-No, no. No marshrutka.- Y la dinámica no cambio por el momento, pero al menos, nos había dado una pista que me hacia tener mas esperanzas de que tendríamos nuestro transporte antes o despues.

No pasaron ni 5 minutos cuando un marshrutka con un cartel en el que decía -CHAYEK- se paró delante de nosotros. La situación terminó siendo mas cómica que otra cosa. Nosotros nos reíamos y todos los taxistas también. Una sensación de alivio y de victoria nos recorría el cuerpo a los tres. Ya nos estábamos montando cuando el mismo taxista venía riéndose y diciendo que por 750 estaba bien. Entre risas le dije:

-Now 500 my friend- Se giró y el pobre no volvió.

Kizart y sus caballos

El viaje hasta Kizart fue corto pero lento. Cruzamos un paso de montaña donde todo tenía una buena capa de nieve. Llegamos a la intersección que lleva al pueblo cuando ya estaba oscuro. Desde allí hay que andar un poco hasta el pueblo pero tuvimos suerte y unos chicos, que estaban en un coche parados a un lado de la carretera, a los que preguntamos nos llevaron directamente hasta una casa donde dijeron que podríamos quedarnos.

Aquella casa era la de Talgart, al que conoceríamos un par de días después. Aquel día lidiamos con Nurlan, su hijo, un chaval de 24 años con una cara de rasgos marcados y, en aquel momento, aspecto curtido por un golpe en el ojo. Ahí mismo negociamos el precio de la estancia y de los caballos para hacer la ruta hasta el Son-Kol. Julio y Shota no tenían saco ni tienda y en todo Kizart no tenían para prestar, ni alquilar, ni nada. Sin mas remedio quedó descartado pasar la noche en el lago, pero en vez de eso podríamos hacer un día de marcha a caballo hasta el paso de Kyzart, desde donde veríamos el lago. El precio fue 5 veces inferior del que nos informaron algunos turistas que conocimos en Kochkor.

La casa estaba bien. Como mas tarde supe, en los pueblos de Kyrgyzstan el baño esta fuera de la casa y no es mas que un agujero en el suelo que huele a muerto. La mejor hora para hacer uso es nada más levantarte, ya que todo está congelado y en consecuencia no huele tan mal como a medio día. El agua era de un pozo que tenían al lado del establo. Siempre se aseguraban de que tuviéramos agua caliente en un gran hervidor para té.

La primera noche, aparte de una fugaz visita de la madre de la familia para ver si teníamos mantas y todo estaba correcto, solo tratábamos con Nurlan que no sabía absolutamente casi nada de inglés pero entre señas y el poco del ruso de Julio nos entendíamos bien. Enseguida nos cayó a todos muy muy bien. Era un tío callado que sonreía enseguida. A veces parecía que nos miraba confuso… como diciendo -yo no entiendo a estos tíos- e inmediatamente volvía a sonreír. Aquella noche preparamos algo de cenar con mi camping gas y nos fuimos a la cama, al día siguiente madrugábamos.

Por la mañana despertamos, desayunamos y fuimos directos a ensillar los caballos. Una vez fuera, el lugar ya no parecía ni tan frío ni tan desolado como la noche anterior cuando llegamos. El color de la mañana era cálido y se veían perfectamente las montañas a las que nos enfrentaríamos aquel día de camino a lago. En el patio estaban los establos con los caballos y, lo que nos llamo la atención como es natural, un lobo enjaulado. El animal estaba asustadisimo de nosotros, daba vueltas y vueltas dentro del pequeño habitáculo de rejas en el que se encontraba y raramente se paraba tres segundos a mirarnos para seguir su frenética huida en círculos y hacia ninguna parte.

Yo creo que había montado alguna vez más en alguna granja escuela o algún sitio similar, pero a decir verdad ni siquiera me acuerdo. Nos dieron unas directrices básicas en 30 segundos y ale..

Algo así como -¡Shu!- Era para que el caballo andase y -Brrrrr- para que se detuviese. También teníamos una fusta y por supuesto los talones para azuzar al caballo. Yo le debí caer bien al penco que me tocó porque me hacía caso todo el rato y se me hizo bastante fácil dirigirlo con las riendas.

Los cuatro empezamos la marcha con Nurlan a la cabeza. Su caballo era un ejemplar alto con el lomo elevado y de color marrón oscuro. Tenía apariencia de ser un ejemplar fuerte y joven. Los nuestros, a diferencia, eran algo más pequeños y con el lomo más curvo… como caído. No es que parecieran débiles, y demostraron no serlo, pero si que no diría que tenían el poderío que tenía el de nuestro guía.

