Perdón y Gracias Kyrgyzstan; rumbo a China

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Llegué a la estación de autobús de Bishkek pasadas las 20:00 de la noche. Mi intención era encontrar un marshrutka que me llevara a Osh. Sería un incomodísimo viaje de 10 horas de curvas, acelerones y frenazos entre las montañas de Kyrgyzstan. Decidí hacer el viaje de noche porque aunque seguro que las vistas eran bonitas, no me apetecía llegar de noche a mi destino.

Además, así ahorraba algo de dinero del alojamiento esa noche. La mayoría de extranjeros (por no decir todos) hacen este viaje en avión ya que no sale a más de 40 dólares y se hace 40 veces más cómodo, pero yo, fiel a mi proyecto y mi sueño de dar la vuelta al mundo sin coger ni un solo avión prefería un bonito e incomodo marshrutka.

¿Turista o terrorista?

En la estación me sucedió algo de lo que estoy bastante avergonzado y me hizo sentir un poco tonto.

Iba yo preguntando por la estación donde podía encontrar transporte para Osh cuando uno de los hombres al que pregunté me miró de arriba abajo con cara de pocos amigos y me pidió mi pasaporte. La pregunta me pilló de sopetón. El hombre no llevaba uniforme y estaba ahí de pie apoyado en la pared sin parecer que hiciera nada que me llevara a pensar que fuera policía o algo. Mi reacción fue inmediata.

-Passport? No! Why?-

-Police! Police!-

-Are you police? No man… you are no police-

Me enseñó un maltrecho carnet que por su aspecto podría ser el de la piscina municipal de su barrio o de cualquier otra chorrada. Ademas estaba en cirilíco y por supuesto no entendía nada. Me reí de él y me di la vuelta para marcharme. Él dijo algo en kyrgyzs que yo ignoré y seguí alejándome. El hombre dio un grito y dos tíos vestidos de uniforme salieron de una puerta. Me dieron el alto y rodeándome los 3 me pedían el pasaporte. Yo insistía en que me dirigía a Osh e intentaba que me dejaran en paz excusándome en que iba a perder el marshrutka.

Supongo que el pánico se apoderó de mi y ya me veía en una trampa. Fueran policías o no, no me fiaba un pelo de esa gente. No entendían nada de inglés así que medio por señas y medio en ruso me preguntaron si tenía billete. No tenía pero les dije que no necesitaba su ayuda y les di las gracias. Entonces uno de ellos me ordenó que entrara por la puerta de la que ellos habían salido, como diciéndome que conseguiría billete ahí. Aquello me hizo ponerme en guardia y sin contestar me di la vuelta y comencé a alejarme. Uno de ellos me agarró el brazo y tiró de mi. Yo pegué un tirón para liberarme pero él no me soltó. Para entonces ya estaba más que en guardia y agarré al tipo del cuello de la camisa y de un tirón lo tiré a suelo.

Aquel error fue el gatillo que hizo que los otros dos tíos se abalanzaran sobre mi e intentaran reducirme, he de decir que muy torpemente. Se armó jaleo, ellos gritaban y me intentaban llevar dentro de la puerta, yo tiraba de ellos y a la vez gritaba en inglés a la poca gente que había pidiendo ayuda. Algunos mirones observaban pero no hacían nada. Otros salieron por la puerta y uno de ellos se hecho mano a la pistola que le colgaba del cinturón. Al instante, dejé de forcejear, levante las manos y me quedé quieto.

-Ok! If you are police I can show you everything here in front of everyone!- Nadie me hacia ni caso.

No quería entrar por aquella puerta por nada del mundo. Nadie me entendía. Sin ningún cuidado me empujaron hasta la puerta y una vez dentro me condujeron a una sala sin ventanas donde sólo había una mesa. Me dejaron ahí para que me tranquilizara durante unos minutos y volvieron a entrar varios hombre uniformados. Logre tranquilizarme bastante. Por mi cabeza pasaban todas las situaciones posibles que me podía imaginar y el como resolverlas fríamente. Uno de aquellos hombres, que no estaba durante la escena anterior, hablaba algo de inglés.

-We police. Relax. You muslim? Terrorist? Bomb?- me decía mientras hacia un gesto para señalar mi barba.

-Terrorist? No! Turist!-

Me pidieron que abriera la mochila. Me revisaron todo lo que llevaba a conciencia, me cachearon y esta vez si les di el pasaporte y apuntaron mis datos. Después de estar más tranquilo y entender lo que estaba pasando empecé a sentir vergüenza. No paraba de disculparme, especialmente con el policía que había tirado al suelo. Por lo visto en Kyrgyzstan, como en muchos de los llamadosc»-stans» , arrastrados por la paranoia que IS produce al resto de países (musulmanes y no musulmanes) están muy preocupados por que el islamismo radical florezca entre su población y llevan un exagerado control. Por desgracia para mi en aquel momento la casualidad de que llevara la barba tan larga, las facciones de mi cara y mi comportamiento hizo que sospecharan de mi. Con todo aclarado, el registro terminó y me dejaron marchar.

