Largos días en Almaty

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Sentía como mi cuerpo estaba cansado y entumecido por el frío. Había cometido el típico error de alguien que viaja de un clima caliente a uno frío. Llevaba pantalones cortos y una sudadera muy fina. El resto de la ropa de abrigo estaba en la mochila.

Bienvenido al frio

Por vagancia y por las prisas decidí no abrir la mochila ahí en medio de la estación e ir a casa de Alex, quien sería mi anfitrión de Couchsurfing en Almaty. Quedé con Alex en que llegaría a su casa antes de la 7:00,  ya que de otra manera no podría entrar a su casa hasta por la tarde cuando el llegara de trabajar.

A las 6:30 de la mañana a las puertas de la estación de tren con frío en el cuerpo y un cansancio profundo, no había nada que deseara menos que quedarme en la calle 8 horas más. Estaba peleando por un precio decente con varios taxistas cuando la pareja que conocí la noche anterior en el tren se acercaron, me separaron de los taxistas, o buitres también se les podría llamar, y me dijeron que esperase. Yo estaba un poco ansioso porque no quería llegar tarde y quedarme en la calle pero opté por confiar. A los 5 minutos estaba sentado en un taxi que me costaría menos de la mitad de lo que estaban pidiendo los de la puerta de la estación. Despues de un abrazo y una despedida ya estaba de camino a mi destino. No fueron más de 10 minutos llegar a a casa de Alex, y gracias al sistema de distritos, edificios y números con el que están diseñadas las ciudades en Kazajistán, el piso fue muy fácil de encontrar.

Alex abrió la puerta y después de un apretón de manos lo primero que me dijo es que había otros dos couchsurfers en la casa. Los dos estaban durmiendo ya que aun eran las 7 de la mañana. Mi anfitrión ya estaba casi listo para ir a trabajar así que mientras terminaba de desayunar y organizar sus libros hablamos un poco sin importarnos mucho que Amelie (una chica francesa) estuviera durmiendo en el sofá cama a escasos 2 metros de nosotros. Bogdan, el otro surfer (un ucraniano) ya se había levantado por culpa del ruido y se estaba duchando. Yo necesitaba una ducha desesperadamente. En pocos minutos todo el mundo estaba despierto rodeando la mesa de la cocina charlando.

Alex se fue a trabajar y cada uno atiendo sus quehaceres. Amelie y Bogdan viajaban juntos, llevaban 5 días en Almaty y buscaban trabajo para el otoño antes de seguir viajando, así que cada uno estaba inmerso en su búsqueda ya sea bien en Internet o también por teléfono en caso de Bogdan. Por mi parte yo lo claro, tenia que arreglar todos mis problemas logísticos y burocráticos de un golpe y cuanto antes. Nada de perder el tiempo y voy derecho al consulado de China a tramitar el visado. En dos horas abriría así que tenia que estar el primero en la puerta con los documentos ya impresos.

Aun con todo el cansancio me puse manos a la obra. Para empezar me di la ansiada ducha de agua bien caliente que necesitaba. Pero quizás, no fue la mejor ida del mundo. Mi cuerpo dijo basta. No paraba de estornudar y me encontraba como si mi cabeza estuviera dentro de una burbuja. Amelie me tocó la frente y comentó que pensaba que tenía fiebre. Yo me encontraba suficientemente mal como para pensar que tenía razón. Me senté en el sofá y lo siguiente que recuerdo es a Amelie despertándome con un té que me había preparado. Estaba bastante jodido.

De visados y carreras

Era Lunes así que la consulado de China no abriría hasta el Miércoles, si no iba aquel día puede que se me complicasen las fechas de tramitación del visado con la fecha en la que tenia que salir de Kazajistán pero no tenía fuerza. El resto de día lo pasé arreglando los documentos tanto para la India como para China. Así al menos me aseguraría de que todo estaria listo para cuando tuviera que ir a tramitarlo. También estuve charlando con Bogdan y Amelie o dormitando en el sofá con ratos de lectura algo distraída. Necesitaba descansar… Mañana sería otro día.

