Síndrome de Estocolmo en Baku

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El tren a Baku salía a las 4:00 de la tarde del domingo desde la estación central de Tblisi y llegaría a su destino a las 7 de la mañana del lunes. Yo tenia un asiento/cama en tercera clase.El vagón era bastante ancho, sin separaciones entre compartimentos. Todos dormiríamos en una gran habitación alargada.

El tren de Tblisi a Baku

Los asientos estaban distribuidos de manera que cuatro personas nos quedábamos unos enfrente de otros. al otro lado del pasillo 2 asientos individuales mas se enfrentaban entre si. Así, cada «habitáculo» (aunque sin cerrar) formaba un grupo de 6 personas que durante el trayecto hacían vida en común.

Mi asiento era uno de los cuatro en el lado derecho del pasillo (cosa que luego daría igual ya que cada uno se sentaba donde pillaba) a mi izquierda tenia una señora de unos 60 años y enfrente de ésta, una chica joven con su bebé en brazos. Se podría decir que se parecían físicamente así que inmediatamente asumí que eran madre e hija. Ambas entradas en carnes y además las dos vestían de negro (durante el viaje me enteraría de que estaban de luto por el fallecimiento del padre del niño). Enfrente de mi, un hombre de nacionalidad china que viajaba con un gran grupo que estaba sentados en el siguiente cubículo, así que durante el trayecto estuvo más allí que con nosotros.

Por suerte para mi, en los dos asientos del otro lado del pasillo se sentaban Emilya y su sobrino. Emilya, nacida y crecida en Baku, hablaba inglés bastante bien y me asistió durante todo el viaje cada vez que necesité de alguna traducción. De hecho la primera vez que necesité su asistencia fue una situación bastante graciosa. Nada más subir al tren, Las dos mujeres enfrente mio empezaron a preguntar algo y yo les contestaba en inglés diciéndolas que no hablaba ruso. Emilya se empezó a reír y habló con ellas en ruso. Se empezaron a reír y ella me dijo, en inglés, que se estaban preguntando por qué no les contestaba, dando por hecho que era azarí y sabría hablar azarí o ruso. Comenté que mi padre era iraní y mi madre española. Cuando ella lo tradujo un largo.

-¡Aaahhhhh!- Y entre risas las dudas se disiparon.

-Por eso pareces Azarí- dijo una de ellas y Emilya lo tradujo.

Por lo visto las risas se debían a que se estaban preguntando si yo era tonto ¿o que? porque no las entendía.

Ahora que tenia un traductor, madre e hija, no vacilaron en avasallarme a preguntas.

-¿Estás casado? ¿Por qué no? ¿Cuantos años tienes? ¿Qué haces en Georgia? ¿Porque vas a Azerbaiyán?-

Esas preguntas, supuse, eran de lo más normal pero luego empezaron mas risas. Me cogían las rastas y con cara de entre asombro, un poco de asco continuaban las preguntas

-¿Qué es esto? ¿ Para que lo llevas? ¿Y lo de las orejas? Pareces una chica-

El habitáculo del tren era testigo de un continuo marujeo. A veces hablaban con Emilya directamente haciéndole preguntas sobre mi, pero yo ni siquiera estaba en la conversación. Pasaban totalmente de mi y yo me quedaba sujetando al niño intentando descifrar algo.De vez en cuando la traductora me preguntaba sobre algún tema para asegurarse de su respuesta y seguía hablando con ellas un rato bastante más largo de lo que mi escueta contestación podía dar de si. El viaje fue divertido y gracias a mi traductora, mucho más sencillo. Dormí bien en mi litera encima de los asientos y por la mañana llegamos a Baku.

Ya que por culpa de mi torpeza al fiarme de los funcionarios en la embajada de Azerbaiyán en Tbilisi, solo tenia 5 días en la ciudad. Mis planes al llegar estaban bien claros. Primero iría a la embajada de Uzbekistán y tramitaría el visado, el cual esperaba que no tardase mas de 3 días, como había leído en Internet, y después me iría al puerto a comprar el billete de barco para cruzar el Mar Caspio hasta Kazajistan.