-Osh?- Preguntó el policía al que había derribado.

-Yes-

Me hizo un gesto para que le siguiera y los dos salimos del cuarto. Me llevó al exterior de la estación directo a un monovolumen. Vika (la dueña del hostal en el que me quedaba en Bishkek) es originalmente de Osh y ha hecho ese trayecto muchas veces. Ella me dijo que el precio normal eran 1000 soms y que si lo encontraba por 1200 podía estar contento. El mismo policía preguntó el precio y el conductor dijo que eran 1000 soms. Supongo que gracias a él no tuve que regatear. Me despedí de él disculpándome una vez más, hasta le di un abrazo, y me fui con el conductor.

Todavía a día de hoy me siento estúpido por la desconfianza y el miedo que llevaba en el cuerpo aquel día. No quiero decir que no pasen cosas malas, y de hecho sigo pensando que es bueno estar siempre preparado y no pecar de inocente cuando uno viaja. Pero me da pena decirlo, me da pena que no pueda ir a Kyrgyzstan o a cualquier sitio y no pueda confiar en la gente. La realidad cuando viajas no es que no te puedas fiar de nadie…No. Al contrario. La realidad que he vivido en todos mis viajes, y este el que más, es que el 99% de las personas son buenas personas… personas normales como tú y como yo que intentan ayudar desinteresadamente en la mayoría de los casos. Sólo un escaso 1% representa un problema, lo malo es que a veces una sola mala experiencia puede salir demasiado cara como para permitírsela.

Así que una vez más en un mundo alucinante pero imperfecto, con sus gentes todas alucinantes pero imperfectas, pagan justos por pecadores. Nos cuesta confiar en los demás y aunque pensemos que no tenemos prejuicios a veces en momentos así, como el que viví aquel día, podemos ver la influencia del odio y la desconfianza que mamamos a través de nuestros televisores. Hay que viajar teniendo cuidado. Si, pero es una pena… habría que tender a abrir el corazón al mundo sin miedo alguno. Diría que la mejor manera tanto de ser precavido, saber como actuar y cuando podemos confiar en alguien, está precisamente en la acumulación de experiencias como esta. Todos hemos leído algún estúpido meme con una foto bonita en facebook que dicen cosas como “Viajar es la mejor cura contra la estupidez” por ejemplo. Pues bien… Es verdad. Ojala alguno de los paletos que veo todos los días en facebook poniendo gilipolleces acerca de lo malos que son los musulmanes, o los refugiados de Syria viajara un poco. Si viviera en el mundo real de todas esas gentes diferentes a él, puedo segurar que cambiaría totalmente su perspectiva del mundo. Y quizás el mundo cambiaría con ellos. Hace falta un ojo mas crítico y menos borrego. Reeducarnos en muchos aspectos y viajar lejos de lo que uno conoce y entiende es la manera mas directa y efectiva. Y me incluyo en esta reflexión.

Osh

Bueno, sigo con mi historia… Después de 10 horas de curvas, acelerones y frenazos, a las 6:00 de la mañana llegué al centro de Osh. La ciudad no es muy grande, caminé unos 20 minutos hasta mi hostal. Una vez hecho el check-in me eché una siesta para recuperar algo del sueño perdido la noche anterior.

Cuando me levanté fui a dar un paseo por la ciudad. Hacía calor y era domingo pero las calles estaban extrañamente llenas de gente. Dirigí mis pasos al famoso bazar de Osh que, en contra de lo que esperaba al haber visto tanta gente por la calle, estaba extrañamente vacío y más de la mitad de los puestos cerrados. Despues del largo paseo, comí algo y fui al hostal de nuevo.

Allí conocí un numeroso grupo de ciclistas que habían llegado desde Tajikistan, donde habían atravesado «The Pamir highway». Se dice que la carretera que cruza los Pamires es increíblemente hermosa e impactante por las grandes montañas que cruza, sólo superada por la «Karakoram highway». Esta vez, por desgracia, me perdería los Pamires pero el Karakorum me estaba esperando un poco más adelante en China y Pakistán.