El consulado Indio estaba abierto aquel día. Todo fue bien, aunque me hicieron esperar un par de horas porque el cónsul estaba reunido. Tramité el visado sin problemas y además me pude quedar mi pasaporte. El resto del día, visité la ciudad y por la noche fuimos todos a un pub irlandés a la noche de Quiz. Al día siguiente tocaba el consulado de China.

Esta vez si tuve algún problema que otro. Para empezar el taxista me llevó a la embajada de Kyrgyzstan, y yo que tenía localizada en el mapa la china más o menos por la misma zona, me bajé del coche ingenuamente. Cuando me di cuenta del error, empecé a preguntar a gente pero nadie me entendía. Pregunté a un taxista que tenía ya un pasajero. El hombre sentado en el copiloto hablaba ingles así que pregunto al taxista y me dijeron que subiese al coche.

El taxi puso rumbo en dirección totalmente opuesta a la que yo creía que estaba la embajada. Primero le dije que parase, luego grité que parase y en ninguna ocasión me hizo ni puto caso, solo me hacía señas y decía:

-Sit, sit, sit-

Sacó el móvil y pude ver como empezaba a buscar la dirección de la embajada. El coche ya se había alejado de donde me recogieron y negro de impotencia me recosté en el asiento a esperar. Total… no sabía donde estaba la embajada, así que pensé que no tenia remedio. Despachó al otro pasajero y puso rumbo a la embajada. Tenía el GPS del móvil encendido y pude ver como se dirigía a la misma zona en la que me había recogido pero dando un rodeo. Le enseñé el móvil para mostrarle que sabía lo que estaba haciendo. También le mostré el reloj e intente hacerle entender que me estaba haciendo perder el tiempo. comencé a impacientarme y a estar muy cabreado.

Llegamos al mismo sitio en el que me había recogido, se paró y me señaló la embajada de Kyrgyzstan para decirme que habíamos llegado. Le intenté hacer entender que esa no era, pero fue imposible. Furioso e impotente le pregunté:

-Skolka?- (¿Cuanto? En ruso)

El hombre alzó un dedo por lo que yo entendí que como me dejaba en el mismo sitio, el hombre estaba siendo honrado y me pedía 100 Tenge. Cualquier taxi en Almaty casi de cualquier lado a cualquier otro dentro de la ciudad cuesta 500 Tenge. Busqué en mi mochila y le di un billete de 100. Él meneo la cabeza y dijo alarmado -¡no no no!-. Sacó el móvil del bolsillo y tecleo el numero 1000. Mi primera reacción fue echarme a reír compulsivamente (como hago casi siempre que me intentan timar) y el hombre al ver que no paraba de reír, rió con migo. Deje de reír y de mi boca salio un cortante:

-¡NO!-

Estaba furioso así que a gritos le dije que me había llevado al mismo sitio y me había hecho perder mucho tiempo, y la embajada podía cerrar sin llegar a dejarme entrar por su culpa. Evidentemente no nos entendíamos, él gritaba y me decía 800, 700, 500. Pero después de un par de minutos vi la que la situación no iba a ningún lado, le tiré el billete de 100 al asiento del copiloto y bajé del coche. EL hombre bajó detrás de mi y me persiguió gritándome y zarandeándome el brazo una y otra vez. Me acerqué a un par de personas para preguntar, pero en vez de atender a mi pregunta miraban al hombre gritar.

El taxista era más alto que yo, delgado pero de aspecto nervudo, de unos 40 años diría yo. Me gritaba y yo le intentaba ignorar, incluso cuando me zarandeaba. A esas alturas yo estaba demasiado furioso y estresado por no llegar a tiempo a la embajada así que por un segundo perdí los nervios y le agarré de los brazos, le empujé contra una pared y gritando más que él, le dije que se marchara. Supongo que fueron insultos lo que vociferaba mientras se marchaba, pero se marchó. Conseguí la información correcta dentro de la embajada de Kyrgyzstan y llegué al consulado de China en 10 minutos andando. La cola era larga y ya era tarde, tenía pocas expectativas de que me diese tiempo aquel día.