Le seguíamos despacio y aveces Julio y yo echábamos carreras durante unos metros. Shota tenía más problemas para manejar el suyo así que solía ir un poco más atrasado. El paseo para subir fue tranquilo. El armonioso movimiento de los cuerpos sobre la silla se convirtió en algo normal, en una especie de mecerse tranquilo por el valle. También se convirtió en parte del paisaje cuando algún compañero estaba delante y el propio balanceo de uno se acompasaba al suyo como si de un contagio se tratase. La luz de la mañana hacía que todo pareciese más bonito sobre el gran valle que cruzábamos para llegar al pie de las montañas.

Una vez empezamos el ascenso el paisaje cambió. Durante la subida los caballos tuvieron algo de problemas. El mío en una ocasión se paró y no había quien lo moviese. Se les veía jadear y sudar a través del pelaje. Además la altura estaba haciendo estragos. Estábamos ya a más de 3000 m cuando paramos a hacer un descanso.

Para cuando llegamos a lo alto del paso, unas cuatro horas después de salir, alcanzamos los 3600 m de altitud. No sé si los caballos dirían lo mismo pero nosotros coincidíamos en que mereció la pena. La cumbre estaba nevada bajo nuestros pies y las vistas panorámicas daban tanto al lago como al valle. Estuvimos un rato allí. Comimos, charlamos e hicimos fotos. Nos quedamos con ganas de seguir bajando para llegar al lago, pero eso quedaría para otra aventura algún día.

Bajar fue otra cosa. Quizás más benévolo para los caballos, pero nosotros al poco rato íbamos cambiando posiciones en el asiento para ver si nos dejaba de doler el trasero. Fue más sufrido. Más que nada supongo que porque llevábamos más rato ahí sentados, y cuanto mas rato te tires en la silla mas te duele.

Fuimos por otro camino pasando de montaña a montaña y no bajamos al valle hasta ya estar bien cerca del pueblo. La luz del atardecer una vez más hizo que todo cobrara un color mágico. Cuando llegamos al pueblo de nuevo estaba reventado de cansancio, y con un dolor de nalgas que arrastraría hasta China unas semanas después. Julio y Shota estaban como yo, no parábamos de comentar lo que nos dolían las posaderas y de reírnos de nosotros mismos con ello. Aquella noche fue como la anterior, pero esta vez, con el cuerpo echo un trapo. Doloridos y con frustradas ganas de darnos una ducha nos fuimos a la cama bien pronto.

El Kok Boru

Al día siguiente nos ofrecieron ver un partido de Kok Boru. Difícil de explicar…difícil y brutal.

El Kok Boru es una tradición convertida en deporte o quizás un deporte convertido en tradicion…no lo se. Algunos países de la zona como Kyrgyzstan, Tajikistan, Kazajistan, Mongolia e incluso Turquía lo practican desde tiempos ya remotos. El Kok Boru se remonta al antiguo imperio mongol que conquistó gran parte del mundo conocido en aquella época. Más tarde se convirtieron en el imperio Otomano y de ahí que para el que no lo sepa (como yo antes de llegar), que el ver tanta influencia turca por toda esta zona resulte una sorpresa. Uno espera ver más influencia china (que también), pero de verdad, mi impresión fue que son más turcos que chinos… incluida en la propia China, la provincia de Xinjiang. Pero eso es ya otra historia que contaré más adelante.

El caso es que el Kok Boru es un tradición/deporte muy antiguo que consiste en que dos equipos de hombres a caballo se disputan una oveja muerta (a la que previamente le han cortado la cabeza y las pezuñas) de entre 30 y 40 kilos y la intentan encestar en una especie de canastas grandes. Es difícil describir como se desarrolla un partido de Kok Boru así que he juntado unos vídeos e imágenes para que también hablen por mi y os hagáis mejor idea de que es.

 

La oferta de Nurlan consistía en que si comprábamos la oveja podríamos ver el partido y al terminar podríamos comérnosla. Nos pareció entre curioso y delicioso así que aceptamos.

El partido duro un par de horas. Ellos jugaban y nosotros estábamos ahí entre horrorizados y divertidos haciendo fotos y vídeos de las jugadas o las “¿canastas?”. La destreza de los jinetes nos dejaba asombrados una y otra vez. Se lanzaban unos contra otros embistiéndose sobre los caballos a la vez que intentaban arrancar la oveja de las manos del contrincante. Cuando la oveja caía al suelo la agarraban desde su montura bajando la mano hasta el suelo en pleno galope. Era impresionante ver como la cogían y la levantaba hasta el lomo de sus monturas. Nurlan, nuestro anfitrión, resultó ser el jugador estrella, siempre agarraba bien el animal y cabalgaba ágil entre los contrincantes hasta encestar. Cuando la llevaba cogida y cabalgaba rápido, lo hacía con la oveja debajo de una pierna mientras con una mano agarraba una de las patas y con la otra llevaba las riendas de su caballo. ¡Brutal! Fue un espectáculo brutal… pero todo un espectáculo.