Allí, hablando con ellos me enteré de que aquel día se celebraban las elecciones en Kyrgyzstan. Por eso la calle estaba tan transitada por la mañana y el bazar totalmente vacío. Por la tarde fui a cenar con Doron y Karin, una pareja de israelíes que conocí en Karakol. Eran muy simpáticos. Aunque se podría decir que Karin era incluso dulce cuando sonreia, el resto del tiempo era fría y cortante con Doron, que en respuesta no paraba de reírse. Aveces yo salía en defensa de Doron entre bromas, Karin se reía y se resignaba como si lo supiera pero no pudiera evitarlo.

Siempre que viajo me cruzo con algún que otro Israelí y siempre me pasa que me caen muy bien todos. En Kyrgyzstan me crucé con muchísimos y todos me cayeron bien también. Por lo visto, es un destino que esta de moda entre los que les gusta el trekk y la montaña. Todavía era pronto cuando empece a sentirme muy cansado. Aun me faltaba sueño por recuperar así que me despedí de fui a mi hostal directo a la cama.

Al día siguiente me desperté sin muchas ganas de quedarme en Osh. Pretendía quedarme un par de días más al menos pero no sé… Preferí marchar y estar cerca de la frontera con China lo antes posible. A medio día conseguí subirme a un bus que me llevaría hasta Sary-Tash, un pueblo que hay una intersección de carreteras que se dirigen a China o Tajikistan (a la carretera de los Pamires). Puesto que hay gran confluencia de viajeros que van o vienen de un país u otro, la mitad de las casas son hospedajes. Mi idea era llegar allí y quedarme unos días hasta que abrieran la frontera. ademas estando tan cerca podría conseguir información fiable.

Sary- Tash

Casi había terminado de oscurecer cuando, el autobús se paró en la intersección de dos carreteras donde hay una gasolinera.

-Sary-Tash!

Casi por encima de los demás pasajeros del abarrotado marshrutka saqué mis cosas y recogí mi mochila del también abarrotado maletero. Fui el único en bajar, todos los demás iban a Sary-Mogul, y el autobús se marchó dejándome ahí solo.

Al llegar no estaba muy preocupado por encontrar lugar donde dormir porque enseguida vi varios carteles que anunciaban una guest house u otra. Decidí andar un poco por la carretera y buscar algún hospedaje menos vistoso ya pensaba que la guest house mas obvia sería también la más cara.

En el porche de una casa a la derecha de la carretera un hombre me hacía señas para que me acercase. No hablaba nada de inglés así que poco pude preguntar. Entré en la casa y enfrente de un brasero me encontré un ciclista de origen suizo que por desgracia no recuerdo su nombre. El ciclista en cuestión, venía de de terminar la carretera de los pamires. Se dirigía a Osh y luego a Bishkek. El hecho de estar acompañado me sedujo enseguida y me quede allí sin siquiera preguntar el precio.

Aquel ciclista tenía un par de años más que yo. Al pobre hombre se le veía sucio y agotado, supongo que hacer en bici la ruta de los Pamires no es moco de pavo. Era el viajero con menos equipaje que he visto en mi vida, todo el peso que portaba (incluyendo bici) era poco más que mis 23 kilos de mochila.

Aquella noche, antes de dormir, compartí cena, una botella de vodka barato de Tajikistan y una conversación de esas que sólo dos viajeros que no se conocen de nada pueden compartir. Una conversación profunda hasta niveles con los que nos hubiera dado vergüenza llegar con un conocido pero no con un extraño que quizás jamás volveremos a ver.

Al día siguiente desperté bajo las tres pesadas mantas que me cubrían y le di los buenos días a mi compañero de habitación que ya estaba recogiendo las cosas para marcharse. Antes de que eso pasara entro la abuelilla en el salón donde dormíamos con una bandeja llena de huevos fritos, pan, mantequilla, yogur y una especie ensalada de pimientos y cebolla. Nos sentamos y charlamos un rato más mientras disfrutamos del abundante desayuno.

Una vez comidos y preparados para el día, nos despedimos en la puerta de la casita. Él puso rumbo norte hacia Osh y yo empecé a andar la solitaria carretera rumbo suroeste camino a Sary-Mogul. Mi intención era ver, aunque fuera de lejos, Lenin Peak (7134 metros de altitud), otro de los puntos más altos de Asia Central. La idea era hacer autoestop los 30 km que hay hasta el pueblo y volver de la misma manera antes de que oscureciese.

La misión fue muy fácil. Tardé algo más de una hora en conseguir que me recogieran, pero no por que no pararan los coches, si no porque no pasaban muy a menudo. La carretera esta desierta y las montañas de más de 6000 metros a un lado y más de 4000 metros al otro en un valle gigantesco que se extiende hasta donde la vista alcanza hacen que uno se sienta pequeño y abandonado, pero a la vez perdido y libre. Lejos de la vida real.

