Primeros pasos en Kyrgyzstan, tierra de montañas y lagos

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El día 15 de Septiembre a las 23:30 pongo un pie en Kyrgyzstan por primera vez. Aquel día, todavía no lo sabía pero este remoto y montañoso país de Asia Central se convertiría en una de las joyas mas preciadas del viaje.

Bishkek

Unos taxistas me abordaron al salir a del paso fronterizo. Era tarde así que no me compliqué la vida en buscar un marshrutka. Tenía un grupo de 6 taxistas alrededor. Cada uno me tiraba del brazo hacia su coche mientras absolutamente todos, daban precios disparatados. En realidad, no tenía ni idea de lo que podia costar allí un taxi, pero daba por hecho que me estaban intentando timar.

-Too expensive! Too expensive!

Ellos me aseguraban que era el precio normal, ninguno bajaba más que un poquito y tiraban de mi brazo para llevarme a su coche. Pero yo no cedía.

– Do you know Lonely Planet? Do you know internet? I know this price is too expensive-

Los que me entendieron se echaron a reír y en cuestión de un minuto el precio era menos de la mitad.

Monté en uno de los taxis y nos dirigimos al centro de la ciudad, donde yo había reservado una cama en un dormitorio en «The Hostel 23» (que no es que estén numerados los hostels en Bishkek, solo que se llama así). Aparcamos el taxi y buscamos el hostal a pie por donde yo había marcado en el mapa que debería estaba. La calle sin apenas iluminación daba un poco de mal rollo. Para colmo el hostal estaba en un piso de un edificio con la entrada al portal dentro de una urbanización cerrada por vallas. No fue fácil de encontrar.

El taxista no se separaba de mi. Me preguntaba que ¿donde iba a dormir si no lo encontraba?. Yo le daba las gracias y le decia que no se preocupase. Pero el parecía ciertamente preocupado e insistía en acompañarme. Era un buen tipo pero a la hora de leer el mapa me desayudaba más que me ayudaba el pobre hombre. Yo un poco por compromiso le seguía por donde él decía que era. Al final cansado de seguirlo tomé las riendas del asunto y lo encontramos al fin. Le pagué un poco más de lo acordado y se despidió de mi con un abrazo. Un buen tipo si…

Vika (por su puesto no se llama así, pero como su nombre real sería demasiado difícil de pronunciar para un occidental ese es el nombre que da a los extranjeros) fue quien me abrió la puerta. Una chica de 23 años, he de decir que muy guapa, que era la dueña del hostal. Muy amable intercambiamos una breve conversación y me llevó hasta el dormitorio para que eligiera una cama. Ahí conocí al que, conmigo, seria el único huésped del hostal aquella noche. Julio, un gallego de 26 años que había llegado hasta allí cruzando Rusia y Kazajistán.

Parecía que hasta que yo llegué, el hostal se preparaba para dormir pero por mi culpa hubo algo de revuelo. Los tres nos sentamos en la cocina a tomar un té y charlar un poco. La conversación fue la estándar entre viajeros. Preguntas y respuestas sobre ¿qué haces? ¿qué hacías? ¿por qué? ¿dónde has estado? ¿cuánto tiempo llevas viajando?. Y al cabo de un rato todos nos fuimos a a cama.

Al día siguiente, Julio y yo fuimos al parque natural de Ala-Archa a unos pocos kilómetros al sur de Bishkek. Allí por primera vez tuve oportunidad de ver los bonitos paisajes de Kyrgyzstan.

El segundo día se lo dediqué a la ciudad. Es una versión mas pequeña, vieja y descuidada de Almaty con muy poca cosa interesante la verdad, pero agradable para pasear. Tenía pensado estar allí entre 2 y 3 noches como máximo y partir a Karakol, pero el tercer día algo me sentó mal y estuve en la cama con fiebre y vomitando todo el día. Vika y Julio se portaron muy bien, ocuparon de mi si necesitaba algo y me ayudaron en lo que pudieron. Al final necesité un día más para recuperarme y partir.

En esos días hice mas amistad con Julio y le convencí para que viniese conmigo a Karakol. Y así fue como al sexto día, todavía débil por los problemas estomacales, puse rumbo junto a mi nuevo compañero de viaje a esta pequeña ciudad que está al extremo este del grandísimo lago Issy-kul.

