La ruta licia

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Playa, por fin playa y por fin el combo de sol, arena y mar que tanto nos apetecía. El primer contacto con el mar mediterráneo en la costa turca fue en Fethiye. Cruzamos la ciudad costera rumbo a Oludeniz y proseguimos rumbo este por la carretera llena de curvas y acantilados. Allí es donde empezaba nuestro paraíso de de sol y arena, pero queríamos estar aun mas perdidos así que continuamos hasta Kabac, una playa que conocí de casualidad un par de años antes otro viaje.

Kabak

Despues de unos 20km  de curvas, subidas y bajadas siempre con el mar al fondo del acantilado bajo nosotros y siempre a nuestra derecha, llegaríamos a una zona con algunos coches aparcados en un camino de tierra que descendía  hasta el mar. Aquel horroroso camino de arena, piedras y baches lleva hasta la playa de Kabac pero por suerte o por desgracia el camino esta restringido a los coches. Aparcamos en viejo corsa en cerca de un hotel, que había en medio del camino. Sacamos las mochilas y metimos lo que íbamos a necesitar y bajamos andando hasta a la playa. Unos 30 minutos descendiendo por los caminos de tierra entre árboles. A medio camino ya podíamos ver las aguas turquesas y la arena blanca se extiende unos 200 metros desde la playa al fondo de un cabo formado por dos grandes acantilados que sólo permiten accesos estrechos de caminos entre rocas y árboles desde el final del valle. En Kabak hay algunos campings que ofrecen bungalows, a los que pueden permitirselo, o un hueco para poner la tienda de campaña. Muchos otros duermen en la playa a pelo y otros, como por ejemplo nosotros, duermen en el bosque refugiados entre árboles. El ambiente que se respira es muy familiar. Kabak es realmente un sitio muy pequeño así que después de un par de días pululando entre los caminos, la playa y las hamacas del camping ya conoces, al menos de vista, a todo el mundo. Las familias de los bungalows, los trabajadores de los campings, los hippies de la playa y los artesanos que venden pulseras en la playa y todos los demás se juntan por igual en la arena y se bañan en ese pequeño trocito de mar.

Los días pasaron lentos… Lentos y tranquilos. No hacíamos nada más que ir a la playa, tumbarnos en las hamacas y comer o dormir cuando teníamos ganas. Todo eso y poco más y siempre despacio sin mucha prisa por nada. No teníamos porque tenerla.

Como excepción, una mañana decidimos hacer un trekking a lo largo de un río que se adentraba desde la playa hasta el interior del cada vez más estrecho valle. Fue una excursión corta. Había dos rutas, la fácil, un camino largo por la montaña hasta la última cascada del río, y la difícil, seguir el recorrido del río a través del cañón y por lo visto aveces había que escalar. Por supuesto, como buenos escaladores cogimos la difícil. Efectivamente el recorrido aveces se hacia difícil y había que meterse al río y cruzar con la mochila en la cabeza o lo que peor aun, escalar por el lateral de las cascadas que encontrábamos. Patricia iba vaticinando que iba a morir cada dos por tres. Al principio me reía pero cuando empezaba a llorar ya me daba cuenta que estaba asustada de verdad y la intentaba tranquilizar. El premio estaba arriba, una sucesión de pequeñas cascadas de aguas frescas cada cual más bonita que la anterior. En una de ellas paramos a bañarnos, comer y simplemente disfrutar de la tranquilidad de aquel lugar escondido. He de reconocer que fui un poco vago estos días y no saqué la cámara todo lo que la tenía que haber sacado… ahora me arrepiento pero la verdad que no estaba de más un descanso de cámara y blog.

Fue aquí, en este paseo, cuando nos cruzamos la Ruta Licia por primera vez. Una pena no haberlo sabido antes, pero por aquí mismo pasa uno de los trekkings catalogados como más bonitos del mundo. Toda la costa de Mugla y de Antalya está unida por un tramo de esta antigua ruta de comerciantes en tiempos de los licios. La ruta a pie va por toda la costa, pasando por enclaves comerciales a lo largo de ésta. Supongo que muchos de estos comerciantes transportarían las mercancías en barco, pero lo bonito de esta ruta hoy en día es andar los antiguos caminos que en su día transitaron los licios. Aunque sólo por su belleza natural ya es un destino único, la ruta licia esconde un sin fin de historia y cultura. Ésta es una tierra vieja, una tierra pisada, conquistada y disfrutada por innumerables civilizaciones diferentes. Por sus caminos y enclaves no pararás de encontrarte ruinas Licias, Griegas, Romanas, Otomanas, etc. El atractivo de esta costa supongo que no pasó desapercibido para ninguna de estas civilizaciones.