Por mi experiencia con el autoestop, lo bueno en este tipo de carreteras es que los pocos coches y camiones que pasan, paran casi todos. Una vez en Sary-Mogul atravesé el pueblo a pie y llegué a una pradera al borde de un río. Pregunté en el pueblo por la forma de llegar al campo base del Lenin peak, pero ni hablaban inglés ni parecían muy dispuestos a atenderme así que desistí.

En mi praderita, enfrente de la muralla de hielo que formaban las montañas en la que Lenin peak destacaba por encima de las demás, me preparé un mini picnic y me puse a leer. Me entró algo de modorra al sol de la mañana. Casi sin querer me quedé dormido y dejé pasar las horas mientras roncaba.

El valle en si, está a más de 3500 metros de altitud así que, ni el mismo Lenin peak causa la impresión que se merece con sus más de 7000 metros de altitud. Lo impresionante de este lugar es ver como una pared de montañas que separan Tajikistan y Kyrgyzstan se extienden enfrente tuyo y se pierden en el horizonte tanto por el este como por el oeste. Es como un muro natural que indiscutiblemente tiene que ser frontera o separación entre dos cosas.

Un rato después de despertar emprendí el viaje de regreso a Sary-Tash que resultó igual de sencillo que lo fue el viaje para llegar a Sary-Mogul por la mañana.

Aquel día era martes 6 de octubre y la frontera con China seguía cerrada por vacaciones hasta el Jueves 8. Dormiría un par de noches mas en la casita de Sary-Tash esperando a que abriese la frontera y el mismo día que eso pasara intentaría cruzar. Lo malo es que en aquel lugar de estáticos paisajes que parecen tan inmensos y te hacen sentir pequeño y aislado en la inmensidad, no hay mucho que hacer. Estando yo solo, mi tiempo se reducía a leer, hacer fotos, pasear por el pueblo y pensar mucho. A veces jugaba un rato con los dos nietos de la pareja de ancianos. Otras veces también ayudaba en lo que podía, y recogía excrementos de vaca secos para el fuego o hacía viajes hasta el arrollo del pueblo a por agua para la casa. También tuve tiempo de escribir alguna de las entradas para el blog y en general hacer planes para los siguientes días. Aquellos dos días pasaron muy lentos. La cena y el desayuno cada día llegaba a la misma hora y siempre era abundante y delicioso. Por aquellos días todavía andaba bastante contento de poder comer cordero cada día.

Rumbo a China

Me trataron muy bien así que a la hora de marchar pagué más dinero de lo acordado y después de la despedida salí con mi pesada mochila a la espalda para comenzar la jornada de autoestop hasta Irkeshtam, el paso fronterizo con la República Popular China.

Era el primer día que abrían la frontera en 10 días así que el tráfico de camiones chinos era, por lo visto, más intenso de lo normal. Esto quiere decir que en vez de un coche o camión cada 10 minutos, había un coche o camión cada 5 minutos. Los camioneros chinos no se paraban ni a mirarme por lo que esta vez me costó bastante más conseguir transporte para los 75 km que me separaban de China. Al final, me recogió una camión pequeño y viejo con el cristal rajado de lado a lado que cuando frenaba sonaba como si fuera a estallar. Transportaba carbón de una mina local en Sary-Mogul hasta Nura, el pueblo más cercano a la frontera, a menos de 5 km de Irkeshtam.

Cuando me apeé, una bandada de niños actuaron de comitiva y se echaron encima mía. Después de unas fotos y unas risas comencé a andar. Al poco rato me volvieron a coger, esta vez una familia en un viejo Lada a la que, en los 5 minutos que estuve en el coche, les dio tiempo a hacerme 100 preguntas por lo menos.

Salir de Kyrgyzstan fue tan fácil como entrar. Un saludo, pasaporte, sello y adiós muy buenas. De verdad que ese tema, al menos a día de hoy, Kyrgyzstan gana por goleada a todos los demás países en los que he estado.

Desde la salida hasta la entrada en China hay 9 km de lo que llaman “no man´s land” que nosotros diríamos “tierra de nadie”. Supongo que por que la entrada en China es un dolor para cualquiera, ningún camionero de los muchísimos que iban pasando quiso recogerme para no tener problemas extra a la hora de entrar, así que los 9 km acabé haciéndolos andando hasta la misma puerta de China con la pesada mochila a la espalda. Cansadísimo y con los hombros doloridos llegué a las puertas de la República Popular China y allí me dieron el alto una vez mas.

Por la cabeza se me pasaba todo el rato el hecho de que había llegado a China por tierra. Sonriendo y bromeando pregunté al guardia de las puertas.

-Hello, is it China here?-

La respuesta fue seca y sin un atisbo de alegría.

-You have to wait

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