Karakol

Después de unas 6 horas de incómodo viaje en marshrutka llegamos a nuestro destino. Hacía mucho frío y estaba nublado. Poca gente hablaba ingles pero por suerte Julio se defendía bastante bien en ruso. De casualidad conocimos a un español que pasaba por la calle. Se llamaba Miguel, aparentaba unos 30 y mucho o 40 años y tenía pintas de talibán convencido. Le escuché hablar inglés y reconocí el acento español, por eso le detuve para hablar con el. Nos contó que vivía en Peshawar, Pakistán desde hace 15 años y que viajaba por estos países por el negocio de las piedras preciosas. Era un tipo bien curioso y no sólo por su forma de vestir. Hablaba nervioso y miraba hacia los lados continuamente. Le preguntamos por un hostal o guest house y charlamos un poco con él, yo creo que por curiosidad más que nada. La conversación dio de si hasta que como el que no quiere la cosa hizo un comentario que nos convenció de que estaba un poco pirado.

-Yo ya tengo 88 años y no paro de viajar.

Julio y yo ni nos miramos, ni dijimos nada y creo que ni nos cambio la cara. Terminó lo que estaba diciendo y sin dar mas rienda a la charla di punto y final a esa conversación que cada vez tenia menos sentido lógico.

–Bueno Miguel, encantado, nos vamos a buscar un hostal. Cuídate.

Le estrechamos la mano a modo de despedida y salimos disparados en dirección contraria a la que iba él.

Tardamos un poco en encontrar un hostal del que nos hablaron unos turistas y además cuando llegamos resultó que estaba lleno. Muy amablemente nos llevaron a una casa que estaba a unos 10 minutos andando. La casa, hacía las veces de guest house cuando el otro lugar estaba lleno así que nos dejaron un buen precio. No estaba muy habilitada, básicamente donde nos quedaríamos consistía en una habitación grande con muchas camas donde sólo estábamos nosotros dos (por lo visto será una guess house operativa este invierno pero por aquel entonces todavía no estaba preparada).

En la casa vivía una familia. Madre, padre, los tres hijos y la abuela. Ellos eran los encargados de que no nos faltase de nada. Nos instalamos y fuimos al pueblo a comer y buscar información sobre los trekkings. De todos los que hay por la zona, el más conocido por la espectacularidad del paisaje es la visita a Ala-kul lake. El trekk tiene diferentes versiones de 3, 5, 7 e incluso más días. Nosotros optamos por hacer la versión de 3 días, que es la mas conocida y transitada.

Trekking a Ala-kul

Sin perder un solo día, la mañana siguiente nos levantamos temprano, desayunamos (yo no mucho y con cuidado porque mi estómago seguía tocado) y fuimos al centro del pueblo a comprar unas botas para Julio y comida suficiente para los 3 días de marcha.

De vuelta en el hostal, hicimos la mochila y cogimos un marshutka que nos dejaría tan dentro del valle como se pudiera. Serían sobre las 11:00 de la mañana cuando empezamos a andar. Entre equipo, agua y comida cargábamos aproximadamente unos 12 kilos cada uno, cosa que para mi era un lujo comparado con el peso que suelo llevar en la mochila.

Comenzamos la marcha tranquilos. Charlando y admirando el paisaje que cada vez se hacia mas impresionante. Sabíamos que en algún momento debíamos cruzar un puente y seguir caminando al otro lado del del río, así que así fue lo hicimos en el primer puente que vimos. ¡Error! Los 3 km siguientes hasta que volvimos a dar con el camino bueno, fueron a través de una maraña de árboles, ramas y terreno fangoso sin un camino propiamente marcado. Cuando salimos de allí tenia las botas llenas de fango y los calcetines mojados. Era molesto pero no supuso mas problema eso y que haber perdido algo de tiempo.

En la intersección del camino bueno, donde estaba el puente correcto, encontramos a Eyal y Liz dos viajeros que habíamos conocido en el pueblo el día anterior. Tenían intención de hacer la misma ruta que nosotros así que continuamos juntos.