Llegando a Baku

Para mi desgracia, fue un día nefasto e improductivo totalmente. En la embajada, un hombre viejo, lento, realmente ineficiente y medio estúpido se tiró una hora para atenderme. Siendo yo el único solicitante. El sólo se sentaba en su silla detrás de la ventanilla y pasaba unos papeles de un lado a otro de la mesa cuando terminaba de leerlos. Mientras, yo esperaba pacientemente.Cuando me dirigí a el muy educadamente para ver si me podía atender el me decía en un tono seco y poco amigable que por favor esperara. Yo me impacientaba y aunque sonreía, por dentro me cagaba en su madre. Cuando se decidió a atenderme, me comunico que no se podía tramitar e visado en tres días. Pero que si pagaba 115 dolares podía solicitar el visado urgente y posiblemente lo tendría en esos tres días. Me parecía que me estaban robando pero sin decir ni una palabra de queja accedí. Eso si, no pagaría hasta no tener la confirmación de que el visado había llegado. Porque cuando pregunté que si seguro llegaría a tiempo, el hombre no supo darme una respuesta

Las cosas no mejoraron en el puerto. Lo único que me pudieron decir fue :

-Not today- Pregunté cuando salía el próximo ferry y la respuesta de nuevo fue la misma

-Not today- Así que comprendí que no era cuestión de comprar un billete para un día en concreto si no que había que adquirirlo el mismo día si es que el ferry salía ese día. Con los ánimos un poco flojos por la incertidumbre y lo que me jodió gastarme 30 euros de taxi para ir de un sitio a otro rápido y que no hubiese sido para nada fructífero, me fui al hostal más barato de la ciudad, que también era caro. La conclusión de la mañana fue que esto era un caos que no me ayudaba para nada y que tendría que resolver con extrema rapidez. Mientras tanto, tendría tiempo de ver la ciudad.

Baku es una ciudad de edificios altos y nuevos. Calles anchas y concurridas llenas de gentes variadas. Lo primero en lo que te fijas recién aterrizado en la ciudad es en el lujo en sus calles, la cantidad de coches de gama alta y la gente vestida con ropas de marcas caras. Al principio no me gustó, y pensé lo propio

-¡Petrodollares! Estos tíos quieren ser una especie de Dubai de Asia central-

Ya me habían avisado, pero no pensé que fuera tan evidente. El primer atardecer que viví en Baku me llegó en el paseo marítimo y me quede hasta que oscureció del todo. De repente la ciudad me pareció preciosa, primero la luz del atardecer sobre el Caspio y más tarde cuando terminó de oscurecer, las propias luces de los edificios de la ciudad. Realmente es un derroche, pero da lugar a un paisaje muy bonito. A partir de aquel día bajé casi todas las noches a ver aquel espectáculo de luces. Las gentes eran de apariencia muy parecida a los turcos y los iraníes pero de vez en cuando se notaba la sangre rusa aquí allá dejándose ver sobre todo en ojos verdes y azules que destacan en la tez oscura de esta gente. Una mezcla que me pareció asombrosamente bella.

Visité los volcanes de barro y las pinturas rupestres a las afueras de la ciudad. La verdad no eran nada del otro mundo pero fue divertida la travesía en taxi (un viejo Lada), por caminos de tierra desde la parada de autobús hasta los propios volcanes, que el viejo taxista hacía como si estuviera de rally con música local a todo trapo.

Para mi sorpresa, al llegar a las pinturas rupestres, las rocas en las que estaban plasmadas era una zona que si fuera posible escalar sería un auténtico paraíso para hacer Boulder. Pero por lo visto están protegidas y esta prohibido hasta tocarlas.

Saliendo de Baku

Durante los siguientes días visité todo lo que se podía visitar en la ciudad mientras intentaba desenmarañar como diablos iba a salir del país a tiempo con el visado de Uzbekistán en mano. Tontamente, dejé que el visado expirara por un día, pensando que no pasaría nada. Aquel mismo día había un barco así que hice la mochila y me fui al puerto. A esas alturas ya había aceptado que no iría a Uzbekistán por que después de haber llamado mil veces cuando se supone que mi visado estaría listo, aquel viejo huraño cada vez que llamaba otra vez para saber sobre el estado de mi solicitud, me decía que no llamara más. Menos mal que no pagué antes de la confirmación si no hubiera sido dinero perdido.