Kymyz y cordero

Volvimos a la casa con el cuerpo todavía dolorido de las agujetas del día anterior. Allí descansamos un rato y por la tarde nos trajeron un estofado de cordero. Muy rico pero la cantidad fue decepcionante teniendo en cuenta que nosotros esperábamos una gran barbacoa de cordero.

Esa noche Talgart, el cabeza de familia, se sentó con nosotros después de la cena. La conversación fue la típica de preguntas y respuestas sobre nosotros. ¿Pais? ¿Edad? ¿Trabajo? ¿Que hacemos allí?… y el largo etc de siempre. Aprovechando el poco ruso de Julio, nosotros también hicimos algunas preguntas.

Hablamos sobre la zona, el turismo y los caballos. La conversación sobre los caballos derivó de alguna manera en el Kymyz, una bebida alcohólica típica de Kyrgyzstan hecha a base de leche de caballo fermentada. Talgart llamó a Nurlan, le dijo un par de cosas que no entendimos y este desapareció de nuevo. Al volver lo hizo con una palanca enorme, levantó uno de los maderos del suelo y del fondo de un agujero sacó una botella de coca-cola con un líquido blancuzco y espumoso.

Talgart lo preparó como se debe hacer con el Kymyz casero, quitándo gas y espuma. Agitando y abriendo y cerrando la botella haciendo que el gas escapase poco a poco. Sirvió un vaso a cada uno y ale… a disfrutar.

Yo no disfrute mucho… supongo que todavía tenía miedo de como reaccionaria mi estomago. El kymyz tenía un sabor como lechoso pero agrio y a la vez parecido a la sidra de alguna manera. Bebí la mitad de mi vaso y el resto se lo tomó Shota. Unas fotos y a la cama. Al día siguiente madrugábamos, Julio y Shota volvían a Bishkek para seguir con el bishkeking (estar allí sin hacer nada pero a gusto) y yo me dirigía al sur, a Naryn para luego proseguir mi camino al sur.

Nos despertó Talgart y él mismo nos llevó a donde paraba el bus. Allí me enteré por un golpe de suerte que no podría ir desde Naryn hasta Osh directo. Por lo visto la orografía montañosa de Kyrgyzstan sólo permite hacerlo pasando por Bishkek. Sin más remedio me toco volver a hacer algo de bishkeking a mi también, cosa que no me importaba para nada. Ese viaje se nos hizo largo, no lo era en realidad pero nos dolía el culo y la espalda lo suficiente como para ir muy incómodos en el marshrutka.

Bishkeking

De vuelta en Hostal 23 me alegré de ver a Vika, enseñarle las fotos y en general estar en un lugar que consideraba cómodo y seguro. Con ducha de agua caliente y cocina (entonces no lo sabía, pero sería la última vez que estaba cómodo y caliente en mucho tiempo).

Sólo me quedé dos noches. La tercera me despedí de todos y fui a la estación a coger un bus nocturno hasta Osh. No sabía lo que me esperaba en el sur de Kyrgyzstan y no sabía muy bien qué haría o dónde iría pero mi intención era acercarme a la frontera con China lo más que pudiese. Tenía que entrar en Pakistán en menos de 20 días o se me caducaría el visado y por aquel entonces la frontera con China estaba cerrada por vacaciones nacionales. Puesto que en estos países la cosas a veces son así, no hay certeza de cuando la abren ni de donde conseguir información de la que te puedas fiar sobre el tema. Además el tiempo estaba empeorando y cada vez hacía más frío, lo que añadía riesgo de que cerraran los pasos de montaña debido al temporal. Y eso me podría pasar tanto en Irkeshtam a más de 4000 m de altitud (frontera entre Kyrgyzstan y China) como en Khunjerab a más de 5000 m de altitud (frontera entre China y Pakistán). Todo esto me causaba bastante desasosiego ya que si no cruzaba por Pakistán tendría que saltarme la India si quería continuar la vuelta al mundo sin aviones. Lo mejor que podía hacer era acercarme lo mas posible a la frontera y en cuanto viera la oportunidad entrar al país vecino.

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