Quedarían menos de un par de horas de luz cuando llegamos a la desviación donde comenzaba el durísimo acceso hasta el lago Ala-kul. Con intención de adelantar algo de camino para el día siguiente, ya que la jornada sería más dura que la de hoy, decidimos subir todo lo que pudiéramos hasta quedarnos sin luz. Así una hora y media después estábamos acampando en un claro que era suficientemente llano como para poner la tienda. En cuanto calló el sol, el frio se hizo con el valle sin piedad alguna. Con los dedos entumecidos, nos cambiamos las ropas sudadas y preparamos de algo cenar antes de ir a dormir. Julio y yo dormíamos en mi pequeña tienda y Liz y Eyal en la suya.

Fue una noche fría y mala. Llovió casi toda la noche y la tienda caló algo por dentro. Hacía frío y estábamos incómodos en el pequeño espacio que tiene mi tienda. Por la mañana los cuatro nos despertamos fríos, mojados y, Liz en especial con bastante mal humor que por suerte para nosotros sólo pago con Eyal. La francesa quería volver a toda costa y no estaba dispuesta a cambiar de opinión. Podía entenderlo, teníamos una grandísima subida por delante y si volvía a llover estaríamos bien jodidos a esa altura. Yo mismo estuve apunto de echarme atrás y volver por donde habíamos venido. El día anterior habíamos andado más de 7 horas y los paisajes que nos encontramos a lo largo del valle eran increíbles. Parecía mas que suficiente para un trekking, pero… ¿y si voy un poco más allá? Julio quería marchar también, pero Eyal quería seguir. Al final me convencí y seguí el camino con el israelí.

Nos despedimos de Julio y Liz sobre las 8:00 de la mañana. Una vez quedamos solos el ritmo cambio. Eyal era un un caminante rápido y constante. Yo hacia mi mejor esfuerzo pero era imposible seguir su ritmo así que le tocaba esperarme de cuando en cuando. Fueron unas 5 horas de subida, en las que tuvimos que parar incontables veces pero Eyal no me dejaba descansar más de 3 minutos excepto en un par de ocasiones. El cabrón decía que sería peor.

Como todo israelí, había hecho el servicio militar durante 3 años, pero ademas, había estado otros 2 sirviendo como profesional. Era un par de años más joven que yo, pero aunque en apariencia no lo parecía, ese tío tenia el cuerpo mucho mas curtido de lo que jamas yo lo había tenido. Por fin mi esfuerzo tuvo recompensa.

Sobre la 13:00 del medio día llegamos al lago Ala- Kul, a 3500 metros de altitud. En aquel momento pensé que la visión del lago azul entre las blancas montañas era, hasta la fecha, una de las estampas mas espectaculares y bellas que había visto en mi vida. Lo primero que aprecias es la quietud del lugar. La tranquilidad de las aguas bajo las montañas que las delimitan y el reflejo del intenso color azul del cielo, que predomina la totalidad de lo que a uno rodea, en el lago. No hay apenas vegetación así que las peladas montañas son una mezcla de colores grisáceos y pardos ademas de los relucientes neveros blancos al sol del medio día.

Allí preparamos algo de comer. Porridge con miel y frutos secos. Algo rápido y con mucha energía que nos permitiera seguir la marcha. Durante un buen rato permanecimos en silencio, disfrutando de aquella maravillosa estampa con apariencia de cuadro inmóvil.

El rato en el lago se empezó a hacer mas largo de lo que debería. Yo no quería irme y creo que Eyal tampoco, aunque él, más responsable que yo, se levantó y dijo:

-Voy a por agua y seguimos la marcha-

-¿Y si nos quedamos a dormir aquí?-

Esa opción ya la habíamos barajado pero al final la descartamos porque la temperatura por la noche allí arriba rondaba los -12 grados aquellos días. Deliberamos un rato sobre el tema y al final, debido a mi insistencia más que nada, decidimos quedarnos.

Resulto ser una decisión muy acertada. Apilamos una rocas en forma de U para que nos tapase el viento lo más que se pudiera y colocamos la tienda dentro con la entrada mirando al lago. Durante unas horas eramos los únicos allí pero poco antes de anochecer aparecieron una pareja de alemanes y poco después 2 chicas polacas. Nos juntamos todos dentro de nuestra tienda y charlamos todo lo que pudimos hasta que no aguantábamos el frío y la incomodidad. Quedamos en que a la mañana siguiente nos marcharíamos todos juntos. Buenas noches y a dormir bajo las estrellas a 3500 metros de altitud.