Después de esperar un par de horas, ya fuera del horario de atención un montón de gente seguíamos a la cola. No me iría hasta que me echaran o me cerraran la puerta en las narices. Cuando casi toda esperanza de tramitar el visado aquel día estaba perdida empezaron a dejar pasar a todos los que quedábamos de una estacada. Entré el penúltimo y cerraron las puertas detrás mío. Los guardias me hacían preguntas en ruso y yo solo contestaba:

-Anyone speaks english!? …English!?… English?- Al final me llevaron con una funcionaria china que hablaba inglés.

El hecho de decir la verdad sobre a donde me dirigía supuso un problema. Mas tarde en mi viaje por China me enteraría de que jamás tienes que decir que vas a la provincia de Xinjiang. Dijeron que no me podían dar visado de turista porque entraba por tierra (mentira). Por supuesto me quejé argumente que mucha gente pasaba por tierra y tenían visado de turista así que no era verdad. Por suerte había escrito una carta con un mapa en el que dibujaba y explicaba mi ruta por el país. Leyeron la carta y miraron el mapa, hablaron en chino entre los dos funcionarios y la mujer me se dirigió a mi finalmente:

-Podemos darte visado de tránsito, solo 5 días-

-¿Y qué pasa si el tiempo se pone feo o hay algún problema en la carretera? (cosa en la autovia del Karakorum podía pasar perfectamente)- contesté

-Mmmhhh ok podemos darte 7 días-

Sin más remedio que aceptar lo dado tuve una sensación de puteo por tener solo 7 días pero a la vez de alivio por poder cruzar por tierra ya que era mi única opción posible.

A diferencia de la embajada de la India, los chinos no me dejaron quedarme con mi pasaporte.  Cuando pregunté cuando podría recoger el pasaporte con el visado vino el problema.

-El día 16 puedes venir a por el.

-Mmmh pero mi visado de Kazajistán termina el día 15 así que lo necesito antes-

-Lo siento no podemos ayudarte con eso, sólo es posible hacerlo para el día 16-

Por miedo a que se me liase la cosa no dije nada y dejé que se quedara mi pasaporte.

En mi cabeza pensé -Joooooder ya estamos otra vez como en Azerbaiyán– Salí de la embajada sin mi pasaporte y despacio caminé por la ciudad, aquel día estaba soleada y hacía un fresco agradable para el paseo. Mientras avanzaba por la moderna ciudad de Almaty bajo la mirada de las grandes montañas a mi izquierda, le daba vuelta a qué diablos iba a hacer. ¿Iría a inmigración como hice en Azerbaiyán? ¿Iría a la frontera y me haría el loco? total era solo por un día…o si no funcionaba ¿intentaría sobornar al guardia de la entrada? No se, todas las opciones eran posibles.

Dándole vueltas llegué a casa de Alex y allí estaba Amelie con el ordenador inmersa en su búsqueda de trabajo. Entré en la página web oficial de inmigración del gobierno kazajo y en foros de viajes buscando información. También pregunté a Alex por whatsapp, ya que estaba todavía en el trabajo. De la información oficial de la oficina de inmigración no conseguí sacar nada en claro. De los foros y de Alex, en cambio, la respuesta fue la misma. Si me pasaba aunque sólo fuese por una hora tendría grandes problemas. Y si intentaba sobornar a alguien daría con mi pellejo en el calabozo seguro, por lo que acabaría pegándolo mucho más caro al final.

En los foros se enumeraban casos de gente a la que les había pasado algo así. Supongo que depende de la suerte de uno que te pasara o no alguno de esos tremendos problemas. En cualquier caso, esta vez no me podía arriesgar. Mi solución pasaba por ir el Viernes a la embajada china y pedirles mi pasaporte de vuelta para salir a Kyrgyzstan y volver a entrar teniendo la esperanza de que aun así los chinos me siguieran tramitando el visado sin ponerme más problemas.

Aunque sin mucha esperanza, se me ocurrió llamar a la embajada de España en Astana. Resulta que su horario de atención es sólo de 9:00 a 10:00 de la mañana. Sólo los españoles podíamos ser tan vagos. Después de recibir esa información ya si que no tenía esperanza alguna de que mi país moviera un dedo por mi. Ese día salí un rato a ver otras partes de la ciudad y como todas las noches cené con la peculiar familia de couchsurfers que se había formado en casa de Alex. Tanto él como Amelie eran unos excelentes chefs.