Mi sorpresa fue que cuando llegué al puerto me dijeron que el barco se había ido ya.

-Pero me dijisteis que salia a las 16:00 y es la 13:00-

La contestación fue simple:

-Ya… pero se ha ido antes- Muy bien, ahora si que me encontraba en un problema.

Fui de nuevo al hostal a dejar la mochila y sin perder un segundo cogí un taxi a la oficina de inmigración. Una vez allí y despues de un rato intentando hacerme entender, me dijeron que o pagaba 300 dolares y me tendrían que deportar a España. Creo que me puse blanco del susto.

-No- Sin pensar dos veces en lo que estaba diciendo, la palabra salio de mi boca de manera espontanea.

Yo quería salir del país por mi propio pie y pagar mi billete pero no era mi culpa que el barco no hubiera salido. Me costó un par de horas de discusiones y esperas hasta que al final accedimos las dos partes a firmar un acuerdo (mas bien se podría decir que por fin desistieron de pagarme dinero y me dieron una opción factible). En en documento, se decía que debía abandonar el país en 5 días sin falta, y que no podría volver a pisar suelo Azarí durante un año. O eso me dijeron, por que el documento estaba escrito en azarí en su totalidad. Se me ocurrió preguntar si podía pedir una traducción oficial antes de firmar. Al ver la cara que puso el militar que me estaba entregando el papel no me lo pensé dos veces mas. De buena gana firmé y salí de allí corriendo antes de cambiase de opinión.

Ya más tranquilo y con el ya ineludible destino de no visitar Uzbekistán más que aceptado, me dediqué a seguir disfrutando de Baku sin preocuparme demasiado por lo que ya no podía solucionar. Me dolía cada día que pasaba allí porque es una ciudad bastante cara, y además no tenia mucho tiempo que perder. Después de la experiencia con el visado de Uzbekistán andaba asustado por si el visado de India y sobretodo el de China se me complicaban de la misma manera. Quería salir de allí y llegar a Almaty para terminar los asuntos burocráticos cuanto antes. Aun así, he de decir que reconozco que la ciudad me acabó gustando mucho.

Un día mientras deambulaba por la ciudad tuve la suerte de conocer a un grupo de azaríes que estaban enseñando el lugar a una amiga georgiana. Cuando comenté que no había probado la comida típica de Azerbaiyán me llevaron inmediatamente a un restaurante y me invitaron a todo, ni aún insistiendo me dejaron pagar un solo Manat (la moneda de Azerbaiyán).

Además conocí buena gente en el Caspian Hostel. Compartí las visitas de algunos de los lugares con una pareja encantadora, él alemán y ella aunque originalmente de Azerbaiyán, había crecido en Alemania. Enriko y Fidan sabían siempre exactamente donde y como ir así que juntarse con ellos fue siempre una buena idea. Karl es un tío australiano que a sus 51 años lleva viajando 1 y pico en su moto. Me pareció una persona increíble, con muchas historias que contar y una actitud envidiable. Ojalá a los 51 yo esté la mitad de bien y tan en forma como él. Luego estaba el pobre Marvin que llevaba mas 2 meses en Baku intentando conseguir visado para Ucrania. Original de Sierra leona el pobre no tenía más remedio que pasarse los días esperando allí sin hacer mucho que se diga. En resumen Baku fue un dolor de cabeza, una patada para mi bolsillo y aun con todo… un recuerdo especial en este viaje.

El lunes 31 de agosto conseguí subirme al dichoso barco con dirección a Aktau en Kazajistan y dejar Azerbaiyán sin más problemas. Tenia inmensas gana de salir de allí, cruzar el Caspio y ver que había al otro lado, pero a una parte de mi le dio pena dejar Baku.

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