Hizo frío, mucho frío. El termómetro marcaba -10 cuando nos metimos en los sacos para dormir. Yo dormí bien… de vez en cuando me despertaba porque me entraba algo de frío por el cuello pero más bien poca cosa. Protegido en mi saco, el día llegó rápido. Por la mañana, sobre las 9:00 tanto Sarah y Pit (la pareja de alemanes) como nosotros teníamos todo recogido y listo para emprender la caminata hasta Altyr-Narasan. Las chicas polacas tuvieron mala noche, lo mas seguro por no estar acostumbradas a la altitud y decidieron salir mas tarde.

Para llegar hasta el pueblo tendríamos que bordear el lago, subir el paso de montaña que esta a 3800 metros de altitud en el extremo oeste del mismo y por ultimo bajar hasta el valle en el que se encontraba el pueblo.

La subida fue dura, aunque no tanto como la del día anterior. Una vez arriba, en lo alto del paso, las visión del lago era espectacular. Podíamos ver varios picos por encima de los 5000 hacia el sur que se alzaban por encima del Ala-kul. Al este se apreciaban a ratos dos de los puntos mas altos de Asia central ya en la frontera con China; el Pobeda (7345 m) y el Khan Tengri (7010 m).

Al norte nos esperaba el valle al que habíamos de bajar. El descenso por la nieve que cubría la cara norte del paso fue peor de lo que imaginé. Me entró nieve hasta en a ropa interior. Aún así todo fue bastante fácil en general porque ya sólo quedaba bajar.

Tardamos una 6 o 7 horas en llegar hasta el pueblo. Allí nos bañamos en aguas termales y cenamos en una de las casitas que ofrecían hospedaje. Pusimos la tienda en el jardín de la casa para no tener que pagar habitación. Aquella noche descansamos limpios y con el estomago lleno.

Contentos por la caminata que nos habíamos pegado pero también contentos de acabarla, el día siguiente fue simplemente un prologando descenso gradual de 6 horas hasta el pueblo donde cogeríamos un marshrutka de vuelta a Karakol. Resulta que los descensos se me dan mejor que los ascensos y esta vez nadie ralentizaba a los demás. El paseo fue un poco acelerado, seguramente por las ganas que teníamos todos de darnos una ducha y dormir en una cama sin pasar frío. Fueron cuatro días extraordinarios. Guardaré el resto de mi vida el recuerdo de Ala-Kul como uno de los lugares más bonitos en los que he estado nunca.

Descanso en Karakol

Una vez en Karakol volví a la casa de la familia donde había dejado el resto de mis cosas. Fue como volver a casa. Julio había vuelto a Bishkek así que estaba sólo de nuevo. Los siguientes tres días me los pasé intentando recuperarme de la paliza. Durmiendo, comiendo, bebiendo mucha agua y leyendo mayormente. Esos días acabé de leer el ultimo libro de Juego de Tronos. Espero que se publique otro pronto, no me gustaría terminar la historia viendo la serie de televisión.

También aproveché el aislamiento para escribir y actualizar un poco el blog. Cuando me aburría salía a dar una vuelta por el pueblo, aunque esos días llovió e hizo bastante frío así que a veces me quedaba en casa jugando con los niños. Me enseñaban los juguetes, las películas y un par de veces los deberes jajaj. Aprendí a chapurrear alguna frase útil en ruso y sobretodo escuché un montón de música kyrgyzs y rusa esos días. No se podía pedir mas.

Llegaba el momento de marchar. Mi intención era visitar el lago Son-kul cerca de Kochkor. Hablando con Julio por Facebook me comentó que él iría también con un chico Japonés que había conocido en el hostal. Fue una buena noticia. Hicimos planes y quedamos en encontrarnos en la ciudad. El día 28 de septiembre, ya con mejor cuerpo gracias al descanso y los cuidados de la familia Kyrgyzs de Karakol, me despedí del lugar, de sus montañas y sus gentes y tomé un marshrutka hacia mi siguiente destino. El lago Son-Kul.

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