Al día siguiente desperté para llamar a la embajada española. Aunque sólo fuera por agotar mis posibilidades merecía la pena intentarlo. Me atendió una mujer española muy amable y se mostró preocupada por mi situación. Insistió en que ni se me ocurriese intentar salir un día después bajo ningún concepto. Quedamos en que iban a estudiar que podía hacer y me llamarían a lo largo de la mañana. Me dio confianza así que pasé la mañana en casa atento al teléfono. Un par de horas mas tarde recibí la llamada de la misma señora. Se habían puesto en contacto con el consulado chino y habían presionado para que me diesen el visado antes. El día 14 podría ir a recogerlo. Le di mil gracias y me despedí.

Increíble, la embajada española me había sacado del atolladero. El Lunes 14 recogería mi visado chino, el martes 15 el indio y viajaría a Bishkek esa misma tarde. Todo cuadraba. Eso me dejaba 3 días libres y sin preocupaciones por Almaty. Por fin era momento de ir a esas montañas que desde el momento en que llegué a la ciudad me estaban guiñando un ojo (como diría un amigo mio).

En la montaña

El viernes hice la mochila con lo necesario para 3 días en la montaña. Mi intención era subir a Shimbulak , una estación de esquí, y andar 3 días yo solo hasta Big Almaty Lake. Miré algunos mapas y me pareció que era posible, además, pasaría relativamente cerca de la frontera con Kyrgyzstan en las montañas.

La primera jornada empezó en la ciudad, tratando de encontrar un bus que me llevara lo más arriba posible. Fue relativamente fácil, encontré uno que me dejó en la entrada del funicular de la estación de esquí, allí cogería el telecabina y otros dos  funiculares pequeños para llegar arriba del todo. Las vistas mientras subía eran estupendas, el tiempo acompañaba y bajo la luz del sol que iluminaba un cielo completamente azul, todos los colores de la montaña parecían más vivos.

Verdes, marrones y grisáceos predominaban hasta llegar arriba del todo, donde había escasa vegetación y la roca adquiría un color más rojizo. mas arriba aun, entre los picos más altos, los glaciares brillaban impolutos, blancos bajo el sol.

Caminé unas horas hasta encontrar una elevación fuera del camino, donde pensé que sería perfecto para acampar. Estaba cansado de cargar todo el peso. Exploré los alrededores en busca de agua y subí de nuevo la colina para prepararme algo de comer. Monté la tienda y me preparé para dormir allí. Hacía muchísimo frío, rondarían los 0 grados, o casi seguro que menos aún. Metido en el saco, apenas podía sacar un poco las manos para leer a la luz del frontal porque incluso con los guantes puestos se me congelaban los dedos. El cielo estaba despejado pero no había más que una insignificante luna, por lo que sobre mi tienda, la profunda oscuridad solo se veía perturbada por miles y millones de estrellas. Tenía el techo de la tienda abierto así que me quede dormido con la imagen de la noche oscura llena de puntitos de luz a través de la redecilla en el techo de mi humilde hogar de tela impermeable.

Durante la noche desperté varias veces por los estruendos de rocas cayendo por las diferentes laderas. Durante el día, esos sonidos parecen parte del paisaje pero durante el absoluto silencio nocturno son auténticas explosiones que asustan a cualquiera. En alguna ocasión las podía oír bastante cerca. Por suerte estaba bien colocado para que ninguna de aquellas balas de cañón rodantes pudiera alcanzarme.

A la mañana siguiente, con un frío que pela, desperté y preparé el desayuno. Las montañas siempre son un espectáculo al amanecer. Llamadme vago, pero no me apetecía volver a cargar la tienda, el saco, etc así que desistí de mi plan original de llegar a Big Almaty Lake y decidí explorar todo lo lejos que pudiera, pero volvería a mi campamento a dormir. Al tercer día empezaría la marcha de descenso al amanecer.