Al quinto día, temprano en la mañana hicimos el petate y andamos de vuelta al coche. La subida bajo el sol mañanero fue mucho peor que la bajada el primer día. Una vez en el coche, exhaustos y acalorados nos decíamos a nosotros mismos que enseguida llegaríamos a Kas, nuestro siguiente destino a poco más de una hora de distancia por la costa en dirección este, así que todo estaba bien, el calor y el cansancio daban igual.

No pasaron ni 10 minutos montados en el coche por la carretera a lo la largo de la costa cuando el Corsa decidió dar el primer problema mecánico del viaje. A medio subir una cuesta simplemente se paró y dejó de funcionar de súbito. Dejé caer el coche marcha atrás con la suerte de justo aparcar enfrente del único bar-restaurante-hotel que había en unos cuantos kilómetros en ambas direcciones.

La historia de qué le pasaba al coche y como lo arreglamos fue larga, triste y fea, sobre todo para mi bolsillo. Pero bueno, una vez más, cosas que pasan. Acabamos echando el día entero en aquel bar y al final como a las 9 de la tarde pudimos salir de allí con el Corsa arreglado. Al menos tuvimos la oportunidad de ver un bonito atardecer. Cansados y sudorosos llegamos a Kas sobre las 11 de la noche. Con la oscuridad no pudimos ver la belleza de la bahía en la que se encuentra el pueblo. Pero eso fue una agradable sorpresa que se nos reservaría para el día siguiente.

Kas

Si Kabak fue un lugar para el regocijo de no hacer nada, Kas fue el lugar perfecto para no parar de hacer cosas. El primer día nos despertamos tarde y todavía cansados del día anterior pero el desayuno del camping/hostal en el que nos quedamos era digno de reyes así que después de la casi hora y media intentando tragar esa enorme cantidad de comida nos fuimos a visitar el pueblo y buscar una escuela de buceo. Después de dar una vuelta por el puerto y comer algo (en Turquía siempre parábamos a comer algo, todo estaba demasiado rico). La escuela de buceo fue fácil de encontrar, en Kas hay como 20… allí nos dejamos convencer para hacer un día de kayak en la bahía donde se encuentra la isla de Kekova (enclave importante de a ruta licia) además de la inmersión.

El segundo día fue para el buceo. Yo tuve la suerte de bajar a unos 18 metros donde pude ver tortugas y grandes bancos de peces. La temperatura y la claridad del agua eran perfectas. Ni siquiera tuve que usar neopreno. Después de 40 minutos de inmersión volví al barco y me encontré con que un instructor estaba bajando a Patricia. Me quedé a su lado y me dediqué a perseguirla con la cámara haciendo fotos y vídeos de su primera inmersión. Fue fácil y divertido. Kas es un sitio más que recomendable para pasar una semana buceando y no aburrirse.

El tercer y último día fue para el kayak. El pueblo de Kaleucagiz se encuentra cercado por el agua de la bahía que forma la isla de Kekova. En el espacio comprendido entre la isla y tierra firme las aguas están prácticamente en calma por lo que el manejo del kayak se hace fácil y agradable para cualquiera. Remamos en tramos de una hora o una hora y media durante toda la mañana. Visitamos una de las playas de la isla, las ruinas de la ciudad sumergida y por último las ruinas de la necrópolis al otro lado de la bahía. Con los brazos cansados y las cabezas atontadas de tanto sol y esfuerzo terminamos la jornada bastante cansados y felices. El último destino de nuestra visita por la ruta licia nos esperaba al final del día en Olympos.

Olympos

Calor mortal y sofocante, eso es lo que nos esperaba en Olympos. La playa de Cirali era grande, preciosa y fresca… si. Pero la playa se encontraba detrás de montañas que no dejaban pasar el viento al resto del pueblo. Pasamos unos días aplatanados por el calor visitando playas y bañándonos. Nuestra intención también era escalar pero una vez más, el calor lo hizo imposible. Precisamente Cirali también es parte de la ruta licia y es un lugar en el que hay mucho que ver. Ruinas entre el mar y los bosques en las montañas de alrededor son la principal atracción turística, pero con ese calor y la dejadez que teníamos en el cuerpo después del buceo y el kayak, cada vez que decíamos de ir a andar acabábamos pensando que la playa era mejor opción.

 

Saciado ese mono de playa, sol y arena con creces, el día 30 de Julio nos montamos en el coche y pusimos rumbo a Capadoccia. Entre 8 y 9 horas de coche en las que esperábamos no hiciese mucho calor, más que nada por el coche. El pobre se calentaba y empezaba a dar extraños tirones cuando pasaba de los 100 km por hora más de 5 minutos seguidos.

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