Aquel día anduve unas 5 horas de ascenso en dirección al lago y subí un paso algo difícil. No había camino y las piedras se deslizaban bajo mis pies provocando que cayeran ladera abajo a cada paso. Desde arriba se podía ver la ciudad de Almaty en su totalidad. La dimensión de la ciudad y los grandes edificios se veían insignificantes a lo lejos. Tomé algunas fotos y volví a mi campamento.

La segunda noche no fue tan buena como la primera. En mitad del frío nocturno tuve que salir a cerrar el techo de la tienda debido a la lluvia. Mi tienda es perfecta para viajar, pesa menos de un kilo y se monta y guarda con extrema facilidad pero en lo que a impermeabilidad se refiere no es que sea increíble.

Después de un rato, las paredes de la tienda empezaron a calarse con pequeñas gotas de agua. Al final aunque mojado, me quedé dormido igualmente ya que en realidad no tenía más remedio. Por la mañana noté que se me había mojado el saco y algunas cosas más pero nada serio. Un arco iris de poca intensidad cruzaba el cielo cuando me asomé por la rendija de la cremallera. Me incorporé y salí de la tienda para hacer una foto.

Fuera, me di cuenta que estaba todo cubierto de nubes por debajo de mi posición. Mientas desayunaba veía como la acumulación de nubes se hacía más grande, mas negra y mas intensa. Empezaba a estar cada vez mas alta hasta escalar hasta mi altitud.

Todavía eran las 6:00 de la mañana, pero el miedo a acabar calado hasta los huesos me convenció de que era momento de recoger y ponerse en marcha. Antes de las 7:00 ya estaba en camino. Tardé poco en llegar hasta los telesillas y desde allí ya fue cosa fácil hasta casa de Alex.

Rumbo a Kyrgyzstan

El día siguiente era Lunes 14 y tenía que recoger el visado chino. Esta vez, 30 minutos antes de que abrieran el consulado ya estaba firme esperando en la puerta. Abrieron tarde y nos hicieron esperar. Llego mi turno, recogí mi pasaporte y me largue de allí antes de que cambiasen de opinión.

El día 15 tenia que recoger el visado Indio. La hora de recogida de visados en el consulado Indio en Almaty es a las 15:30. Media hora antes yo ya estaba allí pero una vez más me hicieron esperar. Esta vez fue porque el cónsul quería hablar conmigo y no pudo atenderme hasta pasadas las 17:00. Después de toda la espera, me dio la sensacion de que también él tenía prisa por irse así que fue una conversación rápida, cargada de preguntas sobre mi viaje. Me pareció un tipo simpático que simplemente mostraba curiosidad más que evaluarme para darme el visado o no. Terminó la charla y me entregó mi pasaporte (que había entregado al llegar) con un visado de 6 meses y triple entrada además de una anotación en la que decía que entraría por tierra. Le di mil gracias y salí disparado a casa de Alex.

Era mi último día de estancia en Kazajistán y todavía tenía que llegar a la frontera antes de las 24:00 o tendría problemas. A las 19:00 tenia todo recogido para marchar pero como iba un poco justo de tiempo Alex se ofreció a llevarme a la estación de buses. El tráfico era muy intenso y tardamos en llegar. Mi nerviosismo iba en aumento y con razón porque ya no me daría tiempo a coger un marshrutka (los pequeños buses de los países ex soviéticos).

Fuimos directos a buscar un taxi. Estos esperan a llenarse y luego salen (cosa que comprendo) así que nos tocó convencer a uno para que saliese ya. Sin preámbulos le dije que le pagaba el doble por mi billete si salíamos de inmediato, el taxista aceptó sin pensárselo y nos fuimos con sólo dos pasajeros en el coche.

A las 23:30 aproximadamente me ponían mi sellito de salida de Kazajistán y pude respirar tranquilo. Para entrar en Kyrgyzstan solo tuve que saludar y me pusieron el sello. Jamás había pasado una frontera con tanta facilidad. Las siguientes 3-4 semanas las pasaría en este país de montañas y lagos. Estaba impaciente por saber que me depararía.

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